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EN DEFENSA DE LOS EXABRUPTOS

La libertad de expresión no debe de tener límite. Ella existe o no existe. No hay término medio. Así, cuando el ahora furibundo Rafael Rey califica de “delincuente” al presidente Toledo, lo único que está haciendo es ejercer un derecho.

Puede parecer absurdo o disparatado, pero el hecho de tener un derecho no necesariamente significa que la total decencia y sosiego estará con nosotros. Quienes creen que ello es así no saben que el precio de la libertad es precisamente el tener que soportar el mal gusto, la desubicación y hasta la grosería.

Hay que recordar que las palabras no matan. Ciertamente que en casos como este fastidian, pero ese fastidio va en directa proporción de la calidad de quien lanza la ofensa y de quien la recibe. Verdad, el honor y la dignidad de las personas no se van a venir abajo por el grito acusador y destemplado de un falsario, mucho menos ese mismo honor y dignidad habrán de “reconstruirse” en la vía judicial. Eso es un imposible. Ni la ley ni los magistrados pueden “salvar” el honor de nadie. Tal valor se lo construye uno en su día a día. Y en ese día a día, hay muchos políticos que están en escandaloso déficit.

Que lo dicho por Rey sabe mal, que es un exabrupto, una malcriadez o un acto heroico (según Valle-Riestra), poco importa. Hay que defender el derecho a expresarse libremente más allá de las medioevales investiduras. Ya los aristocráticos tiempos murieron, se entiende que ansiamos por vivir bajo una república y en una república no debe de haber privilegios para nadie.

Al respecto es verdad que nuestra legislación no asume una noción liberal de la libertad de expresión, pues restringe el uso a una “mayor libertad” de la misma a los que ostentan el anacrónico disfraz de la inmunidad. Así es, sólo algunos “afortunados” (como los congresistas y el mismo presidente, entre otros estamentos) tienen el derecho a opinar libremente, mientras que el resto de los mortales vivimos inmersos bajo los rigores de una Carta Magna que ofensivamente nos recuerda (artículo 2º, inciso 4) que nuestro derecho fundamental está diseñado desde aquellas “responsabilidades de ley” que anulan toda esa cacareada libertad que no tenemos.

Ello no es accidental. Desconocemos la noción de una Ley igual para todos. Sólo calibramos a la “perfección” el peso de la libertad cuando nos hallamos en esas situaciones límites que siempre terminan por desbordarlo todo, incluso esas represivas y antiliberales constituciones que nos adornan desde el inicio de la República. De esta suerte, si con insultos y groserías hay que abrirle camino a la libertad de expresión, entones que así sea.

Rey tiene todo el derecho de hacer el ridículo y quedar como un orangután de última hora. Cada quien es dueño de sus virtudes y vergüenzas. Si el no haber tenido la misma actitud frente al fujimontesinismo lo descalifica para erigirse como un referente ético en la lucha a favor de la moralidad pública, pues no hay de qué temer.

Ningún honor debería de sentirse afectado por acusaciones provenientes de quien durante una década hizo mutis del amiguismo y corruptela (con falsificación de firmas incluida) del gobierno de Fujimori. Que nadie tema porque le digan delincuente, salvo que se tenga rabo de paja… y se viva atormentado porque a lo mejor se descubre que ello era cierto.

desbordecapital@hotmail.com

 

   

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