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Generosidad estatal

Las últimas cifras a la mano, sobre impuestos resultan algo paradójicas. A decir de la Sunat, se ha registrado un incremento del 11% en la recaudación en comparación con el 2002.

A pesar de sus esfuerzos por exprimir a los mismos de siempre, esta mejora sólo refleja que en materia de impuestos estamos retrocediendo. Aquí la noticia feliz debía concentrarse en que la recaudación ha caído, más no que esta se ha incrementado: menos cobro de impuestos significa más personas con dinero en sus bolsillos.

Dedicada a cobrar, la capacidad de expoliación de la Sunat es peligrosa. Su misión es recaudar, pero la del gobierno debe ser disminuir sus gastos. No al revés: esto significa más pobreza, desempleo y miseria.

¿Y de dónde sale el dinero?
Siempre del mismo lugar: los que producen. Desde el que humildemente vende limones en un semáforo de cualquier calle de Lima, hasta el más conspicuo de sus atribulados conductores que por ella transitan.

Estamos avanzando....
Se asume por costumbre que los impuestos son un requerimiento básico para el normal desenvolvimiento de Estado. Pero también debemos asumir que estos deben disminuir conforme la administración publica deriva hacia los privados funciones que no puede cumplir.

Tomando como ejemplo, el crecimiento en más del 11% de la recaudación con respecto al año 2002, la Sunat ha ostentado poca fortuna. Si queremos equilibrar las cosas, la Sunat también nos debe mostrar en cuanto ha decrecido el gasto del Estado en este último año.

A estas alturas, la administración del presidente Toledo, no puede mostrar esta cifra. Su vocación por el despilfarro, las leyes con nombre propio y la deuda que tiene con sus propios partidarios (que se pagan con empleos en el gobierno) desfiguran los méritos de la Sunat. Es una muestra de como la mano derecha no sabe lo que quiere la mano izquierda.

Motivados por aparecer siempre en la foto, nuestros políticos reflejan algo que ya se reconoce de lejos: desesperación. Este gobierno no tiene nada que mostrar. Por ejemplo, la supuesta estabilidad macroeconómica no es obra suya. Es una lección aprendida de la década pasada, y que para ser sensatos, si no la hubieran seguido, las cosas estarían aún peor.

Ungidos como paladines de la democracia y el consenso, los políticos de turno no saben como defender sus puestos de trabajo. Luis Solari, por ejemplo, presidente de la comisión de Economía del Congreso, recibirá al ministro de Economía Jaime Quijandría para que explique como se gastaron este 11% de incremento en la recaudación obtenida el 2003. Pura demagogia, como si no supieran donde ha ido a parar ese dinero. ¿A quién quieren engañar? A los contribuyentes

Y la reforma del estado
Buscando capear el temporal, nuestros políticos nos quieren engañar una vez más. El ministro Quijandría sostuvo en declaraciones pasadas que el incremento en la recaudación de la Sunat no iría a gasto corriente (y entonces a donde se fue el dinero para los policias, los profesores y los docentes universitarios).

Ojalá me equivoque, pero este fue el ministro que deslizó la idea que la reforma del estado era improcedente en estas circunstancias. Buscando tirar la toalla antes de tiempo, el ministro Quijandría quiso tapar el sol con un dedo. Vaya ministro.

Nunca es tarde
Imitemos a Colombia, que implementando la “muerte política” para los corruptos abre un espacio para que nuestros políticos pisen con cuidado y moderen su lenguaje cuando de la cosa pública se trata.

Terminemos con tanta paseo, como el Acuerdo Nacional, las candidaturas prematuras de políticos congelados en la prehistoria, los comunistas o la repotenciación de los helicópteros para las fuerzas armadas y policiales. Si ayer se cayó uno de estos aparatos, estarán esperando que encalle un buque para recién fijarse en ello.

Acaso, tiene que ocurrir una tragedia para que los políticos descubran que pisan sobre mojado. Imaginemos que de la noche a la mañana los contribuyentes deciden no darle un sol más a la Sunat. Allí recién empezarán a discutir sobre como ampliar la base tributaria.

     

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