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LA TELEVISIÓN SI PUEDE AYUDAR


Esta por culminar el año lectivo 2003, tenemos escándalos éticos, malos modales y pésimos ejemplos publicitados a rabiar para formar a la juventud. Inocentes obligados a cargar con el ridículo epíteto de “esperanza del país” Con tales antecedentes ya prevemos que ocurrirá en adelante.

La común idea de que enviar a la escuela para formar a niños y jóvenes previene males y errores en la sociedad, es un mito. La educación formal es tan solo una parte de la EDUCACIÓN que adquiere el ciudadano del mañana. El aprendizaje de comportamientos necesarios para ser aceptado en casa, en el grupo de amigos y estudios, ser popular y obtener el logro de las metas; todos aquellos comportamientos que ve, oye y graba como imprescindibles para alcanzar lo ansiado, eso conforma la EDUCACIÓN del menor.

Las madres y padres al ver a sus hijos e hijas en actitudes nada aceptables, se preguntan ¿para qué les enviamos al colegio? Pero no se preguntan ¿qué ven y aprenden en la televisión? No reflexionan acerca de lo que escuchan en la radio. Ni de las bromas que hacen en su presencia. No pido ni valoro la hipocresía de cara al infante. Es que nuestros criterios de evaluación moral han cambiado.

Criticamos el uso indiscriminado de la violencia y el sexo en los medios. Pero no privatizamos los canales de televisión, única manera eficaz para contrarrestar la mediocridad de la televisión “gratuita”. Es obvio que al adquirir los derechos para ver tal o cual programación la selectividad del cliente se afianzara. Teniendo en cuenta sus valores y principios determinara el menú a solicitar. Así la televisión será un aliado en la educación de nuestros hijos.

Hasta ahora el consumidor directo de la programación no aporta un céntimo al costo de las producciones o enlatados que ve. Entonces no puede reclamar, no le asiste ningún derecho. Las programaciones son financiadas con la publicidad que se muestra durante la emisión televisiva. Si un film tiene muchos televidentes, obviamente habrá mas empresas dispuestas a poner su publicidad en ese lapso. Al competir los anunciantes se eleva el costo por minuto de publicidad en esa fracción de tiempo. Así el canal obtiene a los que más pagan. Y los anunciantes llegan a más gente. Sin embargo no importa que programa se emita por el canal. Eso no es asunto de la compañía anunciante. Es simple reflejo de los gustos de la platea. Pero si usted paga a un canal por ciertos programas, deberá informarse de que productos esta obteniendo. Podrá elegir la calidad y hasta el horario. Se asegura de si sus hijos están expuestos o no a programación indeseable, según sus propios criterios, claro esta.

Señalando los valores paternos a la próxima generación. La televisión si nos puede ayudar.

La impunidad carcome la institucionalidad
La crisis de valores refleja que las valoraciones están cambiando. Pero no podemos caer en el pragmatismo o la relativización de los principios en los que se asienta la convivencia social. El respeto a las normas. La respetabilidad de ellas emana de su justicia. La aceptación y acatamiento de las normas dimana de su comprensibilidad, utilidad y eficacia.

La respetabilidad de ellas se pone en duda cuando los infractores no son sancionados. Ello ocurre generalmente en proporción directa con el dinero o poder que el infractor detente.

La impunidad del funcionario es típica en las monarquías. En época de Felipe IV se quemaba en la hoguera a sodomitas comunes y corrientes, pero no se toco a los miembros de la nobleza ni aun a los bufones de la Corte que eran públicamente conocidos por tal delito.

Aquí no pretendemos enviar a nadie a la hoguera, se polucionaría más el ambiente. Además la ventaja de la democracia es que en ella se puede ejercer la libertad de expresión y crítica. Y corregir los entuertos.

 

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