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EL QUIEBRE DE LO POLÍTICO

El país marcha por sendas totalmente distintas a las que presumen los políticos. La ruptura entre el discurso y la realidad no es un fenómeno exclusivo de ineptos como Toledo. No, ya anteriormente García y Belaunde padecieron del mismo flagelo. Incluso la improcedencia de Sendero Luminoso como la del MRTA se configuraba radicalmente absurda desde esta misma lógica.

Si Fujimori pudo esquivar durante casi todo su régimen este karma y saborear un alongado apoyo popular fue porque, muy a su manera, supo ser menos pretensioso que el resto de sus predecesores. Mas, el precio de su presencia en el poder fue por demás oneroso. Aún así, es innegable que buena parte de la población le guarda una añoranza que difícilmente pueda ostentar alguno de sus democráticos adversarios.

Quizá esto sea el quid del asunto. Esas maneras omnisapientes del político profesional hace tiempo que han dejado de importarnos a los peruanos. El ofrecimiento barato, el gesto falso y la dádiva calculada no van más. Presentarse como aspirante a un municipio, al congreso o al mismo sillón de Pizarro, no puede sino activarnos una inmediata repulsión.

El grueso de los peruanos están tan ocupados en su día a día que el saber de la política y de los políticos sólo puede ser interesante si es que alcanza aquel nivel de relajante morbo que todo ser humano asume como balsámico luego de haber tenido una tensa y agotadora jornada de trabajo. El video-porno, el video-coquero, el video-gay y demás sólo pueden ser llamativos desde la más procacidad más lúdica.

Esto no es un defecto de los “incultos peruanos”, sino una palmaria y hasta hoy silenciosa pero tajante muestra de un nacional hastío para con todos aquellos que viven y aspiran a vivir del Estado. Esa es una manera de decirles ¡largo de aquí!

He aquí el ritmo que tanto la fuerza de la demografía como la de los desengaños ha impuesto. Desde este orden de cosas, el “quiso pero no pudo” habrá de ser el epitafio de esos “patrióticos” salvadores que ya poco se diferencian de los más duchos timadores. Así, los programas paternalistas, sean de derecho y de izquierda, hace ya tiempo que han dejado de cautivarnos.

Estos, hace ya buen rato, están inmersos en la lógica de esa modernidad que sólo puede exigir respeto a la independencia personal y a la propiedad privada. Tal es lo que no se quieren ver. Bajo esta estela palmariamente comercial el peruano del presente lo menos que necesita es un Estado alentador de gravámenes expropiatorios y extorsivos como el fujimontesinista Impuesto de Solidaridad y el presente popytoledista Impuesto a las Transacciones Financieras. Y mucho menos se requiere de una SUNAT que sólo ansía, desde la mentalidad del más implacable de los burócratas, convertirnos a todos en ciudadanos-portapliegos.

Para enfrentar este presente que nos agobia no hay otra alternativa que abandonar esa anacrónica pretensión de que la política es la que cura todos los males. Precisamente por ceñirnos a ese patrón es que nuestra historia republicana ha resultado todo un fiasco.
Dejemos que sean los propios peruanos, desde sus muy humanas apetencias por valerse por sí mismos, los que marquen la pauta. Que el mercado rija nuestros destinos y no los “pobres diablos”.

desbordecapital@hotmail.com

 

   

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