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MAX WEBER Y EL ESPÍRITU DEL CAPITALISMO
INTRODUCCIÓN: EL CAPITALISMO Y LOS HISTORIADORES
Tanto académicos, políticos y la opinión pública en general, cuando se refieren al capitalismo como sistema de producción de bienes y servicios, tienen como referente conceptual una versión caricaturizada y tergiversada de dicho modo de producción; siendo la constante de su narrativa una serie de mitos, leyendas y dogmas que se han impregnado en lo más hondo de nuestra conciencia individual. Lo más grave del asunto es la influencia y consiguiente difusión que ejerció esta versión en los historiadores, específicamente en los historiadores económicos del capitalismo. Como bien señala Hayek, "muchos intelectuales han hecho del estudio de la historia económica un instrumento de agitación política -lo cual ha ocurrido en muchos casos, desde Marx y Engels hasta Werner Sombart y Sidney y Beatriz Webb, también muchos científicos, que creían honestamente penetrar los hechos históricos sin prejuicios, produjeron resultados apenas menos unilaterales".
Podríamos decir que la economía se ha impuesto como Norte en la brújula histórica de la interpretación socialista, la misma que se ha impuesto en el pensamiento político desde hace varias generaciones. Siguiendo al Premio Nobel de Economía de 1974 : "lo más digno de observar en esta interpretación histórica es que la mayor parte de las afirmaciones a las que ha dado la categoría de "hechos que todo el mundo conoce" se ha demostrado hace tiempo que son ficciones, sin embargo estos "hechos" siguen siendo aceptados casi universalmente como los fundamentos sobre los cuales se basa el juicio sobre el orden económico existente".
Uno de los intelectuales que más ha ayudado de forma protagónica a superar las ficciones, mitos y leyendas que sobre el Capitalismo se han tejido, es sin lugar a dudas el maestro alemán Max Weber.
Haciendo una exposición histórica clara y concisa, el sociólogo monitorea etapa por etapa el desarrollo del "espíritu del capitalismo" abordando diversos aspectos (rasgos determinantes) que van desde la economía de los intercambios y su correlato jurídico e institucional hasta los fundamentos éticos en los que en última instancia se sustenta el sistema de apropiación privada de los medios de producción.
Hay dos puntos que merecen ser tenidos en cuenta al momento de evaluar el trabajo de Max Weber:
En primer lugar su actitud científica frente al Capitalismo: nos referimos a la tarea intelectual de desagregar el objeto de estudio en unidades de análisis para una mejor comprensión y explicación del fenómeno. Como sabemos la realidad social -"los mundos" en términos de Popper- está compuesto de un número infinito de elementos. Dada esta condición debe realizarse una operación de aislamiento de las variables relevantes para luego establecer un orden y la consiguiente jerarquización.
En segundo lugar -y este punto como efecto del anterior- el esfuerzo por delinear el fenómeno investigado. Para ello enumera explícitamente -como veremos más adelante- las características esenciales del sistema de "libertad natural", como diría Adam Smith.
Este es a nuestro juicio el núcleo central de sus dos joyas bibliográficas a saber: La Etica Protestante y el Espíritu del Capitalismo y su Historia Económica General.
En el presente ensayo focalizaremos nuestra atención en la segunda obra mencionada, sin perjuicio de invocar la primera a fines de aclararnos la ascesis del capitalismo.
I. EL MARCO CONCEPTUAL WEBERIANO
Weber en su libro Historia Económica General nos proporciona un marco teórico alternativo de la "historia oficial" del capitalismo. Para ello nos remite a sus orígenes, destacando en el devenir histórico características que sólo le son propias a Occidente con su impronta universalista.
Cuando el sociólogo se refiere al capitalismo pone el acento en un "racionalismo" de tipo específico y peculiar de la civilización occidental. En aras de vislumbrar este racionalismo, el autor se interesa por resaltar cuáles son los pilares básicos que diferencian el capitalismo occidental de otras sociedades de antaño. Este es el gran esfuerzo y aporte que a nuestro parecer debe ser destacado.
Para un mejor encuadramiento conceptual lo primero que hace es refutar las frases que comúnmente etiquetan al capitalismo y que lo hacen detestable a los ojos de los demás. A continuación analizaremos algunos de ellos.
1.1. EL LUCRO Y LA NATURALEZA HUMANA
Usualmente cuando se apela al Capitalismo se relaciona -en términos de Weber- de forma inmediata con el frío y sórdido "afán de lucro", con la "tendencia a enriquecerse", sobre todo a enriquecerse monetariamente en el mayor grado posible. Es preciso, por tanto, como dice el autor en La Etica Protestante y el Espíritu del Capitalismo, abandonar, de una vez para siempre, un concepto tan elemental e ingenuo del capitalismo, con el que nada tiene que ver (y mucho menos con su "espíritu") la "ambición" por ilimitada que ésta sea.
El afán de lucro, y la tendencia al enriquecimiento más que una característica del capitalismo occidental como sistema, constituye una de las facetas de la compleja naturaleza humana. Al respecto ya la Escuela Escocesa de Adam Smith, A. Ferguson y David Hume y también las consideraciones de Bernard de Mandeville han contribuido decisivamente a describir la condición humana.
Lo que estos autores querían dar a entender es que el afán de lucro, el enriquecimiento y toda ambición humana es movilizada en última instancia por un interés personal. No hay acción humana si no es por el interés personal de quien lleva el acto a cabo, los que pueden ser sublimes o perversos según sea el objeto a que apunta la acción y los medios a que se recurre pero, en ambos casos, se actúa debido al interés personal del sujeto actuante.
Estas motivaciones siempre han existido, "se encuentran -dicen Weber- por igual en los camareros, los médicos, los cocheros, los artistas, las cocottes, los funcionarios corruptibles, los jugadores, los mendigos, los soldados, los ladrones, los cruzados...en todas las épocas y en todos los lugares de la tierra, en toda circunstancia que ofrezca una posibilidad objetiva de lograr una finalidad de lucro".
Es notable el anticipo de Weber al posterior cuestionamiento de lo que en la economía neoclásica se conoce como el "Homo Economicus"; caracterizado como la suma aritmética de costos y beneficios monetarios. No olvidemos que para Weber el afán de lucro es "un sentimiento universal" es decir, es un elemento ineliminable, constitutivo de la naturaleza humana, y por eso es transcultural, al punto de que las sociedades y culturas del pasado, y las actuales, son meros canales institucionales, no obstante su diversidad, para expresar ese afán de lucro.
Hoy gracias al aporte de la Nueva Economía Institucional, el análisis costo-beneficio se extiende a otras áreas de la acción humana e incorpora en la toma de decisiones otros valores, ya sea el mero placer, prestigio, poder, rédito espiritual, entre otros. Los exponentes más representativos, de lo que se ha llamado la "Nueva Economía Institucional" han sido galardonados con el Premio Nobel de Economía, casi en forma sucesiva -entre ellos destacan Ronald Coase con la Escuela del Análisis Económico del Derecho, Douglass North y la Escuela de los Derechos de Propiedad, James Buchanan con la Escuela de la Elección Pública y por supuesto la Escuela Austríaca de Economía con Friedrich Hayek-. Lo que queda claro es que toda conducta humana está sujeta a un análisis costo-beneficio, desde el empresario que trata de maximizar ganancias hasta el monje que ayuda al prójimo para conseguir una satisfacción espiritual. En fin, todos buscan "lucrar".
No podemos evitar dejar de mencionar, que quienes más luz han dado a este respecto es la Escuela Austríaca de Economía, liderada por Ludwig von Mises. Existen muchos testimonios bibliográficos que acreditan la estrecha relación entre Mises y Weber. Hay un libro autobiográfico de Mises, Notes and Recollections, también en Epistemological Problems del mismo autor. Pero el registro más elocuente de la influencia de Weber en Mises la podemos notar en el Seminario de Mises siendo uno de los temas favoritos la Sociología, especialmente la Verstehende Soziologie de Max Weber y los problemas relacionados con ella.
De hecho Mises, con su tratado general de la economía, La Acción Humana, pretende, entre otras cosas, responder al desafío intelectual originariamente lanzado por el sociólogo alemán, relativo a la necesidad de elaborar todo un corpus teórico integrado que permitiera interpretar y hacer la Historia. Es decir, toda una teoría social unificada que hiciera posible la interpretación de la realidad histórica.
Mises se da cuenta de que la Economía, que en un principio había surgido centrada en torno a un tipo ideal histórico en el sentido de Max Weber, el homo economicus, gracias a la concepción subjetivista de Menger, se generaliza y convierte en toda una teoría general sobre la acción e interacción humana: la Praxeología.
Respecto del lucro y el enriquecimiento hay una anotación de Weber que finalmente merece ser observada. El capitalismo precisamente lo que ha logrado es atemperar o frenar el impulso irracional lucrativo. Modernamente podemos decir que todo empresario por más afán de lucho que tenga para poder sobrevivir en el mercado debe satisfacer al soberano consumidor.
La idea de la Mano Invisible es el primer rastro de lo que contemporáneamente se conoce como el mercado. Hay una cita muy prolífica de Adam Smith -en su Teoría de los sentimientos morales- cuando se refiere a los ricos y su posicionamiento en el contexto del mercado: "Los ricos, a pesar de su egoísmo y rapacidad naturales, aunque sólo buscan su propia conveniencia y aunque el único fin que persiguen con los trabajos de los miles que emplean es la gratificación de sus propios deseos, vanos e insaciables, comparten con los pobres el producto de todas sus mejoras. Son llevados por una mano invisible a hacer casi la misma distribución de las cosas necesarias para la vida que hubiera sido hecha de haberse dividido la tierra en proporciones iguales entre todos sus habitantes; y así, sin intentarlo, sin saberlo, favorece el interés de la sociedad y ofrece los medios para la multiplicación de las especies".
1.2. CAPITALISMO: DEFINICIÓN
Lo que verdaderamente caracteriza al Capitalismo -he aquí la preocupación científica de Weber- es la aparición, establecimiento y el desarrollo de ciertos rasgos culturales, políticos, económicos y técnicos que hacen a la esencia del sistema. Por eso enfáticamente define el capitalismo de la siguiente manera en su Historia Económica General: "Sólo podemos decir que toda una época es típicamente capitalista cuando la satisfacción de necesidades se halla, conforme a su centro de gravedad, orientada de tal modo que, si imaginamos eliminada esta clase de organización, queda en suspenso la satisfacción de necesidades. Esta época de satisfacción de necesidades cotidianas basadas en técnicas capitalistas sólo es peculiar de occidente, y aún en los países del mismo resulta cosa natural desde la segunda mitad del siglo XIX".
Atendiendo a la definición de Weber si queremos determinar si una sociedad es o no esencialmente capitalista se debe tener en cuenta el núcleo central de satisfacción de necesidades. Esta preocupación se haya sustentada en el hecho que en cualquier sociedad pueden convivir diferentes formas de producción. Parte de la satisfacción de necesidades puede ser capitalista y otra no capitalista, sino de organización artesanal o señorial. Hay testimonios reales de diferentes sociedades que encajan en este sentido.
Para Weber, en sus registros históricos está "...Génova, que cubrió ya desde muy pronto una porción de sus necesidades públicas, las referentes a la guerra, por el procedimiento capitalista de las sociedades anónimas. En el Imperio romano el abastecimiento de la población metropolitana con cereales estaba a cargo de funcionarios, quienes para realizar tal objeto, podían disponer no sólo de sus subalternos, sino también de los servicios de determinadas sociedades de transporte, de manera que la organización burocrática se halla combinada con la litúrgica...".
En este mismo orden de ideas, lo que a manera de anticipos encontramos en siglos anteriores, son simples reducciones mercantiles, e incluso las pocas explotaciones capitalistas del siglo XVI hubieran podido ser eliminadas de la vida económica de aquel entonces sin que sobrevinieran transformaciones catastróficas.
Todo lo que existió antes del siglo XVIII fueron diversas clases de un capitalismo de tipo irracional: empresas capitalistas que tenían por objeto el arriendo de las contribuciones (tanto en Occidente como en China, y en el Asia anterior) y otras constituidas para financiar la guerra (en China y la India en la época de los Estados parciales); capitalismo de tipo especulativo, tal como los mercaderes los han conocido, casi sin excepción, en todas las épocas de la historia; capitalismo usurario, que por medio del préstamo explota las necesidades ajenas. Todas estas formas de capitalismo se orientan hacia el botín, los impuestos, las prebendas oficiales, la usura oficial (cuando el funcionario ha sido financiado por sus empresas, como César por Creso, y luego trata de enjugar sus débitos mediante abusos oficiales), finalmente hacia los tributos y resolución de los apuros cotidianos. Todas estás fueron sólo circunstancias económicas de carácter irracional, sin que nunca surgiera de ellas un sistema de organización del trabajo.
Para mejor entender, podemos decir que el tránsito de un capitalismo de tipo irracional a un capitalismo racional, es el salto de la redistribución tecnificada a la producción incipiente, del intercambio transitivo al intercambio creativo. Como bien ha dicho George Simmel, en su Filosofía del dinero, esta expansión del poder del hombre que "no condiciona la satisfacción de las necesidades a ningún tipo de robo es (...) el progreso sustancial de la cultura".
Cuando el capital se emancipa de los resortes del poder se torna racional pues como bien dice Weber, ahora "tiene en cuenta las posibilidades del mercado, esto es, oportunidades económicas en el sentido más estricto de la palabra, y cuanto más racional es, tanto más se basa en la venta para grandes masas y en la posibilidad de abastecerlas. Este capitalismo, elevado a la categoría de sistema, únicamente se logra en la moderna evolución occidental de la Edad Media".
1.3. LA RACIONALIDAD OCCIDENTAL
Si bien Max Weber, prestó atención muy directa al capitalismo, especialmente a sus orígenes, su análisis fue realizado en un contexto intelectual más amplio destinado a entender las fuerzas motoras del mundo moderno. Para el autor, la fuerza conductora más importante fue la que denominó "racionalización", esto es, la imposición progresiva del pensamiento racional y de las técnicas racionales en cada sector de la sociedad. Pensaba que ciertos rasgos específicos del judaísmo y del cristianismo sentaron las bases del ideario de esta transformación racional del mundo (el primer paso "racionalizador" fue dado en el antiguo Israel y consistió en reemplazar la magia por la fe en un Dios que planteaba exigencias morales muy altas) y que esos rasgos se habían hecho más patentes como resultado de la reforma protestante, especialmente en su sector calvinista. Habiendo quedado conforme con la idea de que esta explicación aclaraba los orígenes de la modernidad en Europa, Weber ser embarcó en la tarea gigantesca de comparar a Europa con las diversas culturas no occidentales, especialmente las de India y China. Sostuvo que las tradiciones éticas de esas culturas no facilitaron la clase de "racionalidad" que tuvo lugar en occidente.
Textualmente Weber señala: "El judaísmo tuvo una importancia decisiva para el capitalismo racional moderno, en cuanto legó al cristianismo su hostilidad hacia la magia. Exceptuando el judaísmo y el cristianismo, así como dos o tres sectas orientales (una de ellas en el Japón), no existe religión alguna que tenga un marcado carácter de hostilidad hacia la magia...En cuanto el judaísmo abrió el paso al cristianismo, imprimiéndole el carácter de una religión por completo enemiga de la magia, prestó un gran servicio a la Historia de la Economía. En efecto, el imperio de la magia fuera del ámbito del cristianismo es uno de los más graves obstáculos opuestos a la racionalización de la vida económica. La magia viene a estereotipar la técnica y la economía. Cuando en China se quiso iniciar la construcción de ferrocarriles y fábricas sobrevino el conflicto con la geomancia. Exigía ésta que al hacer las instalaciones respetaran determinadas montañas, selvas y túmulos, porque de otro modo se perturbaría la paz de los espíritus. El mismo criterio tienen las castas de la India con respecto al capitalismo. Cualquier técnica nueva empleada por los indios significa, por lo pronto, para ellos, la pérdida de la casta, y el retorno a otra etapa nueva pero inferior. Como el indio cree en la transmigración de las almas, ello significa que así queda relegado en cuanto a sus posibilidades de salvación hasta la encarnación próxima. En vista de ello difícilmente se ve atraído por esas innovaciones...".
Teniendo en cuenta lo anterior, podemos concluir que los antecedentes del cristianismo, está en el judaísmo, pero no podemos concluir que este último es la plenitud del capitalismo.
Este aserto lo deja bien claro Weber cuando observa: "Entre los creadores de la moderna organización económica, entre los grandes empresarios, apenas si se encuentra un judío. El tipo del gran empresario es cristiano y sólo puede imaginarse sobre el terreno de la cristiandad. En cambio el fabricante judío es un fenómeno moderno. Los judíos no pudieron tener parte alguna en la génesis del capitalismo racional, puesto que se hallaban fuera de los gremios. Casi nunca pudieron subsistir junto a estos, ni siquiera allí donde, como en Polonia, disponían de un numeroso proletariado, que hubiesen podido organizar como patrones de la industria doméstica o como fabricantes. Por último como enseña el Talmud, la ética genuinamente judaica implica un tradicionalismo específico. El aborrecimiento que el judío piadoso siente hacia todo género de innovaciones es casi tan grande como el de los miembros de cualquier pueblo salvaje, unidos entre sí por vínculos mágicos".
1.3.1. ETICA Y EVOLUCIÓN
Hay un aspecto que merece ser resaltado en la definición de capitalismo de Weber y que es el hilo conductor que hilvana el tipo ideal. Nos referimos a sus comentarios en relación a la moral del grupo.
Con el devenir del capitalismo progresivamente se van flexibilizando los controles que el grupo ejerce sobre el accionar individual. Esto es una necesidad impostergable dado que si se pretende universalizar el afán de lucro, modelándolo de forma racional, hay que revisar los fundamentos morales en los que se sustenta el orden social. Atendiendo a lo señalado por Weber: "Originariamente existen dos criterios distintos con respecto al lucro: en el orden intrínseco, vínculos con la tradición, una relación piadosa con respecto a los compañeros de tribu, de linaje o de comunidad doméstica, excluyendo todo género de lucro dentro del círculo de quiénes están unidos por esos vínculos: es lo que llamamos moral de grupo. Por otro lado, absoluta eliminación de obstáculos para el afán de lucro en sus relaciones con el exterior, criterio conforme al cual toda persona extraña es, por lo pronto, un enemigo, frente al cual no existen barreras éticas: ésta es la moral respecto a los extraños".
Esta divergencia ética a nivel interno y externo dejará de existir, en tanto se abran las puertas del grupo para ceder paso a las fuerzas morales que hoy caracterizan a todas las sociedades esencialmente complejas con su visión universalista. No puede haber divergencia entre las reglas morales a nivel grupal y las que tienen vigencia en el seno de las relaciones con los otros, por más extraños que sean (cosmos).
Por estas razones se puede decir que el hombre crea riqueza sólo cuando se diferencia del grupo, cuando rompe su vínculo de sumisión y edifica a través de un proceso de ensayo-error un nuevo orden moral. En la tribu los fines colectivos son superiores a los del individuo. El jefe interpreta cuáles son los fines de la comunidad; regula y controla, en consecuencia, las tareas y el "puesto" de cada uno en el orden social. El determina y diseña su conformación. Se podría decir que inspirado en este comentario Hayek, pone énfasis en el rol de la actividad comercial para la formación de órdenes más extensos. En La fatal arrogancia, textualmente, señala: "...No cabe, por lo tanto, dudar de la existencia de cierta actividad comercial aun en los más primitivos estadios de la historia, así como de su decisiva influencia en la gestación de órdenes más extensos. Tal proceso, sin embargo, sólo lograría avanzar entre grandes dificultades, e implicaría, sin duda, la ruptura de muchos lazos tribales. Una vez surgido, incluso algún tipo de consenso sobre la conveniencia de respetar la propiedad privada (la cursiva es nuestra), ciertas prácticas antes inimaginables debieron ser toleradas para que las comunidades llegaran a permitir que, en beneficio de gentes foráneas, y al objeto de subvenir necesidades sólo parcialmente suceptibles de identificación por parte de los propios comerciantes - por no aludir a la población en general -, se exportaran ciertos artículos apetecidos por la comunidad que, de otro modo, habrían sido dedicados a satisfacer determinadas necesidades locales. Por ejemplo los navegantes de los incipientes centros comerciales griegos, que transportaban vasos de cerámica llenos de aceite o vino al Mar Negro, Egipto o Sicilia, para recibir gran a cambio, sustraían ciertamente del abastecimiento local unos recursos apetecidos por quienes habitaban ese más próximo entorno, y todo ello en beneficio de gentes de las que aquellas poblaciones casi nada sabían. Al permitirlo, los miembros del pequeño grupo tuvieron que abandonar sus propios esquemas, para reorientarse hacia una nueva comprensión de un mundo en el que quedaba considerablemente reducida la importancia de su propio grupo".
Para el propio Weber, el principal atisbo de universalidad y racionalidad occidental lo constituye la calculabilidad. "Cuando ésta idea penetra en el seno de las asociaciones tradicionales, descompone las viejas relaciones de carácter piadoso. En cuanto dentro de una comunidad familiar, todo se calcula, y ya no se vive en un régimen estrictamente comunista, cesa la piedad sencilla y desaparece toda limitación del afán del lucro. Este aspecto del desarrollo, se advierte especialmente en Occidente".
Al no existir ya ninguna diferencia de normatividad ética, "el fenómeno visible por doquier -dice Rubén Zorrilla en un manuscrito- es el de la complejidad creciente de estructuras y funciones y, con ella, el de la elaboración de principios éticos generales, al comienzo toscos, que son la primera manifestación de la toma de conciencia de que en la vida social o en los intercambios existe una normatividad. Varios de estos principios, coinciden en grado variable, en todas las sociedades. Estas coincidencias constituirían el núcleo más visible de la sociabilidad humana universalista".
II. BASES Y PUNTOS DE PARTIDA DEL CAPITALISMO
Para mejor entender las premisas sobre las cuales se asienta el fenómeno capitalista hemos visto necesario dividirlas en dos secuencias a saber: los puntos de partida: rasgos culturales esenciales y las bases del capitalismo.
2.1. PUNTOS DE PARTIDA: RASGOS CULTURALES
El capitalismo no existiría sin la aparición, establecimiento y posterior desarrollo de ciertos rasgos culturales que hacen a la esencia del sistema.
En primer lugar es destacable el rol decisivo que cumplió el proceso de secularización, es decir la separación del poder político del poder religioso. Al ser la religión un reflejo del poder crea ataduras morales muy fuertes que son difíciles de superar. Al separarse el poder de la religión, se van eliminando trabas de carácter ideológico a las necesidades de intercambio.
En segundo lugar, la caída de la sociedad estamental, siendo una pieza fundamental la depuración del derecho de todo tipo de prebendas y privilegios a los diferentes estamentos sociales. Las leyes dejan de ser la consagración de dichos privilegios conformando una sociedad de iguales, entendida la igualdad como Igualdad ante la ley en un contexto de amplia movilidad social.
En tercer lugar, la emancipación de la economía en relación a la política. Este rasgo se fue desarrollando con el devenir de las transacciones comerciales y la consiguiente ampliación de los mercados. Su evolución no estuvo exento de trabas y obstáculos (regulaciones, persecusiones y prohibiciones) producidos por los diversos agentes del poder, ya sean reyes, obispos, nobles, etc.. A pesar de ello, se gestaron una serie de instituciones que hoy son las características institucionales del capitalismo: la moneda y la economía del dinero, los primeros atisbos del sistema bancario, los balances y por supuesto la organización de las empresas, el criterio de división del trabajo libre y el salario como precio de la fuerza de trabajo, entre otras.
Finalmente, la idea de Estado en su sentido moderno, que cuenta con una administración orgánica y estable, funcionarios especializados y derechos políticos, también el concepto de ciudadanía, la ciencia y técnica racional y por supuesto la ética racional que le sirve de fundamento.
Todos estos rasgos culturales producen el contexto institucional adecuado para sentar las bases de lo hoy llamamos "Capitalismo moderno", "industrial", o mas contemporáneamente una "economía de mercado".
2.2. BASES DEL CAPITALISMO
a. CONTABILIDAD RACIONAL DEL CAPITAL
Esta premisa es la que rige a todas las grandes empresas lucrativas de satisfacción de necesidades cotidianas, y es el principio fundamental de la actual vida económica.
Cuando el autor de La ética protestante y el espíritu del capitalismo habla de técnicas o actos capitalistas en su definición, se está refiriendo a la expectativa de ganancia en un contexto de libre intercambio, es decir a través de acuerdos contractuales libres y voluntarios, siendo la nota característica el cálculo de capital de modo racional.
En sus propias palabras: "el cálculo de capital se integra en una serie planificada de prestaciones útiles reales o personales, como medio adquisitivo, de tal suerte que, en el balance final, el valor de los bienes estimables en dinero (o el valor de estimación periódicamente estable) , deberá exceder al "capital", es decir , al valor de estimación de los medios adquisitivos reales que se emplearon para la adquisición por cambio (debiendo por tanto aumentar continuamente con la vida de la empresa)...Lo decisivo en todo caso es el cálculo realizado con el capital en metálico ya por medio de la moderna contabilidad o del modo más rudimentario que se quiera...lo que importa es el grado de racionalidad de la actividad capitalista".
La preeminencia del sistema capitalista radica en el hecho de que es el único sistema de cooperación social que hace posible aplicar un método de cálculo y de cómputo al planear nuevos proyectos y al apreciar la utilidad en el funcionamiento de las fábricas, los talleres y las explotaciones agrícolas. La impracticabilidad de todos los esquemas de socialismo y de planificación central reside en la imposibilidad de cualquier clase de cálculo económico en ausencia de la propiedad privada de los medios de producción (otra de las bases weberianas del capitalismo) y, por consiguiente, en la de precios de mercado para esos factores. Son estas razones, de lógica y racionalidad económica, las que hicieron inviable el más grande esquema de ingeniería social llamado "Socialismo".
Dicho sea de paso, podríamos decir que existe una vena weberiana, en la crítica posterior que el famoso economista austríaco Ludwig von Mises le hace al Socialismo. "...Un socialismo integral es simplemente impracticable. El socialismo no es un sistema de producción viable. El problema fundamental del socialismo, es, en efecto, un problema de cálculo económico. En un sistema de división del trabajo, la producción y la cooperación social exigen métodos para computar los gastos exigidos por los diferentes métodos imaginables y capaces de alcanzar los fines propuestos. En una sociedad capitalista los precios de mercado son las unidades de cálculo. Pero en un sistema en el que todos los factores de producción están en manos del Estado no hay mercado y consecuentemente, estos factores no tienen precio. De esta forma el cálculo se hace imposible para los dirigentes de una comunidad socialista. No pueden saber si sus proyectos y sus realizaciones son razonables o no. No tienen ningún medio de descubrir cual de los diferentes métodos de producción contemplados es el mejor. No pueden encontrar una auténtica base de comparación entre las cantidades de diversos factores de producción y de diversos servicios; así por ejemplo, no pueden comparar los gastos necesarios con la producción prevista. Tales comparaciones necesitan una unidad común y no hay otra unidad posible que la que da el sistema de precios de mercado...". Por estas y otras razones, concluye Mises, el socialismo como modo de producción universal es imposible.
b. PROPIEDAD PRIVADA DE LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN.
La producción capitalista sólo es posible en tanto los diversos factores de producción son susceptibles de apropiación privada. Tales factores: sea tierra, aparatos o instrumentos de producción, máquinas, y por supuesto el capital humano llamado "trabajo") son propiedad de ciudadanos individuales o de empresarios llamados "capitalistas".
Pero lo que verdaderamente genera riqueza, no es tanto la apropiación mencionada, ésta sólo constituye el acondicionamiento institucional para la toma de decisiones empresariales; es la combinación eficiente de los factores de la producción y su enganche con la demanda del mercado, la causa de la riqueza de las naciones.
Por ello es importante que el accionar empresario quede libre de todo tipo de trabas y así permitirle a este descubrir donde hay una demanda insatisfecha para proveer los bienes y servicios requeridos por el soberano consumidor.
Mises, con su pluma magistral que lo caracteriza señala en La Acción Humana: "En una sociedad capitalista los propietarios del capital y de la tierra pueden disfrutar de su propiedad sólo si los emplean para satisfacer las necesidades de otros. Tienen que servir a los consumidores para obtener algún beneficio de su propiedad. La mera posesión de medios de producción obliga al sujeto a atender las apetencias del público. La propiedad beneficia exclusivamente a quien sabe destinarla a servir mejor a los consumidores. He aquí su función social".
Esta característica del capitalismo será garantizada en tanto las tecnologías del derecho estén en sintonía con la protección efectiva de las facultades clásicamente reconocidas del derecho de propiedad. Nos referimos a los atributos romanos de la propiedad: uso, disfrute, abuso y libre disposición.
c. LIBERTAD MERCANTIL
Esta libertad constituye otra de las piezas angulares del sistema capitalista y así lo entendió Max Weber. En sus propias palabras: "la libertad mercantil, es la libertad del mercado con respecto a toda irracional limitación del tráfico".
La libertad mercantil es otra manera de enunciar la "libertad de comercio". Libertad de poder intercambiar y desplazar libremente mercancías y por supuesto la libre movilidad del capital y el trabajo.
Apelando a la historia económica una vez mas Weber encuentra una serie de limitaciones irracionales tales como: las de orden estamental, cuando los gremios ordenan una determinada forma de vida o cuando se pretende estandarizar, por la fuerza de una prescripción el consumo.
Cuando el capital y los otros factores de la producción se libraron de estas ataduras del pasado, se pudo desplazar con amplia libertad, "induciendo a la producción -dice Mises en Liberalismo- a ubicarse en aquellos lugares cuyas circunstancias resultan relativamente más favorables, dejando de aprovecharse otros lugares donde producir lo mismo resulta más costoso. El capital y el trabajo tenderán a desplazarse, consecuentemente, de aquellas zonas donde las condiciones de producción eran menos propicias a otras más favorables...".
Pero como dijimos no sólo la libertad mercantil se refiere al tráfico de bienes producidos sino principalmente a la libre movilidad del trabajo como factor humano. Dicho sea de paso ya los economistas clásicos habían desarrollado y defendido una de las libertades fundamentales del individuo a saber: la libertad migratoria.
Los economistas clásicos, entre ellos David Ricardo tuvo que combatir las ordenanzas reales que prohibían por ejemplo al campesino establecerse en la ciudad y también los castigos que se propinaban a aquellos que sin el debido permiso, pretendían abandonar el país, con el objetivo de mejorar sus condiciones de vida.
El mercantilismo cuyos orígenes se encuentran en Inglaterra es otra forma de producir interferencias exógenas de carácter irracional. En la definición de Max Weber, "el mercantilismo es la traslación del afán de lucro capitalista al seno de la política. El Estado procede como si estuviera única y exclusivamente integrado por empresarios capitalistas; la política exterior descansa en el principio de aventajar al adversario, comprándole lo más barato posible y vendiéndole lo más caro que se pueda. La finalidad más alta consiste en robustecer hacia el exterior el poderío del Estado (...) En el orden teórico este sistema se apoyo en el catecismo de la balanza comercial, la cual enseñaba que sobreviene el empobrecimiento de un país tan pronto como el valor de las importaciones supera al de la exportación; esta teoría se desarrollo en Inglaterra desde el siglo XVI...".
Contra este sistema Adam Smith, el padre de la economía, arremete con su famosa obra, titulada correctamente: Investigación Sobre la Naturaleza y las Causas de la Riqueza de las Naciones (1776).
d. DERECHO RACIONAL
Dijimos antes que hay dos presupuestos ideales que son fundamentales para el funcionamiento del sistema capitalista: el cálculo y la previsibilidad.
Con la aparición del Derecho Racional estos requisitos se presentan en las múltiples transacciones mercantiles otorgando a los agentes económicos certidumbre en su accionar a futuro.
En la interpretación moderna de Douglass North, el Derecho y el marco institucional consiguiente, aparecen aquí como "las reglas de juego que -lo dice en Instituciones, cambio institucional y desempeño económico- hay en una sociedad o, más formalmente, las limitaciones ideadas por el hombre que dan forma a la interacción humana. Son regularidades en las interacciones repetitivas entre individuos que desempeñan un rol fundamental en las sociedades, en la medida que estructuran incentivos en el intercambio humano, y reducen la incertidumbre, proporcionando un marco dentro del cual las personas tienen cierta confianza acerca de la determinación de los resultados".
A esto se refiere Weber cuando observa: "Para que la explotación económica capitalista proceda racionalmente precisa confiar en que la justicia y la administración seguirán determinadas pautas. Ni en la época de la polis helénica, ni en los estados patrimoniales de Asia, ni en los países occidentales hasta los Estuardos pudo garantizarse tal cosa. La arbitrariedad de la justicia, con su otorgamiento de mercedes, trajo constantes perturbaciones en los cálculos peculiares de la vida económica...".
Cuando la política, el poder y cualquier tipo de intervención gubernamental al margen del Derecho racional intervienen la economía mercantil, se produce lo que Adam Smith había señalado poco más de dos siglos atrás en La riqueza de las naciones: "El comercio y las manufacturas pocas veces pueden florecer durante mucho tiempo en un estado que no disfrute de una ordenada administración de justicia, donde el pueblo no se sienta seguro de la posesión de sus propiedades, en el que el cumplimiento de los contratos no sea amparado por la ley y en el que su autoridad no se ocupe de forma permanente en obligar a que paguen sus deudas todas aquellas personas que se hallan en condiciones de hacerlo. En pocas palabras, el comercio y las manufacturas pocas veces pueden florecer en un estado donde no haya cierto grado de confianza en la justicia del gobierno".
Sólo Occidente dispuso de un Derecho formalmente desarrollado, el cual se remonta a la genialidad de la Roma clásica. La recepción del Derecho Romano fue decisivo para crear en términos de Weber un pensamiento jurídico-formal, este es su aporte y nos da un ejemplo de cómo la característica formalista del mismo nos permite calcular. Textualmente dice en su Historia Económica General: "En China puede ocurrir que un hombre venda a otro una casa, y pasado un tiempo vuelva a él y le exija la devolución, porque entre tanto se ha empobrecido. Cuando el comprador, en el derecho chino, desatiende el mandamiento antiguo de la ayuda al prójimo, los espíritus se indignan; así, el vendedor empobrecido volvía de nuevo a la casa ocupándola como arrendatario forzoso, sin pago de alquiler alguno...". Concluye diciendo: "con un derecho de este modo estructurado apenas podía trabajar el capitalismo; lo que éste necesita es un Derecho que pueda calcularse como una máquina; los puntos de vista rituales y mágicos no desempeñan papel alguno".
Hay una consideración de carácter política que merece atención. La influencia que ejercieron los juristas sobre el Estado moderno para fundamentar su dominio, contribuyó mucho para que el derecho racional se imponga finalmente.
Esto favoreció particularmente a los funcionarios del Estado: la burocracia profesional, quienes para llevar a cabo un trabajo eficiente demandaban orden y sistematización en la administración de la leyes.
Uno de los antecedentes históricos que ilustra claramente este aserto, es el período justinianeo. Según Weber: "La burocracia bizantina de la época de Justiniano ordenó este derecho racional en interés de los funcionarios, que deseaban poseer un Derecho sistematizado, perfectamente establecido y por consiguiente más fácil de aprender. Luego de la caída del Imperio Romano este derecho se recibe en las Universidades de la época, desarrollándose toda una gama de teorías jurídicas sistematizadas. Lo decisivo de la evolución -sigue Weber- fue la Racionalización del Proceso".
Toda estas características mencionadas fueron después incorporadas por el Derecho Canónico pues su magna organización administrativa demandaba formas fijas con fines disciplinarios, tanto a nivel interno y frente a los seglares de la época.
Hay un punto que merece atención en la obra de Weber. Si bien el Derecho Romano para Occidente fue muy importante para la configuración de sus instituciones jurídicas, no podemos sostener que los orígenes del Capitalismo descansan en este andamiaje formalista. Sustenta su observación con el caso de Inglaterra.
Enfáticamente Weber señala: "Inglaterra patria del capitalismo, nunca llegó a la recepción del Derecho Romano, porque junto a los tribunales regios existía un estamento de abogados que declaró intangibles las instituciones nacionales de derecho. Dicho estamento imponía una teoría jurídica; de su seno salían (y siguen saliendo) los jueces; por esta causa, en las Universidades inglesas no se enseñó Derecho romano, para que no pudiesen llegar a las poltronas de los jueces personalidades que no procedieran de su grupo".
Por otro lado instituciones de mucha relevancia jurídica se gestaron en diferentes contextos históricos, no necesariamente el romano. Así tenemos por ejemplo, los títulos de rentas que data del derecho medieval e incluso se mantiene el sesgo germánico, la letra de cambio viene con el Derecho arábigo, el italiano, el alemán y el inglés, la sociedad mercantil es un producto de la edad media, de igual forma la hipoteca con garantía del registro de la propiedad viene del medioevo y no de la antigüedad.
d.1. EL CARÁCTER ABSTRACTO DEL DERECHO RACIONAL
Finalmente hay un aspecto en el derecho racional que debe ser destacado. Nos referimos al carácter cada vez más abstracto del derecho y su sintonía con los cambios a nivel transaccional.
Conforme las transacciones mercantiles se van haciendo cada vez más complejas (dispersión del conocimiento), el derecho debe ir descubriendo y adaptándose a los usos y costumbres que están implícitos en dichas transacciones, sólo así se alcanza la sintonía de la que hablamos antes. Pero como la economía forma parte de un orden cada vez más extenso es importante que la ley se torne más abstracta, es decir establezca ciertos rasgos muy generales que permitan al individuo proveerse de la información necesaria para utilizarla como base para sus decisiones personales.
Tal y como señala Hayek, las normas abstractas (y sus instituciones) en sentido sustantivo, son esencialmente medidas a largo plazo referentes a casos todavía desconocidos y carentes de referencias a personas, lugares u objetos particulares. En este contexto jurídico, aparece de modo impostergable desde el punto de vista económico una demanda de arreglos institucionales que faciliten el ejercicio de la libertad de intercambiar en sus múltiples facetas.
Como atestigua la experiencia cotidiana, y sobre todo la historia del propio capitalismo, especialmente rico en experiencias institucionales nuevas, el derecho ha ido recubriendo un universo extremadamente complejo de instituciones, siendo su único límite la ingeniosidad y la imaginación de los seres humanos, especialmente de los juristas.
Hoy podemos hablar de propiedad privada, derecho de usufructo, vitalicio, sociedad de responsabilidad limitada, propiedad cooperativa, copropiedad, multipropiedad, leasing, prenda y servidumbre. Siendo las instituciones de la sociedad anónima, las acciones, títulos valores, las patentes y el seguro, destacadas y estudiadas por Weber, las parteras del moderno desarrollo de la empresa. Según el autor: "la racionalización de la técnica y la economía con el fin de disminuir los precios en proporción a los costos, generó en el siglo XVII una búsqueda de inventos (...) En la etapa pre-capitalista las creaciones tipo Leonardo De Vinci fueron empíricos y se dieron casualmente. En la Inglaterra de 1623 se da la primera Ley de Patentes racional que limita la protección de los inventos a 14 años y al pago de una prima al inventor por cualquier empresario. Un nuevo incentivo para la creación".
Respecto de la sociedad anónima, el autor describe su proceso de evolución que va desde el préstamo a interés (la edad media y el problema de la usura), a la financiación de empresas comerciales interlocales y coloniales-internacionales. La importancia histórica de la sociedad anónima para el capitalismo radica en su separación jurídica entre el patrimonio industrial y los patrimonios personales.
Esto aceleró el proceso de comercialización a gran escala de los mercados, apareciendo en escena el uso de los títulos valor para los derechos de participación en las empresas y los derechos patrimoniales. Un concepto que va de la mano con la comercialización a nivel de títulos valores es la idea de especulación, siendo la Bolsa de Valores su manifestación institucional más clara.
e. LA ORGANIZACIÓN RACIONAL DEL TRABAJO LIBRE
(Para fines metodológicos hemos separado el cálculo del capital de la organización racional del trabajo, pero son dos características del capitalismo complementarias entre sí.)
Como señalamos antes, uno de los presupuestos de la libre empresa lo constituye la propiedad privada de los medios de producción. Al ser el trabajo, o más específicamente la fuerza de trabajo uno de los factores productivos, es quizás en el contexto histórico de los orígenes del capitalismo el medio de producción que más lo caracteriza.
Para que se pueda producir riqueza es necesario que el empresario active su creatividad e imaginación, pero más importante aún es lograr una articulación acertada de los diferentes factores de la producción. Para lograr este escenario es imprescindible que el intercambio de bienes y servicios fluya con amplia libertad.
Gracias al intercambio el potencial creador de cada persona es combinado y complementado con el de los demás y cada uno puede realizar sus fines porque y en la medida que los otros cumplen similar finalidad.
Recordando al maestro de Glasgow, Adam Smith: "entre los hombres, los talentos más dispares son de utilidad para los otros, pues la tendencia al cambio, al trueque y la permuta, permite formar un fondo común, de manera que cada hombre compre cualquier cosa que desee, producto del talento de otros hombres".
El intercambio crea la división del trabajo y ésta extrae de cada uno, su mayor potencial creador, que se combina y potencia con el de los otros a través de la ganancia, el salario, la renta o el interés. Al empresario lo motiva la ganancia del capital, al trabajador el precio de su trabajo (salario), y al prestamista el interés. Para que estas tres áreas del intercambio puedan dar sus frutos se exige la libre movilidad de los factores de la producción, siendo el factor trabajo (mercado libre del trabajo) el rasgo más notorio del capitalismo. Es por ello que toda forma de trabajo forzado, llámese esclavitud o servidumbre no es compatible con el sistema de "libertad natural" capitalista.
La gran difusión que alcanzó la fabrica moderna hizo extender y diversificar la división del trabajo, creó nuevas profesiones y muchas actividades laborales, planteándose como consecuencia problemas en relación a las condiciones laborales que después serán superadas por la influencia del derecho y el proceso de la competencia connatural al sistema.
El mercado libre del trabajo por otro lado requiere de trabajadores homogéneos en cuanto a titularidades jurídicas: es decir no pueden seguir existiendo diferenciación de castas, estamentos u otras formas de privilegios. Las únicas toleradas son aquellas diferencias que se producen por efecto de la división social del trabajo como dijimos antes. En términos de Weber, "el origen del capitalismo industrial burgués se sustenta en última instancia en la organización capitalista del trabajo. Antes de esto hubieron solo capitalismo aventurero y comercial, capitalismo que especula con la guerra, la política y la administración (...) Solo en occidente se da la moderna oposición entre el empresario en grande y el jornalero libre(...). Podríamos decir que el "proletariado es hija de la organización racional del trabajo libre como industria".
En esta misma línea argumentativa el autor señala: "Sólo el capitalismo occidental creó una organización racional del trabajo, que de otro modo hubiera sido imposible. En todos los lugares y tiempos ha existido el comercio, cuyas actividades pueden perseguirse remontándonos hasta la Edad de Piedra; igualmente encontramos en las distintas épocas y culturas financiación de guerra, suministros al Estado, arriendo de contribuciones, compra de cargos, etc., pero no una organización racional del trabajo (...). En cambio la supresión de las barreras existentes entre economía interior y exterior, entre moral dentro y fuera del linaje, la penetración del principio mercantil en la economía interior y la organización empresarial del trabajo constituyen las bases del capitalismo occidental".
CONCLUSIONES
La obra de Max Weber ha permitido, sobre todo, el desarrollo de un armamento teórico conceptual (tipo ideal), capaz de realizar por sí solo una interpretación más acertada de lo que podríamos llamar la revolución capitalista.
Este es un invento relativamente reciente. Pues como queda bien claro a partir de la prolífica obra del maestro alemán: la historia de la humanidad ha sido, en gran medida, la historia de la pobreza, del poder y de la violencia.
Durante centenas de miles de años los seres humanos no generaron riqueza, sino transfirieron recursos de uno a otro lado. Weber nos habla de diversos tipos de capitalismo en la historia: aventurero, comercial, capitalismo que especula con la guerra, la política y la administración. Es decir, las economía de los pueblos se basaron de una u otra forma en la redistribución: lo que uno obtenía se lo quitaba a otro; se imponía la voluntad de uno solo, como en el regalo o en el robo -al respecto Simmel señalaba: "El robo y, quizá también, el regalo aparecen como los escalones más primitivos del intercambio de propiedad en los que el beneficio reside, en su totalidad, en una de las partes, y las cargas en la otra"-. Son tributarias de este último aserto el tribalismo, el feudalismo, el mercantilismo y por supuesto el socialismo.
Así como la revolución neolítica concretó el uso de las capacidades adquiridas por el hombre durante centenas de miles de años. El capitalismo racional, hizo posible pasar de la redistribución tecnificada a la producción a gran escala. Por eso se puede decir, reiterando lo que señalamos antes, que el hombre crea riqueza sólo cuando se diferencia del grupo, cuando rompe su vínculo de sumisión.
A esto se refería Weber cuando destacaba el proceso de cambio que se produjo entre la moral interna y externa a nivel grupal. Su desfase no encajaba en el contexto económico de la época.
A la liberación del vínculo tribal sigue, cuando no es perturbada por ninguna interferencia exógena, la división y especialización del trabajo y más luego la organización racional del trabajo libre. Solo la libre concurrencia, o en términos de Weber, la libertad mercantil, va permitir que el capital se reproduzca y progrese con su acumulación en todo el cuerpo social.
Estos factores, sin embargo, sólo pueden entrar en operación gracias al carácter disímil y subjetivo de la valoración individual, que a su turno es impulsada por la distinción de los fines de un hombre con los de los demás. Desde los primeros tiempos de la evolución, los fines y la valoración fueron resultado del proceso de individuación, del desarrollo del aparato conceptual abstracto, y, sobre todo, de algo que hay en el hombre y que preside su proceso de liberación: la voluntad en alianza con la razón.
La razón o racionalización en palabras de Weber es la fuerza conductora más importante que fluye en las aguas del Capitalismo moderno, industrial u occidental. La racionalización atempera el lucro, el cálculo del capital, las tecnologías jurídicas e institucionales ofreciendo previsibilidad y calculabilidad, y por supuesto la gestación de un orden social cuyo último fundamento sea, porque no decirlo: la libertad.
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