EL BERRINCHE DEL APRA
Justo cuando estamos ingresando a la carrera electoral el Apra empieza no sólo con un tropezón, sino con un alarde de iracundia propio de los años treinta. Así es, a patada limpia y con arrebatos el Apra quiere volver a cúspide de la “popularidad”.
La escena pudo ser a la inversa, pero la desesperación por el estrepitoso fracaso del paro nacional del miércoles 14 puso todo de cabeza en el partido de la estrella. Cierto, el zapatazo de García Pérez sobre la humanidad de un “compañero” y el berrinche de Armando Villanueva al devolver su Orden del Sol al presidente Toledo dibuja a la perfección la decepción que se vive al interior del Partido del Pueblo.
Se equivocó la Paloma
¿Se equivocó don Alan por involucrarse en un paro que en principio le era ajeno? La respuesta es obvia: sí, se equivocó de cabo a rabo. Pero ese no ha sido su único error. No olvidemos que el gobierno regional de Ayacucho, que está en manos del Apra, apoyó el paro del 21 de junio que llevó a cabo la facción del SUTEP que dirige el filosenderista Robert Huaynayala.
Así es, en menos de un mes el Apra ha demostrado lo torpe que puede llegar a ser cuando a su líder se le ocurre acelerar el proceso de cambio de mando. Es claro que todo esto sucede porque el olfato de García Pérez y las encuestas alertan que el tiempo se está convirtiendo en el peor enemigo de los compañeros.
¿Pero cómo remontar esta pérdida de hegemonía? Si luego de la campaña del 2001 el Apra entendía que la ruta de retorno al poder en el 2006 era un mero acto procesal, ahora quizá esté revisando las bases de ese alocado optimismo. A lo mejor lo primero que deberían de hacer sería buscar las causas de por qué perdió en esa oportunidad ante un candidato tan mediocre como Toledo.
Mentiroso, mentiroso
Antes de todos estos exabruptos Alan intentó acercarse a la derecha empresarial y a los sectores de la centro izquierda, pero ello no surtió efecto. ¿Por qué? ¿Qué fue lo ocurrió para que volviera a los suyos con las manos vacías? Es obvio que los motivos de esta primera pero casi invencible afectación de su imagen tuvieron que pasar por un sólo motivo: la palabra del ex presidente no vale nada.
El más de 80% de rechazo que tiene García en las encuestas debería llamar la atención de los dirigentes y militantes apristas. En cualquier otra agrupación política esto invitaría a cambiar de candidato. Pero no, eso en el Apra sería igual a un budista renuncie a adorar la imagen Buda.
Allá ellos, el reverenciar a un ser que para el grueso de los peruanos lleva incrustada la marca de la mentira y de la corrupción debe de ser un karma difícil de revertir. Pero ese no es el único inconveniente de los muchachones de Alfonso Ugarte, pues otra de sus taras es el no poder desprenderse de esas viejas mañas que hoy en día poco o nada le habrán de servir en su afán por recuperar el poder.
Cierto, en el presente los peruanos somos muy sensibles ante los yerros de sus políticos. Ello no se debe a un súbito interés por lo que en la política acontezca, sino porque simple y llanamente los detestan. Verdad, los tienen como delincuentes en potencia o como vividores del Estado. Sintomático, esta última huelga la han promovido conspicuos “no trabajadores”, sea porque están de licencia sindical (los de la CGTP), sea porque nunca han trabajado ni trabajarán (don Alan). Quizá he aquí todo un universo de causas de esta malquerencia, desubicación y rochoso fracaso.
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