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Balanza inclinada: TLC o comercio libre

César Girón Atoche

El inicio de las negociaciones de parte del gobierno peruano del tal mentado Tratado de Libre Comercio (TLC), pone en el debate algunas consideraciones que a los hacedores de política perjudicará.

La llegada de esta nueva oportunidad, reinstala en el debate político cuán beneficioso puede ser el comercio para el desarrollo de los pueblos. Cómo el comercio redirecciona el nivel de intervención de los gobiernos en materia económica y cuanto se modifica el grado de responsabilidad de los políticos frente a sus conciudadanos

Las banderas abajo

A los principales beneficiaros de la suscripción de un tratado de comercio (es decir, usted o yo como simple y mundano consumidor de bienes, servicios e ideas) no les interesará mucho saber quienes negocian o que se negocia. Ellos (o nosotros) sólo pensamos en sus (nuestros) bolsillos. No nos interesa si el producto viene de China, Malasia o California. Nos interesa que funcione, que sea de buena calidad y mantenga una mínima garantía

Intervención gubernamental en declive

Nadie se extrañe que la apertura comercial suponga una disminución sustantiva del grado de discrecionalidad de los gobernantes sobre sus conciudadanos. Si hoy en día, los gobiernos en su infructuosa lucha por controlar Internet van perdiendo la batalla, el comercio libre sólo supondrá eso, una batalla más perdida

Sin embargo, bajo los términos en los que se plantea las negociaciones del TLC, es dudoso que los principales beneficiarios del mismo sean los consumidores. Las negociaciones entabladas al más alto nivel, de gobierno a gobierno, sólo reflejan una lucha entre dos frentes, los políticos y el comercio.

Pregúntenles a los políticos

Inicialmente los beneficios de la apertura comercial sólo serán ostensibles a mediano plazo. La capacidad de transformar ese inicial “despertar” hacia el comercio vendrá del lado de los políticos. Pero con el grado de compromiso de nuestros hacedores de política para con las ideas del mercado, es fácil prever que no lo harán

Raro será ver en los titulares de los medios de comunicación a algún político comentando favorablemente sobre el comercio o la llegada de nuevas oportunidades para los empresarios. Pedirles a estos señores un compromiso abierto y franco para con el comercio es una batalla perdida. El asunto no es por allí

Aglutinar a los beneficiarios

Convencer a los políticos de las bondades del comercio es una tarea pérdida. Ellos son los principales perjudicados. Harán hasta lo imposible por oponerse. Organizarán marchas, pegarán afiches, recogerán firmas, harán huelgas de hambre. Tomaran el congreso si es necesario, si es que ven peligrar sus puestos de trabajo.

Invitemos a los principales beneficiarios (personas como usted a como yo) a sumarse al esfuerzo de participar en el comercio libre. No necesitamos de firmas, tomar locales públicos o dañar la propiedad ajena. Simplemente compremos lo que nos guste y donde mejor nos parezca. Dejemos saber nuestra opinión. No permita que vulneren este derecho. Este quiero, esto no.

Opino qué

No nos engañemos con encendidos discursos desde las esferas del poder. No busquemos las respuestas en boca de los políticos. Ellos juegan su propio partido. Ellos no saben de libertad, comercio libre o propiedad privada. Al contrario, son sus principales enemigos. Creo con Jorge Luis Borges que “con el tiempo merecemos que no haya gobiernos”, ni políticos

desbordecapital@hotmail.com

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