MENTIRAS VERDADERAS
Unas vienen seguidas de otras. Ayer fueron sus promesas incumplidas o lo que dijo y luego no dijo. Hoy, esto ha sido superado por la arrogancia del poder: ahora el tema del día no son sus entredichos; sino la corrupción al interior de gobierno.
Juerga de poder
El entorno del presidente Toledo no da más. Sólo sus “amigotes” y la familia siguen lucrando por su cercanía al poder. Pero esto tiene un límite: la justicia y el tiempo. De su reciente experiencia con El Comercio, por ejemplo, el presidente Toledo debió aprender. No más amigos fáciles, no más favores que deber, no más.
Raro sería descubrir que el presidente Toledo ignore lo que ocurre en su entorno. Uno aquí sentado frente a la PC tiene las puertas del mundo a sólo un clic. El presidente con todo el aparato del Estado, sus asesores y demás indulgencias, es muy difícil que ignore lo que sucede.
Denota incluso incompetencia si ignora lo que su entorno hace a sus espaldas. Lo cual no lo exculpa, pero si lo hace cómplice. Implicado, encubridor, colaborador, protector, coparticipe, asociado o no, el presidente tiene el deber, con la gente que lo eligió, aún con ese 7 u 8 % que aún cree en él, de rendir cuentas.
Ejemplo de virtud
Inspirados en sabe quien, los defensores del gobierno de turno ya no atinan en sus declaraciones. Sus ideólogos esbozan los más enrevesados argumentos para defenderse de las acusaciones de corrupción. Sólo falta que escucharlos decir: “si los anteriores gobiernos fueron corruptos, porque esto no lo va a ser”
Nada es gratis en política, dijo alguna vez Javier Perez De Cuellar–uno de los promotores casi olvidados de lo que hoy padecemos–en una emisora radial hace muchos años. Hoy, al descubierto escándalo tras escándalo, las dudas siempre van a estar al acecho del presidente. Pero mientras siga siendo el jefe de estado es imposible llevarlo a juicio; sin embargo, el 2006 es una fecha que va a llegar, y el próximo gobierno, sea el que fuere no lo va a exculpar.
Salida decorosa
Pedir la vacancia presidencial puede ser una salida a la crisis moral que padecemos. Sin embargo, quién nos garantiza que el próximo presidente no va terminar igual que su antecesor.
Incluso, si supiéramos que es moralmente solvente, con un coherente plan de gobierno, con un equipo de profesionales empeñosos y con ganas de hacer las cosas bien de una buena vez, quién nos garantiza que no va a terminar igual que su antecesor.
Realmente existe una solución
A estas alturas hemos llegado a confiar mucho en nuestros gobernantes. Sin embargo, la discusión no va por allí. El tema de fondo es si los que conducen las riendas del gobierno–de cualquier gobierno–tienen deberes y derechos que cumplir para con quienes los eligieron
¿Cómo pueden ser gobierno sino tienen en claro para que sirve el gobierno? ¿Cuáles son sus funciones y sus limitaciones? ¿Cuál es el rol del congreso, el ejecutivo y el poder judicial? ¿Para qué sirve un ministerio o un municipio? ¿Cuánto es el sueldo de un congresista?
Incapacidad a la orden
Otras son las razones que nos llevan a seguir dudando de las ventajas de los gobiernos. No tanto de los políticos, porque ya sabemos a que atenernos con esta “rara especie”; sino al entramado muy peculiar que sobrevive y se incrementa con cada nuevo gobierno.
Nada dicen, por ejemplo, los inquilinos del gobierno–de cualquier gobierno–sobre limitar su influencia sobre las personas, garantizarles un mínimo de seguridad sobre sus propiedades o reducir impuestos. Los inquilinos sólo piensan en llegar a ocupar el gobierno, y de allí ponerse a pensar en que hacer. Y de esos ya tenemos bastantes y no queremos más.
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