EL RETO DE LA LIBERTAD
La opción por los principios hoy esta venida a menos. Cada vez son más frecuentes las muestras de que la cosa política arremete en todo campo y quehacer diario. Aunque no pretendemos equiparar el despego a los principios con el quehacer político, pero cualquiera que tiene un par de dedos de frente sabe que esto es así.
El premio Nobel de Economía Friedrich A. Hayek lo mencionó con acierto hace mucho tiempo: “sostener principios claramente definidos del orden social, hace incurrir hoy en el estigma de ser un teórico sin sentido práctico”
Sentido práctico
La practicidad a la que Hayek se refiere esta enmarcada dentro de esta suerte de iniciativa colectiva de ciertos grupos de personas, claramente identificables, que muestran con su conducta, irreverencia y colosal testarudez sus innegables afanes políticos
Las iniciativas de estos grupos, y sus esfuerzos por conseguir el poder, buscan después de todo participar en que hacer y la cotidianeidad de la política. Desean ser parte del Estado, ser parte del problema, no de la solución.
Incluso han llegado a extremos impensables. Obligar a los que no son de sus estrechas miras a someterse a la dicotomía de lo inelegible. A colocar en el fiel de la balanza hacer política o dedicarse a otra cosa. A discriminar abiertamente a los que no hacen política y agraviar a los que se “dedican a otra cosa”.
Cuando la elección es precisamente más abierta, con más opciones, más alejada de pizarra para apreciar lo ancho y alto de la misma. No entre participar, por ejemplo en la implementación de un nuevo partido político, sino en ampliar las posibilidades de la personas, teniendo por ejemplo, más referentes de opinión.
Son en la actualidad muy pocos los interesados en el quehacer político. Muchos otros, sobre todo los que se “dedican a otra cosa” la pasan mejor con sus narices fuera de lo político. Sin embargo, debido a cierta magia y nostalgia quizás por tiempos mejores, algunos de los más lúcidos e inteligentes se rinden frente a lo político.
Otros, atraídos por los cantos de sirena de la facilidad de cambiar las cosas “desde arriba”, caen presas de sus propias contradicciones. Luego, muy arrepentidos de sus errores, recogen sus escombros y mudan a otros quehaceres. A eso que los políticos llaman “dedicarse a otra cosa". Cederán el paso a las nuevas generaciones, que de nuevas tienen poco, y de las viejas mañas mucho, para al final de túnel terminar en lo mismo: desengaño y frustración por no conseguir lo que se propusieron.
Sin embargo, dentro de todo esto hay un error. Los fines eran los correctos, en lo único que fallaron fue en los medios para conseguirlo. Para el camino hacia la libertad se debe uno de pertrechar con mucho de responsabilidad y poco de ingenuidad.
Sentido teórico
El sostener principios firmes no nos descalifica para ser más prácticos. Lo que sucedes es que necesitamos ser más imaginativos por el lado práctico.
La opción, por ejemplo del partido político, es por demás facilista. A quien no se le ocurre que para cambiar el desarrollo de la sociedad es necesario un partido político, a cualquiera. La otra opción, más cuesta arriba, incluso más práctica, la de formar toda una corriente de opinión favorable a nuestros ideales, amparados en la libertad individual como principio rector, es por demás laboriosa.
Este es el reto de la libertad, cimentarse desde la opinión pública. Creando corrientes de opinión favorables a los ideales que instruyen en la defensa de la propiedad, el respeto por la palabra empeñada y el derecho a la vida. Formando instituciones que perfeccionen y defiendan estos principios. Fundando medios de comunicación que en primera plana pongan el pecho por la libertad individual. Desincentivando el afán expansionista del Estado apuntalando en sus costos. Mostrando los efectos beneficiosos de la libertad.
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