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RATAS BLANCAS Y NEGRAS

Hay tantos productos nocivos al alcance de los niños que realmente no podríamos prohibirlos todos. Si se pudiera hacer tal cosa, el problema seria como controlar y hacer efectivas tales normas.

Lo principal esta en considerar si tal preocupación es atribución de los padres o del Estado.

El Estado paternalista pretende proteger a los hijos al margen de la decisión de los padres. No abogamos por que se prohíba el ácido muriático, que puede confundirse con la Inca Kola. Además, permitimos a ciertas empresas importar fuegos artificiales o incluso producirlos a cambio medidas de seguridad en su elaboración y comercialización. Wong ha organizado maravillosos espectáculos de tal índole. Pero claro ellos si tienen sentido común. Quienes carecen de sentido común son los miles de peruanos que no le damos importancia a la vida y salud de nuestros menores. Por ello se persigue la venta de los tradicionales cohetecillos y demás artificios explosivos de Fiestas Navideñas. Se prohíbe a algunos y se permite a otros. ¿Discriminación? Tal actitud solo ha demostrado un incremento del mercado ilegal. Del contrabando y la posibilidad de corrupción. Quienes ante una demanda cierta y segura arriesgan sus capitales para proporcionar el consabido paquete de explosivos no serán eliminados del mercado. Solo se trasladan al área oscura de la ilegalidad. Tornándose imposible conocer la calidad de tales productos. Aquí la Ley ha convertido en ruleta rusa lo que es una simple compra venta de instantes de magia.

No se les vende armas de fuego a los niños ni a los incapaces psicológicamente hablando. Solo quienes demuestran capacidad obtienen la licencia correspondiente. Quienes mejor pueden administrar la seguridad e integridad infantil son los padres o tutores correspondientes. Establezcamos criterios de seguridad en su venta. En lugar de redadas de captura de comerciantes y decomiso de mercaderías veamos como se pueden vender legalmente. Las farmacias venden venenos, pero tales productos tienen especificaciones indicadas en las etiquetas.

Es mejor permitir la venta legal de tales productos (fuegos artificiales) pero bajo premisas claras. Con controles de calidad transparentes. La responsabilidad de la salud de los niños, de los hijos, es una atribución paterna. No les restemos esa responsabilidad al otorgarle al Estado tal potestad.

De matrimonios, herencias y moral cristiana
La propuesta de la congresista Martha Moyano Delgado para permitir el matrimonio entre homosexuales esta en entredicho por la asociaciones de defensa de los derechos a la opción sexual. Pero todo se remite a un simple reconocimiento del derecho al patrimonio. Un sujeto común y corriente que trabaja años y logra acumular bienes muebles o inmuebles y ha de morir no es dueño de lo suyo. Así como lo leen. Estimados lectores ¿se han percatado que no son dueños de lo logrado con esfuerzo? La Ley que regula las herencias ha previsto despojarle a usted de la decisión de transferir lo suyo a quien mejor le plazca. Pues ha creado los "herederos forzosos". Aquí esta la madre del cordero, que no es el pascual por cierto. Si alguien tuviese la legítima facultad de transferir su patrimonio a quien quisiera los homosexuales no necesitarían una ley de matrimonios. Ellos básicamente reclaman por la imposibilidad de heredar de quien han amado y hasta cuidado hasta el último momento. Sin ser sentimentalistas ni pecar de intolerantes al arreglar la expoliación legalmente establecida, muchos entuertos de esta naturaleza se terminarían. El matrimonio desde una perspectiva monoteísta es con fines reproductivos. En un Estado laico no debería legislarse al respecto a menos que el Estado no sea tan laico como se proclama. Si un homosexual se casa y se va al infierno es asunto suyo. Pero si un creyente lo hace, sabe bien que es por la mayor Gloria de Dios. No tiene sentido pedir que el Estado intervenga en tales asuntos.

Es la fe de los contrayentes la que otorga fuerza y vigencia al contrato matrimonial. Sus consecuencias económicas están supeditadas a la libertad que podemos ejercer en el manejo de nuestros patrimonios y de nuestros cuerpos y mentes. Los sentimientos y las pasiones no deben interferir en la legítima aspiración a una recompensa por los años dedicados a alguien, sea quien sea.

Husain AbdulHaq
desbordecapital@hotmail.com



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