LA TOLERANCIA CON EL ENEMIGO
En los tiempos de conflicto y divergencia es siempre tentador acabar con las voces disidentes, sin embargo no es esa la manera más efectiva de demostrar la corrección de las ideas.
A quienes abogan por acallar las ideologías violentistas, les recordamos que estas no se pueden eliminar matando o encarcelando a quienes las propugnan, sino contestando y venciendo en el plano de las ideas a aquellas opiniones. Además, se debe articular el discurso de modo que el publico común comprenda los beneficios y perjuicios de las ideas propuestas y que compiten por expresarse en el plano de la acción social.
Para comprender el fenómeno terrorista que nos aqueja por décadas, se ha escrito mucho, pero ¿cuán efectivas han sido las propuestas alternativas? Frente a las ideologías totalitarias solo la Libertad y la Justicia pueden sacar del error a las personas, mas ¿cuán justo y libre es el sistema político y social que tenemos?
Hoy en día voces altisonantes y casi beáticas, proclaman y exigen un mayor grado de represión, y hasta siguen señalando como delincuentes a quienes ya pagaron su deuda con la sociedad. Ante ello, recordamos los primeros tiempos del Islam, siendo Amir Al-Muminin: Ali ibn Abi Talib (AS) califa de los musulmanes, un grupo de ellos se autoproclamó dueño de la verdad: los Jawariy o Jariyitas; rechazando a los que no los seguían como incrédulos. Mientras estaban en un plano meramente ideológico y difusor, el Imam Ali (AS) indicó que no había delito por el cual se les pudiera encarcelar o castigar, pues se debía combatir lo nocivo de sus planteamientos con argumentos lógicos y verdaderos, hasta que las personas comprendieran dónde estaba lo correcto. Pero al dañarse la propiedad, torturar y matar gentes, el mismo Imam Ali (AS) decidió enfrentarlos con todo el peso de la ley y los combatió.
La libertad de expresión se considera un derecho nuevo y muy occidental, sin embargo es rastreable en la tradición islámica desde sus inicios, el que hoy algunas sociedades islámicas hayan devenido en gobiernos intolerantes, no se atiene al espíritu del Islam. y lo mismo nos esta pasando a nosotros.
Creyentes y no creyentes, demócratas y republicanos, hoy en el Perú se reclama "mano dura" contra la amenaza terrorista. ¿Es que no hay intelectuales que puedan explicar a los individuos cuál es el mejor camino para vivir en sociedad, sin reducirlo todo a lo militar?
Al-Mamun, califa abasida entre 813 y 833, fue más propenso a dar completa libertad a la discusión y propagación de distintos puntos de vista religiosos, puesto que su visión religiosa favorecía la demostración racional. Y para la época no había discusión más comprometedora que las disquisiciones religiosas. Mas hoy, en pleno siglo XXI, ¿quién polemiza con los grandes totems del marxismo, leninismo, maoísmo y demás ismos?
Necesitamos ofrecer ofertas ideológicas serias, no pastillas paternalistas y demagógicas. Las ideologías no mueren, solo se transmiten y compiten; si no las criticamos o se nos quita el derecho a polemizar ¿cómo podremos darnos cuenta de los errores que cuestionamos?
Ningún demócrata clama por eliminar esa aberración jurídica del delito de apología. Al respecto hay que ser tajantes, las ideas se combaten con otras ideas, no cosiendo los labios de nuestros detractores.
Somos optimistas, la sociedad únicamente pervivirá teniendo un sistema eficiente de justicia y libertades individuales, donde sólo se prohíba dañar los bienes, la salud y la vida ajenas. No seamos torpes e intransigentes. A quienes son creyentes se les ha confiado el secreto de la Misericordia de Dios, y los que no son creyentes saben que la Justicia tiene una razón que no es acalorada ni caprichosa. Para ello meramente hay que reclamar en libertad, libertad para ofrecer cualquier idea y libertad para profesarlas. Castigo y sanciones para quienes atenten contra la libertad y los derechos de los prójimos y respeto para quienes ya pagaron sus culpas de acuerdo al derecho mismo.
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