¡Que hable Eliane!
Sólo faltan sus palabras, doña Eliane. Serían la cerecita que adorne la torta… Sí pues, si habla esta vez, se cae el gobierno. Y no quedaría porcentaje ni para el error estadístico.
Cómo estará de crítica la situación en Palacio que la pequeña Primera Dama, no abre la boca. Sólo aparece en el Salón Dorado, como adorno social, para la juramentación de un gabinete que poco o nada puede hacer cuando aparecen cada día más y más escándalos de corrupción.
Que hable ahora, doña Eliane, y nos ahorre tan oprobiosa agonía. Sería la consagración de ese florilegio (o, mejor dicho, prontuario de frases) que ostenta. Que diga algo sobre Diez Canseco, sobre Almeyda, sobre Almerí, o sobre el ITF, el alza de los precios o el TLC. Cualquier cosa, que la diga nomás.
Su inexistente “tiempo de los apus” nunca llegó. Ni los pituquitos ni los blanquitos de Miraflores movieron un solo dedo en contra de su nada sano y nada sagrado. Se cae de puro inepto que es. Y, es un crimen seguirlos padeciendo.
Cuidado con lo que dice
La lengua en política, es usada –como decía Orwell—, más para ocultar que para revelar; es más un medio para impedir que para expresar el pensamiento. Aunque, en este caso, no hace falta teorizar cuando los efectos son tan palpables.
Ni franqueza ni valentía. Era sólo la soberbia de saberse impune desde el poder, por lo que hablaba. Ahora, cuando ese privilegio se torna peligroso, es bastante tarde para hacerle caso a la doctora Hildebrant (“Cuidado con lo que dice”).
Pero no es ningún caso aislado. Dónde están, por lo demás, las voces del congresista Valdez, la del negro Risco o la de payasito Waisman. A Paulina Arpasi sólo la dejan hablar para que se pelee con la paisana Jacinta. El mismo Alan García se arrepiente horrores de haber incorporado huevear a su léxico florido, tal como en sus tiempos de díscolo gandul.
Todo el bestiario político se ha replegado en sus palabras. Ahora sí se las teme. Cualquier licencia que se dé doña Eliane será utilizada no en su contra sino en la del frágil hilo sobre el que aún se aferran todos los
políticos en conjunto. Es a sus privilegios a los que amenaza.
Lo que falta hacer
No se trata, entonces, de forzar una convenida “defensa de la democracia”. Por el contrario: Hay que defender a la democracia de gobiernos como el de Toledo. Líbrenos la Constitución de padecer el yugo de tanto corrupto y farsante junto. Esa es la garantía que debería darnos la Carta Magna.
Pero, hay otro detalle. Como en el gobierno de García, la sociedad sólo corre el peligro de ser arrastrada por los desastres políticos cuando el Estado (el gobierno) extiende con impunidad y ensañamiento sus tentáculos en las actividades y responsabilidades particulares.
Por ello es importante la libertad de mercado (además de la civil), porque evita que estas intromisiones y obstáculos en las decisiones privadas nos desbarranquen a todos. Esa también debe ser la prioridad en la necesaria reforma constitucional que se espera.
No obstante, ello no parece estar en la agenda de este feble gobierno. Que hable doña Eliane, entonces, y habrá fiesta… fiesta democrática, naturalmente.
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