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COMPETENCIA ENTRE GOBIERNOS?

Ufanándose con toda la pompa que el Estado facilita, nuestro gobierno ha emprendido el camino mercantilista del TLC (Tratado de Libre Comercio). Todos los empresarios han cerrado fila frente a esta oportunidad, pero ellos no tienen la culpa.

Rescatemos al mercado

Imagine cuan beneficiosa puede ser la apertura comercial sin gobiernos de por medio. ¿Acaso necesitamos de la “sabiduría” de nuestros gobernantes para saber que desean nuestros consumidores? ¿Puede el gobierno coaccionarlo para impedir que compre lo que desee aquí o allá? ¿Todos aquellos que viven del comercio informal –la gran mayoría de los peruanos que figuran en las estadísticas oficiales como desempleados–preguntan al gobierno que se puede vender o no en las calles?

Odian el mercado

¿Sabe el gobierno cuanto dinero pierde a causa del libre comercio? En puridad, todo. Nadie que se rija bajo la noción de competencia o mercados abiertos desea toparse con el estado en sus negocios. Reconoce de lejos que sólo en gastos incurre cada vez que se encuentra en su camino que este justiciero con ropajes de atracador.

Imponiendo con rigor su autoridad, el gobierno se la emprende contra todo aquello que no pase por sus estamentos. Desea controlarlo todo. Ahora, con el TLC pretende controlar el comercio libre entre los pueblos. Ya controla la emisión de dinero, la educación pública, la prensa oficial, el sistema de salud, la fuerza pública y quiere más.

Dadas las circunstancias es difícil ignorar el grado de control que tiene el gobierno sobre la vida de las personas. Por eso no es de extrañar que cada vez más nos asfixien con nuevas y más nocivas regulaciones. El gobierno–y cualquier gobierno en ele mundo–sabe que su modo de vida depende del grado de control que tenga sobre sus ciudadanos y cuan peligroso es que ellas mismas piensen por su propia cuenta.

Admiran sin crisparse la fuerza de la autoridad y odian sin ocultarlo al mercado. Descubrieron que tomando control de ciertos estamentos pueden hacerse de la dirección de todo el sistema. Elucubran, todos los días y a toda hora nuevas y mejores formas de controlarnos. Crean nuevos impuestos (ITF, IES; ISC, etc.) o aumentan sus oficinas públicas–entiéndase ministerios– para los mismo.

Descubrieron también, que para que el sistema les proporcione un control permanente necesitan de ciertos agentes que les faciliten el trabajo. Aprendieron muy rápido que la presión debe ser constante y necesitan de una continua renovación de sus mandos parta no perder el control, y así de repente surgieron los partidos políticos.

Barajando el poder

Exaltados con lo fácil que les va en esta aventura por el control, los partidos políticos son meros instrumentos del poder gubernamental. Sólo cambian la camiseta pero en puridad apetecen lo mismo. Desean poder y el gobierno–cualquier gobierno en el mundo–se los da. No quieren al mercado y su orden espontáneo les aterra, los deja sin rumbo y de paso en la calle.

Los colocaría en el lugar del cual nunca debieron salir. Ocupando un palco suite en la mediocridad y la incompetencia. Están seguros en el gobierno y ajenos al mercado tienen todo bajo control. No necesitan pensar más para sobresalir, no lo necesitan. Viven mirando para adentro.

Lío ajeno

Acaso no se equivoco alguna vez cuando pensó que el gobierno no tenía remedio. Si lo tiene, hay que desmantelarlo. No insistamos en el error, 2 + 2 no son 5. La lógica y la naturaleza son sabias. Coincido con Jorge Luis Borges de nuevo y creo como él, “que con el tiempo merecemos que no haya gobiernos”.

CÉSAR GIRÓN ATOCHE

desbordecapital@hotmail.com

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