| |
Los impuestos como detonante
Al parecer, el gobierno no aprende. Hoy las últimas encuestas reflejan la aprobación presidencial casi como un error estadístico. Tan igual como la desacertada campaña estatal contra la hoja de coca, 9 de cada 10 peruanos no cree en su presidente.
Mejorar su posición en la encuestas (sostener la “gobernabilidad”, dicen ellos) a costa de los bolsillos de los contribuyentes parece ser la norma. No importa si las encuestas o la opinión pública se muestran contrarios a las acciones del gobierno. Lo importante es recaudar sea como sea, sin importar lo que irrogue a los contribuyentes.
Un límite imprevisto
Jamás pensó el gobierno llegar a estos extremos. Aplicar nuevos impuestos con la opinión pública en contra no estaba en los planes de nadie, menos en los del presidente Toledo. Como se ve que llego por accidente a donde esta.
Esforzarse por llegar al 2006 es todo lo que pretende el presidente Toledo. Quiere pasar a la historia como el presidente post dictadura y defensor de la democracia; a expensas, como siempre de los que producen crean e innovan: los que pagamos impuestos.
Raro cóctel
Gracias al despilfarro de este gobierno, a las leyes con nombre propio y a brindar las entidades estatales como agencia de empleos, generando enormes agujeros en las cuentas fiscales, al gobierno lo que queda otra opción: elevar los ingresos de una u otra forma, no importa si es con nuevos impuestos.
La desesperación por obtener ingresos ha llegado a tal punto, que crear nuevos impuestos puede ser la justificación que muchos estaban esperando. El componente explosivo que muchos que dicen defender la democracia, en la fecha límite, se atreven a encender.
Azuzar la agitación de los gremios laborales, cocaleros, transportistas y sindicales no combinan bien junto a la cara larga de los empresarios. Exprimir a unos para extenderles la mano salvadora del estado a otros puede ser el detonante que acabe con la “gobernabilidad”. Es que la solidaridad compulsiva nunca funciona, a pesar de las buenas intenciones de sus promotores.
Difícil será poder amainar la presión de tanto alzado que espera algo del estado. Aunque la fórmula para aplacar estas calenturas ya es harto conocida: menos impuestos significa más gente con dinero en sus bolsillos, y con ello más prosperidad. Aunque esta fórmula parece que no prosperará.
Ya a estas alturas, no queda grupo identificado o por integrarse que no tengo un pliego de reclamos para el gobierno. Sólo falta ver a los banqueros tomar las calles de Lima, la SBS, el BCR y el congreso presentando su propio pliego. Todos le reclaman al presidente Toledo su falta de sensatez y su incapacidad para gobernar sin un norte definido (Hay que reconocer también que domeñar tanto chúcaro es tarea complicada)
Sorpresas de última hora
Es práctica gubernamental, en los inicios de todo gobierno, implementar reformas de carácter tributario para la buena marcha del mismo, aprovechando sus primeros días de complacencia con la opinión pública; por el contrario, es incoherente, aplicar las mismas reformas cuando la misma esta en contra.
Esta suerte de “fiebre tributaria” no sólo es inconstitucional y anti técnica, sino que pone en riesgo la estabilidad del gobierno. Y lo más escandaloso es que los contribuyentes, ni siquiera saben a dónde ira a parar todo ese dinero. |