Una transición democrática
El agente Sun desató la histeria en el gobierno. Si entrega otro audio o video (como el que especula Viaña), el régimen se caerá irremisiblemente y sin perdón. Es cuestión de días.
Del mismo modo, las cintas magnetofónicas entregadas por Venero, en donde se implica a seis congresistas de la actual coalición gubernamental en actos de encubrimiento, podrían ser la detonante.
Ni el espionaje ni la intriga ni la conspiración han hecho tanto para propiciar esta oprobiosa debacle como la propia ineptitud de tanto aprendiz de corrupto en el poder.
No se trata, pues, de azuzar la latente indignación pública sino de prevenirla. Una irrupción abrupta de las masas solo desataría un caos indeseable. Y, eso obliga a optar nuevamente por una transición democrática.
Si algo reflejan las últimas encuestas es, precisamente, este descontento. Solo esperan que Toledo y sus ayayeros se vayan. Para bien o para mal, esta también es la democracia: la voz del pueblo.
Un gabinete de ilustres como se viene proponiendo no amenguaría nada. Tampoco un recorte del período presidencial. Para empezar: ¿quién (que se precie) querría enlodarse con esta administración? ¿Se expondría a ser parte de una transición paralela que transe las futuras impunidades?
Esta propuesta es peor aún si se piensa en un desorientado ideológico como Carlos Ferrero al frente. (Ayer, por ejemplo, habló de que –oh, sorpresa— el inconstitucional ITF beneficiará al próximo gobierno. Nada dijo de los perjuicios que heredarán también por cumplir con todos los actuales desatinos toledistas.)
Contra el poder por el poder
Era algo que se veía venir: Después del fujimorato, solo se cambió la denominación de los cargos y las personas. Pero, la “estructura legal” quedó intacta. Y, es ésta la que permite la corrupción. Sin límites, todos los latrocinios directos e indirectos (“legales”) son posibles. Es hora de cambiar este sistema.
De lo que se trata es de consagrar como ley los acuerdos voluntarios de las gentes, no las imposiciones intencionadas de los legisladores. Mientras no haya una adecuada protección a la propiedad plural, la exacción compulsiva (como el ITF o los demás impuestos “solidarios”) impedirá cualquier expectativa de prosperidad, sobre todo entre los más pobres..
Mientras se propugne y crea que la ley debe servir para favorecer al futuro suegro, impulsar el empleo de los allegados, promover la industria del compadre, fomentar el cultivo de la variedad que siembra el amigo, controlar la eficiencia de los honestos para proteger a los incompetentes o dirigir la ineptitud pública en desmedro de la privada, seguiremos en la misma senda del subdesarrollo. Pero, aunque conexo, ese es otro tema.
Si, antes del fin, los camaleónicos sobrevivientes del régimen actual logran transar los términos de la transición, nuestra peculiar “democracia” habrá fracasado una vez más, como antes con el también deplorablemente corrupto gobierno de Alan García, por citar otro ejemplo. Ello debe vigilarse y evitarse.
La democracia, pues, no es un orden que permita el poder por el poder, como se ha consagrado de facto. Es la limitación del poder para que éste no invada las autonomías y responsabilidades individuales. Este y no otro es su sentido. Hay que bregar por ello.
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