La tragicomedia de los pobres
Jurar “por los pobres del Perú” suena a burla. Pero, es rentable. Los políticos han hecho de esta “deidad” (los pobres) una razón para perpetuarse. Como los pobres biológicamente se multiplican más, hacen la mayoría.
Más pobres, más “mercado” para los políticos. ¿A quiénes les venden sus ilusiones, si no? Son la justificación perfecta para seguir medrando. No obstante, una vez en el poder, los favorecidos son quienes “invirtieron” en la campaña.
De ello, al parecer, ha tomado conciencia la mayoría. Ha resultado obscena la forma en que este régimen así ha procedido. Pero, aun con todo, no parecen escarmentar. Como en una comedia, van a la búsqueda de su próximo burlador. Eso es lo trágico.
“Por los pobres del Perú”
Seducidos, por ejemplo, por el aura bonachona de Beatriz Merino, muchos la hallaron presidenciable. Más aún cuando comenzó con su campaña proselitista por las zonas marginales. Pero, la ex Premier no hizo nada. No podía hacerlo. Y eso lo sabía desde mucho antes de aceptar el cargo.
“Vanidad de vanidades –como se lee en el Eclesiastés—: todo es vanidad”. Era pura y simplemente la seducción por el poder. Ello trastorna a estas gentes. Han olvidado, acaso, que antes de este “deslumbramiento” pasajero, ya se pensaba en vacar a Toledo, por incapaz.
La batalla se dio por la presidencia del Congreso entre Henry Pease y Antero Flores-Araoz. Era el camino más corto para pasar a los libros de historia (por lo menos a los textos de primaria). Querían achuntarla, como Paniagua. No con el voto popular sino con el apoyo del Congreso.
El objetivo ahora es el 2006, si no, antes. No escapa a esta tentación Javier Diez Canseco. “Aspiro a ser parte de una opción de gobierno –declara—. Y, la candidatura va a depender de cómo evolucionen las cosas”. Cálculo político, que le dicen. Todo sea por los pobres.
Mas, no es el único que se ha lanzado a seducir a su cuota de pobres. Con una participación más activa (“Este gobierno es mediocre”), Hernando de Soto también se ha puesto en el partidor. Los “partidos tradicionales” aguardan a sus tradicionales candidatos: García, que dio un paso en falso; Paniagua, cuyo silencio lo aleja; y, Lourdes Flores, por ambas cosas.
Este panorama no es tan diferente como el de hace dos años y medio atrás. Entre la lepra y el cáncer, el electorado, escogió de qué iba a padecer en los años subsiguientes. Y, con tanto “empobrecido” ilusionado con lo ajeno, escogió.
Administradores de la pobreza
No es con dádivas ni puestos de trabajo artificiales ni con privilegios ni con programas de ayuda como se progresa. Lo que se regala a uno previamente se lo ha de quitar a otro. Y ese nefasto juego de mutuas exacciones lo hizo de la manera más burda el actual gobierno.
Ello precisamente es lo que torna endémica la pobreza. Cuando se anula la competencia, no hay incentivos para innovar. Y, en ello, como en toda actividad humana existe un riesgo.
Mantener una burocracia de más de un millón de personas (El Estado) es asegurar a éstas con el dinero de quienes sí se exponen al riesgo (los privados). Así no se genera riqueza. Si se teme a la competencia, más y más jóvenes (y, no tan jóvenes) preferirán un puesto seguro y mediocrizante antes que hacer empresa con libertad. Y, es esto último lo que necesita el país.
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