MAMONES 2006
Su firma vale oro. 302 nuevos partidos políticos están a la casa de su porción de ubre: una curul o la misma presidencia de la república. Llenar las listas de rigor para luego inscribirse en el Jurado Nacional de Elecciones es la inmediata obsesión.
No cabe duda que la sed por el “servicio público” es conmovedora. El pensamiento que los empuja a involucrase en este tipo de aventuras tiene su lógica. Ellos dirán que si los corruptos y fracasados de siempre aún medran desde del poder político, por qué yo puedo hacer lo mismo.
Al fin de cuentas, como reza el criollísimo dicho, donde entra uno entran dos, y en donde hay diez bien pueden haber once, doce, trece... En suma, como me dijo un muchacho presto a que le asiente mi rúbrica en su planilla, “ayúdeme a ganarme un sencillo.” Ciertamente, la extensión de un tipo de solidaridad que rápidamente mutará aprovechamiento.
Lluvia de millones
El 2006 es su mira. Que se cuiden los conocidos de siempre. Los nuevos mamones de la política nacional están al acecho. Ahí están desde los Humala hasta los reivindicativos clasemedieros, pasando por toda una variopinta gama de dizque humanistas, solidarios, chamanes y profetas inoculados con todos los ismos habidos y por haber.
Nadie quiere perder la oportunidad de treparse al universo de beneficios que el no tan candoroso afán por servir a los demás obsequia. Verdad, aunque don Henry Pease se irrite, las más de las gentes que se lanzan a las aguas de la política lo hacen con el único objetivo de saciar sus egos, egos que tendrán como único y exclusivo alimento nuestras alicaídas bolsas.
En estos campos, detrás de cada ser honesto tenemos una enorme cantidad de sinvergüenzas. Mientras que unos ostentan respetables hojas de vida otros sólo saben de prontuarios. Un tipo de éxito en el ámbito privado es muy difícil que ingrese así por sí en lo público. Empero, hay quienes nos quieren hacer creer que ello es normal, que no hay por qué sorprenderse por esos súbitos y enternecedores virajes.
Firma nomás
En un país como el Perú, donde las tasas de desempleo y subempleo son apabullantes, inventarse una salida original a la crisis es un hecho lógico. Eso es lo que es el famoso “recurseo” y el célebre y celebrado “mil oficios”. Ello es lícito por donde se le mire, claro, siempre y cuando se quede en la esfera de lo comercial, pero cuando aquello se adentra en la cosa pública todo cambia.
Muchos de estos aspirantes a salvadores de la patria podrían comportarse a sus anchas dentro del mundo de los negocios. Imaginación, arrojo y desfachatez les sobra, pero siempre lo más “fácil” es determinante.
El ganarse el premio mayor de la lotería es el sueño de todo desocupado. Eso aliviaría todos los problemas. Nuestro esquema electoral, al ser una variante de los juegos de azar, es perfecto para este tipo de cometidos. He ahí el soporte de toda esa inmensidad de aspirantes a candidatos que bajo la monserga del servicio a la nación sólo abonaran en los desfalcos y latrocinios.
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