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EL ESPEJO ROJO DE ILAVE

Ilave amenaza ponerse bravo otra vez. Como si no fuera suficiente el asesinato del 26 de abril, ahora un sospechosamente organizado “clamor popular” lanza el grito de guerra: ¡liberen a Sandoval! Con ello se evidencia que el linchamiento del alcalde Cirilo Robles fue producto directo de la delincuencial ambición de quienes ejercen poder político.

Así, se deshace totalmente el ridículo pero peligroso argumento de una quimérica “nación aimara” harta de pertenecer al Perú. Allá quienes se creen esa bravuconada étnica. No hay que dejarse timar. El afán puramente político es lo que lo configura todo, incluso el crimen.

Buscar otras causales es ocioso. El eterno pretexto del “pueblo pobre y olvidado” no es justificante de la violencia. Aquí lo que existe es el imperio de aquellos que se han terminado erigiendo en los primeros responsables de esta muestra de apabullante salvajismo (la autopsia incluso habla de desollamiento).

Cierto, no hay que soslayar que movilizaciones de este nivel (que amenazan reproducirse) sólo pueden ser activadas por los profesionales de la intriga y la manipulación. No es casualidad que el grueso de los involucrados, incluido el burgomaestre Robles, provengan de las canteras de la izquierda más rabiosa y retrógrada. Eso es lo que son Pucallacta, Bandera Roja, Patria Roja y obviamente el propio Sendero Luminoso.

Estas escuelas del resentimiento únicamente han sabido obsequiarnos toda una casta de saqueadores que el Estado acoge no sólo sin reparos, si no que hasta pereciera que este estuviera especialmente diseñado para acogerlos. No en vano es el mismo Estado el que los forma y luego les da trabajo.

Y luego hay quienes se quejan que el Estado los tiene abandonados. Absurdo, es precisamente la excesiva presencia del mismo lo que pervierte los espíritus. Desde él y por él se asume que la mejor manera de “ser alguien” es mediante el secuestro del poder político. Esto es letal en un país carente de la más mínima convicción de lo que es el derecho y la propiedad. Bajo este tenor es imposible pensar que aquello que llamamos Estado pueda ser sinónimo de civilizada institucionalidad.

Si las bases del más elemental respeto al “otro” nos son extrañas (¿acaso por ser importadas?), qué podemos aguardar de aquello que históricamente se alzó como un abusador nato. Irrefutable, eso es lo que es el Estado. Su vocación por el acatamiento a las leyes no precisamente ha sido la constante. Todo lo contrario, su principal característica es eludir su propia legalidad. En esa medida, no debe llamar la atención la proliferación de ex militantes de la izquierda más furibunda dentro de las diferentes jerarquías del aparato estatal.

De seguro juzgan que ese es su hábitat natural. No es de extrañar, eso es lo que ha parido la educación pública. No olvidemos que el grueso de nuestras universidades “nacionales” están en manos de estos personajes, siendo que allí se suscita la peor manera de entender no sólo la política, sino incluso las relaciones humanas. Todo lo sórdido y vil que luego se ve en el comportamiento público se aprende en estos ámbitos.

De seguro hoy por hoy muchos de estos “camaradas” han dejado lado sus doctrinas “clasistas y combativas”, pero lo captado a tan tierna edad no se esfuma tan fácilmente. Esa febril radicalidad por hacerse del poder más allá de modales y delicadezas quizá no les sirva en la hora actual para ninguna revolución, pero muy bien pueden emplearla para sus personales fines.

El principio leninista de “aquí todo vale” junto con la expresión maoísta “salvo el poder, todo es ilusión”, les ha proporcionado a estos vividores de lo público todo un bagaje de justificaciones. El incentivar el linchamiento es solamente una variante de sus viciadas ínfulas mesiánico-empresariales.

Si concentraran toda esa energía en el campo de lo exclusivamente privado a lo mejor nos obsequiarían un buen motivo para ser optimistas, pero no, el rufianesco colectivismo que bebieron en su juventud les impide siquiera oler esa posibilidad. Para ellos el motor del cambio, su cambio , es “lo político”, mientras que para los que queremos la civilización y el progreso el cambio sólo es viable fuera de lo político y del Estado.

desbordecapital@hotmail.com

   

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