SUPERVISIÓN DE LA CALIDAD EDUCATIVA
Atacan la inversión privada so pretexto del nivel de calidad de los servicios educativos.
La informalidad existente en los servicios educativos se debe a los altos costos de apertura, diseño y funcionamiento de los mismos.
Las trabas burocráticas encarecen el servicio. Reducen el nivel de competencia al reducir el acceso de nuevos actores al mercado educacional.
Además, si tenemos educación “gratuita”, ¿quién pretenderá invertir de su peculio para la educación de sus vástagos?
El hombre común y corriente maximiza los beneficios, en consecuencia evitará gastar en aquello que se regala. La educación, salud, justicia, entre otros, son servicios que tienen un precio. Sólo que los financiamos todos, vía impuestos, así tenemos la ilusión de “gratuidad”.
Por ello los inversionistas son pocos, saben que no hay muchos clientes dispuestos a pagar. Y sin embargo a los pocos inversionistas se les acusa de inadecuada gestión y baja calidad. Pero no es así en todo lugar. Hugo Díaz señala: La razón principal por la que unos centros educativos asimilan mejor los efectos de la competencia que otros es una suerte combinada de dos factores. Por un lado, su capacidad de innovar a partir de un excelente conocimiento de lo que su clientela –padres y alumnos– quieren y necesitan y, por otro lado, ofreciendo servicios a costos competitivos.
Pero el Gran Servidor del Pueblo, el Estado y su modelo educativo hace años hacen agua y nadie dice: ¡cierren el ministerio! ¡No al adoctrinamiento! ¡No a la castración de la imaginación e inventiva! Ninguna ONG seriamente se plantea trasladar la propiedad y gestión educativa a la comunidad.
Las estadísticas de los últimos años señalan que la planilla del sector educativo ha crecido y el nivel de matrícula ha decrecido. Además, dados los niveles de desaprobación, retiro y deserción, la probabilidad que un alumno matriculado hoy en el primer grado de educación primaria o secundaria culmine el nivel en el periodo oficial es de 37% y 44% a nivel nacional, respectivamente. Esta probabilidad se reduce a bastante menos de la mitad en ámbitos de pobreza extrema y en las escuelas primarias unidocentes. Según estadísticas del mismo Ministerio de Educación.
Ante este panorama proponen los controlistas de la educación algo sensato al parecer. Supervisar mejor los centros educativos particulares, adecuándolos a una normativa general y establecida desde instancias superiores (¡angélicas quizás!).
Así se impide que inversores y promotores descubran lo que busca el cliente. Se distorsiona el mercado de oferta educativa. Se dificultan las propuestas innovadoras y experimentales.
La educación pública estatal también debe ser analizada objetivamente. Sus logros deben ser reforzados y sus carencias señaladas. Así mismo la educación privada. Pero pretender que la educación privada es la “mala” de la película es absurdo.
Cuanto más competencia se permita reduciendo trámites y eliminando requisitos la educación será mejor atendida.
Libertad para crear escuelas, institutos, universidades y cualquier sistema que facilite el aprendizaje. Sólo la privatización puede asegurarnos una educación de calidad para los más pobres.
Publicado en el diario Expreso de Lima Perú el 20/03/2005
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