EL PLAN MERINO: CON DINERO CUALQUIERA PUEDE
“Presupuestalmente el país en inviable” ha sentenciado la Dra. Beatriz Merino frente a la prensa.
Con un llamado a la moderación y la responsabilidad frente al Congreso, nuestra primera ministra, la del “punto de quiebre”, se ha jugado todas sus cartas. Ha reducido el problema del gobierno a la falta de dinero y la poca voluntad de los actores políticos para apoyarla
Cómo serán sus esfuerzos de apremiantes, que su jefe, el presidente Alejandro Toledo, ha manifestado en apoyo a su primera ministra, “la urgente necesidad de implementar las medidas propuestas”
No podía ser para menos, la escala de promesas insostenibles, el chantaje de cuanto grupo de presión, y toda esta suerte de escenario de “reclamos sociales” nos han conducido hacia este despeñadero.
Los gobiernos, sin excepción, siempre han jugado la carta más fácil para afrontar estos problemas. La más corriente y simple de las soluciones: crear más impuestos.
Desde su torre de marfil, los gobiernos, muy prácticos a la hora de maquillar los conceptos, impulsan lo que ayer era un ajuste fiscal y paquetazo económico, en el actual, y en boca de nuestra primera ministra, “reforma tributaria”. Hábil concepto que justifica sacar dinero de los que producen, crean, arriesgan e innovan para otorgárselos a todos aquellos que no se lo han ganado.
Este recurso es muy fácil, porque siempre pagan los platos rotos los que a duras penas se las ingenian para producir. Los que arriesgan su capital, sus ideas, su tiempo y esfuerzo. Los empresarios de los que tanto se ha escrito y que los gobiernos llaman cuando la prioridad es agenciarse recursos.
Sucede que, desde el Estado todo se puede. Todo es fácil desde las alturas del poder. Siempre hay torta que repartir, sin importar a quién le pertenezca la tajada. Aquí no importa si la torta crece, eso es lo menos importante, lo único urgente es repartírsela.
Lo primordial es motivar a los empresarios a crear, nuevas ideas o productos, a contribuir en ampliar la torta que se va a repartir. Nuestros gobiernos, siempre ajenos a la realidad del mercado, se esfuerzan, en cambio, en promover recortes a discreción sin importarles si la torta crece o desaparece.
Con dinero es fácil emprender cualquier programa de gobierno, alguna reforma estatal o iniciar algún plan de lucha contra la pobreza. El nuevo gobernante, como el nuevo rico, cree que con dinero todo es posible en la vida.
Lo difícil es hacer que el dinero se multiplique, genere valor y mueva mercados. En eso son especialistas los emprendedores. Los gobiernos, por el contrario, son parásitos de los creadores de riqueza. Son hábiles en exigirles cada día más: la “responsabilidad social” de la empresa le dicen
Finalmente, nuestra primera ministra, autoproclamada “liberal”, sería incapaz de obtener algo para su gobierno, si no fuera por los creadores de riqueza. Ellos al final soportan a cualquier gobierno y de ellos siempre se hecha mano cuando el naufragio es previsible. Si esto significa ser “liberal”, que será de los socialistas. |