Huelga de hambre por dinero
En 1988, año en que se frustro la explotación, de esa inmensa fuente de energía llamada Camisea, algunos políticos de confusa orientación socialista se opusieron tenazmente. No es casualidad, que detrás de cada ejemplo de desarrollo y bienestar para las naciones exista un político de izquierda torpedeando el progreso.
Las cifras no engañan
La evolución, por ejemplo, de un indicador indiscutible de crecimiento económico como el PBI per cápita no miente. Desde los años 1905 hasta 1973 este indicador no paraba de crecer. Y desde estos años, tras la dictadura de Velazco y los sucesivos gobiernos “democráticos” hasta la actualidad, este indicador ha fluctuado sin un rumbo definido.
En la actualidad, estas cifras en términos reales nos muestran un atraso innegable. El PBI per cápita del año 2002 es casi el mismo de 1972: tenemos el mismo nivel de ingreso por persona que hace 30 años. Hemos perdido casi dos generaciones de peruanos, y gracias a quien: a la demagogia fría y calculadora de los políticos en general, y de los de izquierda en particular.
Zorros al asecho
Ahora, los socialistas, se las han emprendido contra las empresas mineras. Ayer su lucha fue contra la pobreza y la marginación, ahora eso ya no esta de moda. La moda es la biodiversidad y los problemas ambientales, y cuando no, el civilización en general.
Notificados sobre el hecho, hoy uno de sus más tozudos promotores ha montado en cólera. Amenazando a sabe dios quien, convoca a los medios de comunicación para informarles que ha entrado en pánico porque el congreso esta bloqueando por todos los medios el debate en torno a las regalías mineras.
Anclado en los ochenta, este promotor de la barbarie y el desorden (Javier Diez Canseco), de las prebendas estatales, el medio pasaje universitario y de la nueva infiltración socialista en las universidades nacionales le dado una pataleta: quiere ir a una huelga de hambre si no le hacen caso. Que nivel.
Todo por dinero
Unos días antes, el 24 de abril, un grupo de “compañeros de viaje” socialistas de JDC impulsaban un concierto por el “Día de la Tierra” en pleno Jr. Quilca. Con sus ya consabidas diatribas al capitalismo, estos “enemigos de la tierra” no tuvieron el menor reparo, cada vez que terminaban alguna arenga o uno que otra “temita anti yanqui” en solicitar a su público espontáneo al más humillante de sus enemigos: dinero para solventar sus gastos.
Razones no le faltarán a nuestra consabido “congresista” para quejarse por lo mismo. Quiere dinero. Necesita dinero, no puede vivir sin el. Esta condenado, no esta en su paraíso socialista donde el dinero ya no importa y todas sus necesidades están satisfechas gracias a la mano benevolente del estado todopoderoso. Que iluso
Alto al chantaje
Las decisiones personales no nos incumben. Uno puede hacer con su vida, su propiedad y dinero lo mejor que le parezca. Nadie puede obligarnos a actuar de otra manera. Si el “congresista” JDC cree que puede influenciar con su actitud de “mártir fácil” al gobierno es su problema. Nadie lo obliga a perjudicar su salud y bienestar. Es como culpar a los dueños de los edificios altos de las decisiones de los suicidas, a los vendedores de velas de la “competencia desleal” del sol, al e-mail de la quiebra del correo postal.
Gracias al mercado
El gobierno no puede ni debe sentirse culpable por las decisiones muy particulares y subjetivas de sus ciudadanos, menos de individuos con poco juicio e imprudentes. Es gracias al mercado que podemos juzgar estas actitudes como insanas y poco lúcidas. En un régimen socialista esta no habría pasado de ser más que una anécdota y el orate pronto sería encarcelado, tal y como lo hace su amigo Fidel Castro.
Y pensar que algunos creyeron que necesitábamos más JDC, cuando lo que realmente necesitamos son más individuos, empresarios y menos congresistas y políticos. |