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¿SOCIALISMO DE DERECHA?

La desunida Izquierda Unida quiere volver a unirse unidamente. Sí, así como suena, tan chirriante y cacofónico como de costumbre, los chicos y chicas de la avanzada “clasista y combativa” quieren volver por sus fueros. Pero claro, es una vuelta a lo siglo XXI, es decir, solapamente marxista.

No cabe duda, los nuevos tiempos tienen sus efectos. Aquellos que “sacrificaron” su juventud en aras de una “lucha social” que les extirpó la capacidad sonreír por décadas, ahora muestran su dentadura y don de gentes sin ningún inconveniente. Al fin y al cabo, ellos también son humanos. El esteriotipo del hombre serio y zaheridor quedó atrás.

Si antes la consigna era hacer añicos toda alternativa ajena a sus trincheras, hoy los aires ecuménicos inundan sus discursos. “Vengan todos a mí”, o mejor dicho, “vengan casi todos a mí”, es su nuevo lema principista, unos principios que tienen fecha incluida: el 2006.

Dicen que han cambiado, que los años no han pasado en vano, que sólo Dios y los idiotas no cambian. Nada que hacer, tienen su orgullo. Ellos no van a estar pidiendo perdón por los exabruptos que durante más de tres décadas solo han sabido empobrecer al Perú. Es más, de frente, y sin tapujos, señalan que los únicos causantes de la miseria nacional son el libre mercado y el exacerbado liberalismo. ¿Cuál, dónde, cómo?

Olvidan que el Perú siempre ha sido un país de carencias. Que la constante no ha estado por la apertura al mundo y el respeto a los derechos de las personas y a su propiedad, sino a todo lo contrario.

Precisamente, su postura de izquierda tercermundista es la que asume al afán empresarial, a la especulación y al lucro como una encarnación del mal. Innegablemente, estas fobias anticapitalistas los coloca en un serio dilema: ¿cómo ser socialistas y a la vez proclamar a los cuatro vientos que se tiene la solución para la capitalización del país? ¿Acaso van a derechizar su discurso?

No hay que dejar de recordar que los eternos “abanderados de los pobres” alentaron el rompimiento constitucional que trajo a Velasco Alvarado (1968). Para ellos la política (su política) era más relevante y “constitucional” que el respeto a la propiedad, a las libertades económicas y a las leyes. Ese era el tenor de aquella “tercera vía” que hoy Diez Canseco y compañía quiere vender como una novedad post siglo XX.

Así, pues, los que con su irresponsabilidad hicieron que Fujimori se alzase con el triunfo en 1990 (el APRA entra aquí) o que Sendero Luminoso naciese y perdurase, son los mismos que ahora, luego de poner (y de mantener) a un inepto como Toledo en el poder, se ofrecen como el punto de equilibrio y de moderación. Según sus voceros (como Sagasti), temas como la apertura comercial y la reforma del Estado pueden ser abordados por las huestes antiguamente pro proletarias. Difícil de creer, pues fueron los ideales asistencialistas y estatizantes los se encargaron de forjar este Estado que nos roba sin piedad cada palmo de la riqueza ganada en una libre competencia que a la izquierda le causa asco y repulsión.

Si de tener la receta para ser más pobres de lo que somos se trata, no tengamos dudas de que el socialismo peruano se la sabe de memoria. Este, en su enfermizo afán por “igualarnos” a cocachos, lo único que han sabido hacer es descapitalizarnos sin piedad y hacer más aborrecible, para el común de las gentes, tanto al Estado, a la política, y a los políticos.

 

   

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