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EL SÍ PERO NO AL LIBRE COMERCIO

Ha fracasado la reunión de la Organización Mundial de Comercio. El proteccionismo del primer mundo no ha podido imponerse sobre las ansias dizque liberalizadoras del los llamados países en vías desarrollo. Ahora las miradas y emociones de los antimercado se dirigen al Grupo de los 21 liderados por Brasil, China e India.

Como no podía ser de otra manera, en esta liga de descamisados se haya el Perú. De la mano de nuestras autoridades, no hemos tardado un ápice en involucrarnos en esta pugna entre pobres y ricos. Así, por enésima vez, apostamos por uno de esos esquemas que únicamente postergarán nuestro ingreso a la globalización.


El arte de mirarse el ombligo

La lógica que emplea el Grupo de los 21 es por demás sencilla. Si las potencias económicas del planeta no quieren abrir sus mercados, los pueblos “dignos” del mundo tampoco lo harán.

Pero claro, no se señala una cuestión por demás relevante: entre todos los que se han afiliado al lado de los pobres hay algunos más “pobres” que otros. Obvio, el Perú no es Brasil ni India, ni mucho menos fluctúa por el nivel de la muy singular miseria de la poderosa China.

Nuestra situación no empata con estos variopintos “abanderados” del libre mercado. Los intereses peruanos no son equiparables con muchas de las naciones que integran el Grupo de los 21, Chile en entre ellas.

El nivel de nuestra economía es tan ridícula que no estamos para remilgos. Caer en ello sería un gravísimo error. Tenemos mucho que perder si es que optamos por esperar una solución en bloque y mucho que ganar si es que tumbamos aranceles y allanamos el camino para una más directa y franca importación.

La condición en la que nos encontramos es de tal calibre que no podemos seguir con caprichos tercermundistas. Ello es lo que se está haciendo. No se puede mantener esta situación de no apertura a lo foráneo aguardando una solución que, buena o no, sabemos que demorará.


¿Y mientras tanto qué?

Si queremos solucionar los males que nos aquejan ello sólo es factible con una economía sana y pujante. Y para que ello se de lo peor que nos podría ocurrir sería reforzar el proteccionismo que tanto mal nos ha hecho.

Lamentablemente, eso es lo que se está asumiendo. En el reciente acuerdo de integración al MERCOSUR el Perú ha suscrito cláusulas que distan mucho de ser las propias de una economía abierta. Se insiste en sacrificar a los consumidores en favor de una industria nacional ineficiente. Peor es lo que atañe al tratamiento de la agricultura.

No se apuesta por la competencia. De manera irresponsable, se quiere imitar el pésimo ejemplo de Europa y EE.UU. Ello sería un despropósito. Los cerca de US $ 300.000 millones al año que el primer mundo gasta en subsidios agrícolas marca una inalcanzable distancia.

Tomemos las cosas como vienen, y no como quisiéramos que vengan. Allá los ricos con sus derroches y engreimientos. Nosotros no estamos para aventuras de esta traza. La descapitalización que nos agobia es suficiente motivo para rechazar esa posturas antimercado.

 

   

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