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¿La vuelta del Senado?

¿Vuelve el Senado? Quién sabe, de aquí al jueves todo es posible. Ahora que ya sabemos de la “férrea” y “determinante” capacidad ejecutiva de Flores-Aráoz, no hay que extrañarse que el debate se postergue nuevamente. Así, lo único claro que se tiene es que el negociado está a la orden del día.

Será desde estos camorrescos aires que los mal actuales congresistas habrán de pretender reinventarnos un Senado. Obvio, a su imagen y semejanza. Pensamientos “potentes” y “lúcidos” como los de Pacheco, Valdez y Chuquival habrán de dar la hora. Ya quisiera uno verlos ataviados de la toga senatorial, como a la vieja usanza romana.

¿Cámara pensante se dijo? ¿De dónde salió tamaño disparate? Que yo sepa la opción de volver al Senado es para frenar las barrabasadas y exabruptos que la cámara única suele convertir en ley. No tiene otra razón de ser, salvo que el delirio y la pendejada entren a tallar. Justo lo que va en la propuesta de quienes postulan repetir la experiencia de los senadores vitalicios. ¿Tufo bolivariano? ¿O acaso la resultante de un angustiado Toledo con un desesperado García jugando sus fichas?

¡Ups, el caballo de Calígula también llegó a ser senador! Pero no es para alarmarse. Una instancia que frene los demagógicos apetitos siempre es bienvenida, empero lo que alarma es la manera como se nos va asomando el retorno de una cámara que antes que de la inteligencia comienza a brotar desde el acomodo y la connivencia.

El famoso “dame que te doy”. No hay remedio, la política es así. Siendo que ello se torna más radical cuando aflora el coyuntural afán de quienes buscan allanar los caminos de la impunidad luego de que dejen el gobierno versus los que sacan cuentas de cuántos nuevos “compañeros”, “camaradas” o “correligionarios” se sumaran a la teta de los dieciséis sueldos anuales.

Evidentemente, el peligro está en que ello termine como un enorme taparrabos de nuestros cada vez más inelegantes políticos. Los mismos que dieron el sí por el voto a los militares y policías pero dejaron de lado el voto voluntario. Una torpeza, no es igual ser un civil y verse obligado a sufragar que ser un uniformado conminado a lo mismo. ¿Han reparado los riesgos que eso encierra? Y después nos quejamos.

El peruanísimo arte de mutilar la lógica y real sentido de las cosas es lo que nos hace temer que se olvide que el principal objetivo de tener una cámara alta es mediatizar a un Legislativo que ostenta unos poderes casi omnímodos. ¿Han imaginado la infinidad de burradas que un legislador puede consagrar como ley? Casi lo todo le es posible.

No existe actividad humana que no sea de su incumbencia. Bajo este aserto es ilusorio concebir que la presencia de un Senado venga a remediar nuestros males. Pensar así es caer en un absurdo. Es creer que los senadores son unos especimenes diferentes al resto de los mortales. Cuando lo que nos interesa es que se tornen en una estorbo para los antojos y ocurrencias de los diputados.

¿Que eso cuesta? Claro, y qué es gratis en este mundo. Ese es el precio que hay que pagar por tener que depender de los políticos y del Estado.

 

 

   

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