Mi pliego de reclamos
El próximo 14 de julio, nuestros revoltosos dirigentes de la CGTP, construcción civil, maestros, entre otros (los políticos que nunca faltan, mas bien sobran) se la emprenden contra el gobierno de turno. Ya se cansaron de las falsas promesas y de que los ignoren; han tomado medidas radicales: se van a la huelga.
Sus “justas” reclamaciones –cambio en la política neoliberal del gobierno, retiro de las tropas invasoras de Irak, no al tratado del libre comercio, no a la privatización de la educación, no al pago de la deuda externa-nos dejan en claro algo que se sabía: quiero mi propio pliego de reclamos
Deseo mi propio pliego de reclamos por que tengo derecho a que se me escuche. Quiero que mi voz retumbe en plazas y calles. Que se impriman cientos afiches y se preparen pancartas azules (no rojas). Quiero que mis “justas” reclamaciones tengan eco en la ciudadanía. Tan igual que cientos de miles de peruanos que tenemos algo que decir sobre nuestra cotidianeidad, y que no pertenecemos, gracias a la mano invisible, a un sindicato.
Pliego de reclamos
Deseo en primer lugar que se derogue el derecho a usar la vía pública como escenario para las reclamaciones. Váyanse al estadio nacional, a la playa, al desierto o a cualquier otro lugar donde no molesten a nadie.
No quiero que mi rutina de ir a trabajar, a estudiar y aprender se vea alterada por unos señores que no tienes otra mejor cosa que hacer que obstaculizar el tránsito y hacer perder el tiempo a los demás.
Que sus “justas” reclamaciones, de las que yo, particularmente, no tengo en lo absoluto incumbencia, las recreen en la puerta de su casa, de su oficina o trabajo. Yo no tengo porque asumir los costos de sus reclamos.
En segundo lugar, deseo que se suprima el derecho a la huelga. No porque este en contra de sus reclamos, sino porque desde esta plataforma puedo despotricar contra cualquiera y en cualquier lugar. De esta forma, el derecho a la huelga se convierte en un derecho a reclamar lo que se me venga en gana.
Invéntense otro derecho, pero no le llamen “derecho a la huelga”. Están mal barateando el término. Que de pasar a exigir unas condiciones laborales más adecuadas para el mejor desempeño en el trabajo, acabo reclamando que no se pague la deuda externa. De negociar una mejora en los jornales exijo que un país no invada a otro.
Esto no es “derecho a la huelga”. Puede ser un conjunto de reclamos de otra índole. Mis deseos para un mundo mejor, o mis líneas generales de un plan de gobierno. Pero de allí a un vendernos la idea de que esto es un “derecho a la huelga” es iluso.
En tercer lugar, deseo una compensación. Por las cientos de horas que he perdido por culpa de estos señores. Por los negocios que no pude cerrar, por los clientes que no me quisieron esperar.
A que ministerio acudo
Finalmente, encuentro un problema. Mi pliego de reclamo no tiene patronal a quien demandar, ni ministerio donde acudir. Lo más cercano, y parecido a una institución donde quejarme, hoy no funciona. Ha sido tomada por otros huelguistas. Impusieron sus propio “pliego” de reclamos y me dejaron fuera. Tendré que irme a reclamar a otra parte, o regresaré cuando el congreso verdaderamente funcione. |