LA COMISIÓN DE LOS PRETEXTOS
Los pretextos siempre nos eximen de culpa. El problema no soy yo, los otros son los que no se amoldan a mis planes, los otros fallan.
Así, con “pretextos” (la visita de un mandatario extranjero, conmemoraciones cívicas y sólo sabe Dios que otras circunstancias) La Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) ha decido postergar la presentación del informe final fijado inicialmente para el 28 de agosto, para una fecha, aún por definir, en la primera semana del mes de setiembre.
Es decir, a merito de sus voceros oficiales una circunstancia como la que se vislumbra no es la más adecuada para presentar el informe en cuestión sin padecer sus miembros las mas iracundas críticas (al parecer, el que dirán, algún titular periodístico o quizá un político solicito han concurrido para tomar esta decisión)
Lo cual, por un simple ejercicio de lógica elemental, nos conduce por el difícil camino de anticipar que los resultados del informe en cuestión pueden ser de tal magnitud que es preferible esperar otra oportunidad, más propicia, más conveniente y menos “comprometida” para presentarlos a la opinión pública.
Así, los plazos fijados y las metas alcanzadas para cumplir con la tarea empeñada son meros adornos. Subalternos frente a la verdad. Hasta donde hemos llegado.
Las postergaciones no son una buena señal. Denotan incapacidad para asumir y arriesgar opinión. Y si como Comisión están esperando que las aguas se tranquilicen habrá que notificarles que vivimos en el Perú, y las noticias del día son una más suculenta que la otra, y con esa parsimonia, pueden esperar sentados a que las aguas se amansen.
Y no son una buena señal, por que quizás mañana tendrán algún otro pretexto para justificar sus “escasos recursos”, su falta de tiempo, su incapacidad para obtener información, cuando no alguna que otra falsedad. Una fe de erratas no esta descartada.
Ahora bien, ¿Porque la CVR ha alborotado tanto las mareas? Esta suerte de tormenta que ha desatado el trabajo de la CVR ha despertado las iras de muchos y las más encendidas defensas de otros. Es como esperar la sentencia que no agradará a ninguna de las partes.
De otro lado, los principales involucrados, es decir, aquellos a los cuales se quiere resarcir y proteger aun no forman parte del debate. Es más, se encuentran en medio de dos fuegos y expuestos a que sus años de dolor y olvido permanezcan así para siempre.
Si la CVR tiene como objetivos “contribuir con la justicia e identificar a las víctimas para determinar responsabilidades”, ¿donde están los principales perjudicados? Acaso sólo sirven para las muestras fotográficas.
Y los jueces que dirán de todo esto, cuando sienten que su trabajo sufre esta suerte de competencia ajena, muy venida a menos en estos tiempos de vacas flacas y magros resultados.
Finalmente, sin ánimo de generar falsas expectativas, ¿Cuantas comisiones necesitaremos para cada duda sobre nuestro pasado? No faltaran los folclóricos que exigirán quizás una para que nos devuelvan el oro que los españoles se llevaron en plena conquista, otra para encontrar la “verdad” sobre la Guerra con Chile y una última sobre la privatización.
Y también encontraremos, y quizás mas furibundos que los primeros, a los que reclamen por una Comisión para saber porque fracaso el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas del “chino” Velazco, o del millón por ciento de inflación del gobierno de Alan García.
Y no será extraño ver formar parte de algunas de estas Comisiones aquellos rostros que hoy no son familiares, integrando una sino más Comisiones, como viejos luchadores sociales y defensores de “derechos adquiridos”.
Pasarán los años y el Perú seguirá siendo el mismo, un país a merced de los rancios políticos que fungen de justicieros. |