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No al neoliberalismo


Las prácticas propias de una economía de mercado distan mucho de lo que hoy comúnmente se conoce como neoliberalismo. Es que el neoliberalismo, tal cual, no es liberalismo. El neoliberalismo es un espejismo, un invento de los opositores del liberalismo. En el mejor de los casos, lo más parecido al neoliberalismo es el mercantilismo.

Sus opositores crearon el término en sus vanos intentos por comprender el liberalismo. Se han quedado en el “neo”. No han ido más allá. No han podido superarse y se han quedado en las afrentas y las falacias. Se han conformado con crear un monigote que puedan apalear a gusto. Sus estrechas miras les han impedido entender que el liberalismo es más que política económica o privatizaciones. Es más que un TLC, políticas ambientales, globalización o consumo de drogas. El liberalismo es más que todo eso.

El liberalismo es ante todo libertad individual. Libertad para contratar con quien quiere y donde quiera. Es igualdad de todos ante la ley, no igualdad de oportunidades. Es propiedad privada, mercados libres, competencia, división del trabajo y cooperación voluntaria.

Como habrán notado, aquí no hay juicios de valor. Cada uno construye sus esperanzas en la medida en que se ampara en algo tan seguro como puede ser su propiedad o una ley que no lo va a discriminar bajo ninguna circunstancia. Eso es ser liberal. Cada uno, dentro de su infinita subjetividad, construye su futuro a su manera. Sin ataduras ni presiones. Con menos Estado y menos políticos.

Pocos son los que reconociéndose liberales podrían avalar una política de corte neoliberal. Por el contrario, en cuanto encuentran una oportunidad la critican sin más. Los liberales tachan una política que privilegie múltiples tasas arancelarias, a contrapelo de un arancel plano para todos, sin discriminación alguna, cuando no exigen eliminar todo tipo de protección. Censuran todo tipo de actividad empresarial del Estado y estiman favorable cualquier política que persiga eliminar cualquier prebenda estatal.

La década pasada se incubaron muchas políticas de corte neoliberal. Muchos las defendieron con la convicción de que con el tiempo se transformarían en liberales. Se equivocaron. Sirvieron a oscuros intereses y ahora están siendo objeto de lo indecible. Los liberales en el camino llevaron la peor parte y se confundieron los papeles, tanto así que los liberales son tildados de neoliberales, tremendo error.

Debido a esto, los liberales de ahora en adelante tenemos un nuevo santo y seña. No al neoliberalismo. El mismo que ha florecido en algunas calles de Lima a manera de graffiti y que demuestra qué tan atrasados están los enemigos de la libertad. Que pintados por ingenuos estudiantes universitarios seducidos por la prédica violenta y socialista les han ahorrado a los liberales la difusión de su pensamiento. Gracias al neoliberalismo somos más liberales.

Más información sobre NO AL NEOLIBERALISMO,
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