LA PAZ AUSENTE
En medio de gritos, llantos y disparos uno no piensa en ¿porqué? sino en ¿para qué? Vivimos.
Hace unas semanas la escalada de violencia azota Bolivia, su centro La Paz; hace años sino décadas el odio y la muerte se ceban en las sociedades de Oriente medio más que en ningún otro lugar. Un nuevo éxodo de cristianos y musulmanes huyendo de la violencia impuesta. Hasta los judíos son victimas de su propio gobierno.
En medio de tanta desolación y dolor se entrega a una valiente mujer un premio. El reconocimiento a un anhelo mundial. El Nóbel de la Paz ha sido conferido a la catedrática iraní Shirin Ebadi.
Ella representa muchas cosas: una esperanza, una voz crítica, una actitud no ortodoxa. Pero ella no mata, ni roba, ni secuestra, ni amenaza para difundir sus ideas y vivir o tratar de vivir según ellas. Trabaja en la Universidad de Teherán y goza de la atenta mirada del gobierno y del estamento religioso. Es una mujer inocultable pero poco conocida aún en su tierra. Su proceder es pacifico pero tenaz. Puede no estar de acuerdo con muchas cosas pero se mantiene incólume. Su proceder es correcto según la tradición. El Príncipe de los Creyentes: Ali ibn Abi Talib (p) permitía la disidencia siempre y cuando no dañaran la vida ni la propiedad de los ciudadanos.
Ha recibido el espaldarazo de la elite intelectual occidental. ¿Lo recibirá de la propia sociedad islámica?
Violencia en La Paz
En Latinoamérica los problemas de violencia latente amenazan con destruir el orden institucional. Perú en mayo-junio del 2003 y ahora Bolivia. Allí los opositores han decidido violar toda norma civilizada para llevar al gobierno a un callejón sin salida. Han puesto en jaque la paz de La Paz y de toda Bolivia. Y erradamente la violencia ha recibido mas violencia en respuesta.
Las ideologías violentas solo atrasan el progreso de los ciudadanos pobres y ricos. Afecta más a los pobres, quienes quedan totalmente desprotegidos. Se ahuyenta la inversión y las oportunidades de empleo, se genera desconfianza en el sistema jurídico y legal. Se vulnera el sistema moral de propiedad y derechos.
Mientras en Venezuela la oposición busca colectar firmas para contrarrestar al “dictadorzuelo”, los grupos violentos de Bolivia han llevado a la muerte a los ciudadanos para luego clamar por su sangre y exigir la renuncia de Sánchez de Lozada. Ambos procederes muestran hasta que punto se respetan los derechos de los ciudadanos y cuan poco le importa al arengador politiquero las consecuencias de sus inflamantes discursos, es decir lo poco que valoran la vida ajena.
En Perú la violencia organizada políticamente ha decaído. Esta pendiente enjuiciar la década de ojos y oídos cerrados. Están los nuevos juicios por hacerse y recuperar los fueros del derecho en tal intento.
Toda sociedad que no posea canales de discusión y entendimiento establecidos claramente, respetados y valorados corre el riesgo de caer en dictaduras de cualquier color. Toda sociedad en la que se niegue al ciudadano su derecho a ser critico y hasta insolente con el gobierno de turno termina siendo pasto de la insolencia de la cámara que gobierna.
El respeto al disidente. La facultad para oír quejas y criticas. La capacidad para enmendar el rumbo, son las calificaciones para hacer del gobierno un ente capaz en la administración pública.
No se puede acallar la protesta con amedrentamientos, cárcel, ni desapariciones. Se debe oír y prestar atención. Investigar acerca de las causas del descontento. Ser consciente como gobernante de la propia falibilidad. Inquirir sobre las posibles soluciones.
El ciudadano merece explicaciones. Es capaz de entenderlas si demuestran la verdad y no maquillan la realidad.
El respeto a los derechos es necesario cuando se protesta. Si se traspasa el límite la autoridad debe tener en cuenta las consecuencias de sus medidas. Ante una masa enardecida se debe ser cauto y racional. La violencia ha engendrado más violencia y cuestiona los principios en los que se basan nuestras sociedades
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