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ONCE, DIEZ, NUEVE,……


Desde el fatídico 11 de setiembre del 2001, el mundo ha visto incrementarse el control estatal en la vida privada. El pretexto de la seguridad nacional se ha impuesto. La lucha antiterrorista ha logrado poner en blanco y negro a poblaciones y naciones diversas.

¿Existe una cuenta regresiva hacia el totalitarismo?

Las libertades individuales se vulneran con amplitud en nuestras normas e incluso en la Constitución.

Hoy en día la fuerza armada estadounidense pretende formar democracias en Oriente Medio (Afganistán, Irak). No consideran los derroteros de tales pueblos. Aquí en plena América Latina aun no armonizamos nuestra sociedad con los ideales de libertad, gobierno restringido y justicia independiente. ¡Y esperamos que se logre en contextos con tradición intervencionista, paternalista y teocrática!

Debemos tener presente que la lucha contra las propuestas totalitarias debe ser mediante la demostración racional de sus falacias. El Estado debe procurar el respeto a los derechos individuales. Debe protegerlos y defenderlos. El Estado no puede pretender proteger nuestros derechos reduciéndolos, o declarándolos en situación de excepción.

Nuestra situación política y económica hoy en día abona el terreno para un rebrote de propuestas violentas, o en todo caso, fanáticas. Aunque la distancia entre ambas es corta.
En la sociedad existen normas que debemos respetar.

La organización social existe al margen de las directrices de los legisladores. Ellos deben acuciosamente descubrir bajo que normas y acuerdos tácitos viven los individuos. De allí deben extraer los principios generales que se pueden expresar como leyes. No al revés. Es una violencia al orden social el disponer de las frases como talismanes. El crear “leyes de salón” para ser impuestas desde el instante en que son consagradas como tales. El sueño totalitario de disponer de la voluntad ajena con todo el “peso de la Ley” es de las más aberrantes conductas del que gobierna.

Nuestra libertad a ser disidentes y expresar nuestra disidencia no debe ser coactado bajo ningún argumento de seguridad. La única seguridad que hemos de aceptar como legitima es la seguridad del individuo. En tanto un individuo no este seguro, cualquiera puede seguir su suerte. No podemos seguir clamando por victimas expiatorias. Podríamos ser una de ellas.

En el Perú tratamos de restablecer la confianza en la institucionalidad democrática. Pero debemos ser vigilantes en cuanto a las funciones que se atribuyen los funcionarios del estado. No pueden ni deben ir más allá de lo que nuestras libertades y derechos se lo permiten. Los funcionarios son solo eso, nuestros servidores, a quienes pagamos un salario con nuestros impuestos.

Las libertades individuales no deben ser sacrificadas para defenderlas mejor. En el mundo acontece este fenómeno.

Las políticas de lucha contra el terrorismo incluyen eliminar el secreto bancario, la intervención de las comunicaciones, la supresión de algunas normas del derecho penal, en fin ¿será el inicio de la desaparición de la vida privada?.

Desde el Once de septiembre estamos viviendo a la espera de un desenlace, como si fuésemos invitados de piedra de una comedia no tan divina sino maquiavélica. Los medios informáticos nos dejan sin alternativa de privacidad. Pero debemos recuperar la conciencia. Necesitamos revisar las cruzadas morales, políticas y demás cacerías de brujas que ha vivido nuestra humanidad para comprender y enfrentar esta nueva amenaza.

El encargado de defender nuestros derechos no debe olvidar que es solo eso, un encargado. No es amo ni señor de nada ni nadie. El Estado debe ser enfrentado a su realidad, debe ser proclamada nuevamente su función. De allí no debe pasar.

La libertad esta en juego cada día, no solo ante el robo delincuencial, también ante las normas que se inmiscuyen en nuestra intimidad y privada manera de ser.

Cuanta más posibilidad de elección tengamos los ciudadanos, mas proyectos podremos realizar, mayor cooperación social será requerida, y el conflicto tendrá a disminuir. La necesidad del intercambio transforma al temible extraño en socio de aventuras y emprendimientos.

 

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