Una lección sin aprender
Siempre en el sector educación existirán algunos temas pendientes. Los maestros, por ejemplo, ¿Este año nos regalaran otra huelga? Siempre con la perorata de que “los docentes no cobran lo que merecen, algunos cobran muy poco y otros cobran demasiado”. Sin embargo, ¿Cuál es el justo precio para sus sueldos?
¿Cómo se puede establecer un precio?
La ciencia económica no esta en panales. Los mecanismos de precios son conocidos hace mucho tiempo. Lo que sucede es que no se acepta que el servicio educativo sea un servicio mas y por tanto pasible de ser ofertado y comprado. Los ascos que produce en un docente considerarse mercancía o mercader de ideas o conocimientos o habilidades, nubla sus aspiraciones. La labor del maestro, del docente, del catedrático, es una labor, es un trabajo. Por tanto es pasible de cotización. ¿Pero quien establece los precios?
Monopolio estatal
El Estado monopolista establece los precios que se pagaran por adoctrinar (no aprender) a los estudiantes del país. Pero esta visión ha causado mas pobreza intelectual, patente en cualquier dialogo con un flamante egresado de la secundaria.
El sistema privado facilita el descubrimiento y promoción de los mejores docentes. Esto a su vez redunda en beneficio de los menos competentes. Se notarán las características que tiene un docente exitoso y así el proceso de emulación se pone en marcha. Extendiéndose rápidamente las habilidades y características más convenientes para desarrollar tal labor, permitiendo la tan buscada innovación y adaptabilidad del contenido al contexto. Otra ventaja del sistema de educación privado es que permite detectar las fallas del sistema. Por tanto es mas sencillo descubrir donde están los problemas e iniciar procesos de modificación.
Iniciativa municipal
Es falso que la educación privada sea solo para los ricos. Eso no es así. Todos pagamos impuestos, de allí se recauda para el sector educación. Pues bien, se puede hacer lo mismo pero mejor. En lugar de entregar el dinero al fisco para luego ser redistribuido. Se puede colectar el dinero y asignarlo por cada estudiante, estableciendo escalas y bajo administración municipal.
Este financiamiento seria directo. El padre de familia podría invertir mas si así lo desea. Y el monto total que pondría el Estado seria mayor toda vez que la burocracia se reduce.
Así las oportunidades para establecer diversos modelos educativos estarían en función de la capacidad real de financiamiento y de las necesidades de la población directamente implicada.
La competencia educativa
El Estado no puede ser educador. Su función no es esa. Lamentablemente la mayoría de profesores considera que la Educación es una actividad del estado. Y se condenan a sueldos miserables y a un sistema poco innovador. El temor que sienten ante la posibilidad de competir es un acicate para que los sindicatos rechacen las propuestas liberalizantes del mercado educativo.
Los casos de fraude y la mala calidad de ciertas instituciones privadas son puestos de ejemplo apocalíptico de lo que sucederá. Mas en un sistema abierto a la competencia de propuestas educativas habrá programas e instituciones que no durarán mucho, pero otras lograrán la estabilidad en el tiempo.
Como en cualquier sector de negocios, el estimulo que implica para la innovación y las oportunidades de inversión que este mercado ofrece no deben dejarse de lado.
Debemos estimular la creatividad. Debemos abrir miles de escuelas de pensamiento. Pero si estas están en manos del Estado. Ya sabemos que pasará.
HUSAIN ABDULHAQ
Beirut, 23 febrero 2004
desbordecapital@hotmail.com
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