El Índice de la Libertad
¿Qué tan atrasados estamos del primer mundo y por qué? Esas son dos preguntas claves que nos puede absolver en cifras El Índice de Libertad Económica 2004 , presentado el lunes en el Club Empresarial y en la UPC.
Este libro, pleno de gráficos didácticos, puede explicarnos por qué tenemos la escabrosa sensación (en los bolsillos) de estar regresando a los desastrosos años ochenta.
Como se demuestra en este estudio –que desde hace 10 años realizan The Heritage Foundation y The Wall Street Journal —, estamos retrocediendo todo lo avanzado en el camino hacia la prosperidad. Sucede que cada vez gozamos de menos libertades y derechos.
No es gratuito, pues, que el ingreso per capita de cualquier país libre sea más de cuatro veces superior al nuestro. Ni que la tasa de mortalidad infantil sea de 30 por cada mil, cuando la media en aquellos sea de sólo 5 por cada mil.
Tampoco debe sernos extraño que la expectativa de vida en el Perú sea de menos de 70 años. Nueve años por debajo del promedio de los países con menos intervención estatal.
Este Índice señala que la excesiva regulación, mayormente municipal; las trabas burocráticas para la formalización de las empresas y el proteccionismo laboral que anula la competencia, son algunos de los factores que influyen en este retroceso.
Así también, que el proteccionismo en el comercio exterior, los excesivos impuestos y la falta de protección de la propiedad en el sistema judicial, tanto como la corrupción, son los principales lastres que impiden nuestro desarrollo y perjudican con mayor incidencia a los más pobres.
Esto desmiente el mito –como aseguró Ana Eiras de la fundación Heritage — de que en países como los nuestros no funciona el libre mercado como en Estados Unidos o Europa. No funciona porque no se ha aplicado ni remotamente con coherencia. Al hablarse de libertad económica, deben analizarse cuanto menos la libertad existente en estos aspectos.
Mientras mayores sean las atribuciones que los funcionarios públicos se arroguen, menores serán las posibilidades que tengan, los privados, de surgir. Los limitan. Menos aún, les permiten innovar o arriesgar en la inversión. De ahí la pobreza.
Que, casi el 60% de nuestra economía sea informal no significa otra cosa que la prosperidad se busque fuera del sistema legal impuesto. Las últimas medidas tributarias, como el inconstitucional ITF y su par, la bancarización, sólo van a incrementar este porcentaje.
Este es un referente para los inversionistas de todo el mundo. Ello explica sin problemas, por qué, por ejemplo, Chile es la única nación de esta parte del continente que puede lograr un desarrollo estable y continuado.
No obstante, aunque la limitación en el acopio de información sea inevitable en todo trabajo estadístico, sobre esta base se puede explicar cuál será la tendencia de los diversos países estudiados, según como cambien los indicadores utilizados en la metodología del mismo.
Así, no será difícil intuir que luego de la reforma constitucional que busca la protección de la propiedad privada, China será uno de los países que mejorará, a la par que su ubicación en el Índice, las condiciones de vida de sus habitantes.
No sucederá lo mismo en nuestro país. Menos si el Premier sigue justificando impuestos confiscatorios con arengas de sus épocas velasquistas. O, se premie con la impunidad a los funcionarios gubernamentales (como a Diez Canseco) o a sus entornos porque no se los limita constitucionalmente en su poder.
Hay que reducir la intrusión estatal en nuestras vidas. Eso es lo que indica este Índice acusador.
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