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Seguro médico “obligatorio”

“Todas las personas que causen daños a otros deben tener un seguro” ha manifestado el abanderado de los “derechos de los pacientes”, el congresista Natale Amprimo.

En su afanosa búsqueda de la felicidad para los pacientes, el congresista Natale Amprimo hace lo impensable. Es capaz, en su éxtasis demagógico, de obligar a las personas a protegerse de ellas mismas. Si ya estábamos cansados de Xavier Barrón y sus jubilados, ahora nos sale este espantajo.

Según iniciativa del citado, se promulgo en el congreso la “Ley que establece los derechos de los pacientes”. Ley que modifica el artículo 15° de la Ley N° 26842, Ley General de Salud.

Como se espera de todo político, que promulgando leyes por doquier se puede cambiar la realidad, el de turno confía que instituyendo una ley protectora de los pacientes (frente a la mala practica medica) puede despilfarrar bienestar y salud entre los todos los enfermos.

Al margen de sus antojadizas definiciones o “nuevos derechos” – léase acápite m) ser visitado por sus familiares o por las personas que solicite– lo que más a llamado a revuelo es su sorprendente habilidad para crear nuevos mercados donde no existía nada. ¡Don Natale Amprimo debería estar en el sector privado y no en la administración pública, esta perdiendo dinero!

Gracias a la clarividencia, sutileza y perspicacia del congresista en mención, de ahora en adelante y sin siquiera preguntarle a los médicos, estos últimos estarán “obligados” a adquirir un seguro frente a sus errores, su propia negligencia, impericia u omisión.

Imagínense. Quiénes en estos tiempos salen a reclamar por errores, negligencia, impericia u omisión: ¡los políticos y congresistas! Ellos no son los más indicados para levantar su voz, sobre errores y mediocridades. Ellos no son el ejemplo a seguir. Por el contrario, nos deben. (Si tan sólo pudiéramos estimar, desde 1821 hasta la fecha, cuánto nos adeudan los políticos por estos conceptos...)

Por estos días en el parlamento se debate la Ley de Partidos Políticos, ¡Acaso habrán contemplado en algunos de sus incisos un seguro para sus tropelías sin fin! Habrá que obligarnos nosotros mismos a tomar un seguro frente a sus desmanes. Qué empresa aseguradora será la primera en administrar tremendo riesgo. Ninguna empresa querrá cargar con el peso muerto de asegurar a un político

El político como siempre, nunca cambia. Se cree el eterno padre protector. El santo detrás de la puerta, el crucifico y el rosario de los peruanos indefensos. El que siempre esta a la expectativa frente al infante indefenso e incapaz de valerse por sus propios medios. Aquel infante que nunca madura gracias a la desmesurada caridad y altruismo del político.

Parece ser que desde el Congreso todas las políticas sobre seguros han sufrido esta suerte de transformación hacia la obligatoriedad. Con una cuota de viveza de por medio, promovieron el SOAT y ni el propio gobierno puede pagarlo.

Ahora se ve claro, era sólo cuestión de tiempo, y el SOAT era la punta del iceberg.

¿Desde cuando un seguro se convierte en obligatorio? ¿Dónde quedo la libertad para decidir sobre como contratar y con quien? ¿Qué hay de mis derechos a usar mi dinero como mejor me parece?

No discutimos aquí sobre las ventajas y desventajas de adquirir un seguro. Los costos en que incurrirán los pacientes de menores recursos, ni de la informalidad que surgirá después de su promulgación. Estos son asuntos que cada asegurado evaluará desde su propia perspectiva, y él, y sólo él sabrá que es lo que más le conviene. Finalmente, son los pacientes, los médicos y las personas en particular son los que deben elegir, no el gobierno ni los políticos.

Esta discusión es de otro fuero, estrictamente apegada a la libertad que gozamos para decidir por nuestra propia cuenta y riesgo, asumiendo los beneficios de nuestras acciones y soportando los costos de nuestros errores. Tan simple como eso. Pura y estricta libertad de elegir

Si hoy somos incapaces de defender este precepto, mañana quizá “los etno-caceristas“ nos obliguen a casarnos entre peruanos. Los fujirmoristas nos intimiden a comprar determinados periódicos y los apristas nos enseñen a consumir sólo productos peruanos. Y para cuando llegue ese momento habremos perdido nuestra libertad para elegir.

     

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