MERINO: LA LIBERAL ANTIREFORMA
No a la reforma del Estado. Eso es lo que dejó en claro la doctora Beatriz Merino en su inaugural presentación ante el Congreso. El anhelo tan clamado desde los inicios de los años noventa tuvo, en manos de la estrenada Presidenta del Consejo de Ministros, un rotundo ¡No¡.
Ello, obviamente, no lo expresó de modo directo. Como era de esperarse, la autocalificada liberal envolvió sus antiliberales premisas bajo los mantos de un tecnicismo cargadamente populista. Nos indicó que nuestro Estado no era tan grande como se proclamaba, sino todo lo contrario. Cierto, nos dijo que el Estado peruano tiene el “pecadillo” de ser pequeño y ineficiente. Entonces, ¿será que una cosa jala a la otra y que para remediar ese “mal” hay que engordarlo?
Si ello es así, la tan mentada reforma estatal no es más que una exquisitez de unos cuantos y paranoicos puristas. De seguro, eso es lo que piensa doña Beatriz. Por lo menos de su boca salieron estas cavilaciones justificadoras de un orden de cosas que, a su llano entender, únicamente estaba “mal direccionadas”.
Empero, ¿ello es verdad? ¿O es que estamos ante alguien que sólo quiere convencernos que todo, en lo medular, seguirá intacto. Algo así como decir que todo cambiará, pero sin que nada cambie.
Lo impopular no va con ella. La ex jefa de la SUNAT nos anuncia que capear los males nacionales sin ningún costo de por medio es su especialidad. ¿Qué fue eso? ¿A qué sabe eso o cómo es que se digerirá tal manjar? Toda una incógnita.
Estamos ente el peligroso afán de contentar a tirios y troyanos que jamás nos ha llevado a buen puerto. La apuesta por una alquimia que nos promete una de esas “exitosas dietas” que nos “adelgazan” sin tener necesidad de quemarnos un gramo de grasa.
Un imposible. Es lamentable que una mujer como Merino haya caído en este tipo de disparates. De seguro la urgencia por contentar a las “furiosas” galerías la conminó a sacar la carta del populismo y de la demagogia.
A lo mejor el presidente la ha contagiado. Mas, no perdamos la perspectiva, la doctora es, antes que nada, una política de raza. Sin ningún reparo al respecto, como cual impresentable y “robacámaras” Javier Barrón, estamos ante una fémina apta para romper, al compás de un telúrico huayco (el Pío pío), el piso más sólido.
Así, la también ex congresista está totalmente fogueada como para decir y desdecirse con la misma soltura con la que sabe bailar una norteña marinera. Pero tampoco es para tanto. No es responsable apuntar que la reforma del Estado es un asunto de poca monta. El aumento del IGV a 19% demuestra que ello no es así.
En esta medida, ¿para quién se está gobernando? ¿Para las huestes de Perú Posible? ¿Será a aquella camada de oportunistas a la que doña Beatriz no ha querido asustar, a esos que, a lo mucho, simplemente ha “amenazado” con un cambio de escritorio?
Cosas como estas son las que terminan activado una catarata dudas. ¿Realmente doña Beatriz es liberal o le han contado mal el cuento del dejar hacer, dejar pasar?
El cuestionamiento es válido. No afrontar el cambio institucional abona en el ahondamiento de nuestros graves problemas. La informalidad y la evasión a la ley es una regla que discursos como los del viernes último van a radicalizar. Manifestaciones como esas únicamente apuntan a la profundización de la brecha entre el Perú real y el Perú formal. El país de unas gentes que prefieren los universos de la informalidad antes que depositar un solo centavo en las arcas de ese otro país que ni los mira ni los favorece. Justamente ese Estado quebrado y en perenne déficit que la dudosa liberal Merino prefiere por sobre todas cosas, incluso por sobre esas prosaicas pero dignas mayorías.
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