LA ENCUESTA DE LAS DROGAS
Que las drogas sean el segundo mayor problema del país, según una encuentra de Cedro, revela hasta dónde ha crecido este problema con la prohibición.
El tráfico de drogas ilegales es, actualmente, el negocio que más dinero mueve en el mundo. Legalizarlo, a lo cual dice oponerse un 96 por ciento de los encuestado, significaría liquidar un comercio tan lucrativo.
Así es, no obstante, el planteamiento de la legalización contempla un peligro adicional, pues, el gobierno, con la misma facultad que prohíbe algunos fármacos, permite otros. E, inevitablemente, puede imponer algunos otros.
Quizás el caso de la Ley Seca norteamericana no sea muy recordado, pero el ejemplo es muy didáctico. El problema cesó cuando se derogó esa ley. Algo similar ocurrió tras la Guerra del Opio.
Algunas precisiones
La droga de efectos más devastadores es el alcohol. Y, sin embargo, su tráfico no sólo es legal: el gobierno promueve su consumo. E, incluso, algunas agencias publicitarias lo ayudan.
No es ésta una campaña en contra del peruanísimo pisco, aguardiente de uva nacional. Pero, su ejemplo, revela la doblez y la mala fe gubernamental en el tema de los fármacos.
En efecto, de por sí, el pisco, no transforma a su consumidor en antisocial, delincuente, adicto o asesino. Ello solo se da si quien lo ingiere ya ha decidido serlo. De igual modo ocurre con las llamadas “drogas ilegales”.
Antonio Escohotado, revela que el término fármaco (phármakon) significa remedio y veneno, a la vez. No una y otra cosa por separado, sino ambas juntas. Y, en cada sustancia que altera la rutina (por embriaguez, sueño o lucidez), existen dosis inocuas, medicinales o lúdicas, incontrolables y fatales. Según como se las vaya administrando. Casanova decía que en manos sabias, eran remedio; y, en manos insensatas, veneno.
Nada se dice, pues, de las propiedades médicas que se pierden con esta proscripción. El reciente caso de Holanda, es un paso en ese sentido. Los alucinógenos, en general, no crean hábito. Y, tampoco nadie se vuelve adicto de la noche a la mañana. Los casos de intoxicación mayormente se dan por la adulteración o mala calidad de los productos consumidos. Ningún proveedor delincuente da garantía.
No es este un alegato de quienes pretenden, para sí mismos, abrir las puertas de la percepción hacia paraísos artificiales sin la pesadilla del mundo mejor. En una sociedad donde hay libertad de conciencia, se han conculcado los derechos de todos para imponer las creencias de una mayoría sobre otra.
La prohibición, impuesta por patrones morales, y que ha criminalizado esta actividad, sólo ocasiona que se beneficien quienes se encuentren al margen de la ley. Y, también, quienes pretenden vender una salvación a este flagelo.
Antes de opinar es mejor informarse
Hace unos años, un funcionario de Cedro divulgó que la heroína produce el efecto de un orgasmo. Y, propuso una cura con metadona. No obstante, nada dijo sobre este desagradable sucedáneo sintético, seis veces más adictivo.
Esto no sólo revela ignorancia, sino un mero afán de obtener mayor financiamiento para su propio empleo. Contra ello, existe una excelente selección de artículos sobre el tema en www.mundoantiprohibicionista.net.
La intoxicación por drogas es un riesgo semejante a la manipulación de cualquier otro artefacto peligroso. Del mismo modo en que no dejamos ni los niños ni a los irresponsables al volante o a cargo de un arma, evitamos que se destruyan con algo que exige conocimiento y sensatez.
Si cada vez hay más niños y mujeres con problemas de adicción y más del 95 por ciento de estupefacientes circula con total libertad, debe aceptarse que la prohibición ha fracasado. Y, que su costo en perjuicios contra los derechos individuales y las garantías jurídicas es, sencillamente, catastrófico.
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