LA MINISTRA QUEBRADA
Aunque sus días parecen estar contados en política, la ministra del “punto de quiebre” ya no da más. Muy a su pesar, y luego de una suerte de manoseos y otras puyas, desde casi todos los frentes, la ministra sucumbió
Muchos presagiamos este final. Era inevitable. Mantener una aprobación altamente notoria en las encuestas, un perfil de profesional de “dirección por objetivos”, y buscar “estar bien con todo el mundo” le pasaron la factura.
Apresurada por “darle a una en política” la primera ministra hizo de todo. Desde sus años mozos incursionando en el congreso, sus inadvertidas travesías por sus candidaturas vicepresidenciales, hasta lo último, su infortunado paso por la administración Toledo.
Se ira de todos modos
Buscaba sólo una oportunidad: la ministra pensó que esta era la hora y la ocasión propicia. Aunque no midió las consecuencias de subirse a un gobierno cuya popularidad es casi de risa, y donde las viejas formas (heredadas de la década pasada y que se copiaban sin la menor vergüenza) se iban a volver en su contra.
Oportunidad, que no sólo le cuesta a ella, sino a todas aquellas personas que creen en que su gobierno les puedes ayudar a enfrentar sus problemas cotidianos. Aquellos que sueñan con los políticos bondadosos y bien intencionados, que venden leyes, trafican ilusiones, y terminan como la primera ministra.
Necesitamos de los políticos
Impuestos con una de las más altas tasas de recaudación en su historia, reforma del estado sin parir, 90 días de un cheque en blanco que se desperdiciaron, y chismes de barrio son el legado de la ministra del punto de quiebre. Son la misma herencia de los políticos de turno y de los que vendrán mañana: sólo la promesa de una misión por empezar y el resto que nos importa.
Teníamos razón cuando dudamos de ella hace meses atrás. No por su capacidad profesional, como podríamos. Sino por un desmedido apetito de poder. Por su insatisfecha relación con la política y la cosa pública. Era, en ese entonces, un mal signo, ver a una profesional entronizada en los avatares políticos. Era premonitorio.
Ahora, como anecdótico quedará su paseo por los fueros públicos. Arrepintiéndose de su verano en la política y desperdiciando a una mujer que se dejo seducir por las buenas intenciones y la posibilidad de conducir al país por la senda de la prosperidad. Nadie la recordará de otro modo, sólo eso quedará en su ficha de egresada.
Generosidad desinteresada
La crisis actual nos invita a una reflexión. Es perentorio persuadir a los ciudadanos e individuos de a pie, que con los políticos siempre llevamos las de perder. Ellos por supuesto, siempre ganarán.
Atiborrar la administración pública con familiares y allegados, y decir aquí no paso nada es común entre ellos. Es seguro que la honestidad no campea por la arena política, menos entre sus inefables protagonistas, quienes siempre están a la expectativa de a quien tumbarse para poder ellos ocupar su lugar. Es lo clásico entre estos bufones. No podemos fiarnos
Dejar atrás a los más avezados enemigos de la sociedad es una tarea pendiente. No busquemos personas llenas de aptitudes y capacidades para ocupar cargos públicos. Alejemos a los políticos del quehacer diario de los ciudadanos. Mientras menos intervengan en nuestra cotidianeidad mejor será para todos nosotros.
¿Y ahora que?
Salvemos a nuestro país de la barbarie de la política. No esperemos que casos como los de la ministra del punto de quiebre se repitan. Quien seguirá ahora, algún otro incauto, que de seguro los hay, y muchos. Pero al final, quien pierde. Nosotros, todos nosotros, los mismo de siempre, y los políticos todos felices. Viviendo de la utopía del estado todopoderoso |