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LA BANCA DE FOMENTO: LA NECEDAD INSISTE SIEMPRE
Las circunstancias que convergen hacia la estupidez son repetitivas. A veces adquieren nuevos ropajes, cuando no mutan hacia nuevas fronteras. Pero siempre son como aquellas ideas fijas que parecen ser la gran idea, no por ser contundentes, sino por que llenan atosigantes, de esas que inundan todo un cerebro. Y como la política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos, entonces en materia económica nuestros nativos guardianes y promotores de la tradicional forma asumir lo público hacen más que patente lo expuesto, se licencian en abanderados de la gregaria estulticia.
Así, el "ex prófugo" de la justicia, pretérito paladín del dinero fácil, defensor y promotor de "un futuro diferente", de quien heredamos la mayor crisis económica, política e incluso moral de la historia del Perú, muy superior a la que nos acontece, con la única diferencia que la actual la podemos ver en televisión; país en donde si se le preguntará a las personas quién ha sido el mejor presidente del Perú, de seguro que lo dudarían; en cambio, si inquiere por el peor presidente, la respuesta es un acto reflejo: Alan García Pérez.
Provisto de sus mejores guiones y dispuesto a fajarse con quien ose ponerse delante -aunque ahora, al parecer le empieza a correr a las mujeres- este coloso de la necedad humana insiste en el fracaso como plan de acción política. Ha llegado al extremo de proclamar que si "otros gobiernos, otras ideologías y otros sectores sociales postularon que si el gobierno recibe 100 debe gastar 100. Nosotros decimos que si el gobierno recibe 100, puede gastar 110, 115, por que con esos quince habrá crédito para el campesino".
Es el topógrafo de esa confusa línea que separa la propuesta seria de la demagogia común, trazo que jamás podrán delinear por que responden al "ideario de lo falaz".
Pero ¿cómo es que el fracaso a nivel práctico conlleve cierta dosis de certidumbre en el plano político? ¿Cuál es el secreto de la falacia mostrada como verdad a ciegas, o por lo menos ataviada con esas
indumentarias?
Simple: su guión es un discurso de seducción pública. Es la frase bien elaborada, concisa, amalgamada con cifras fosforescentes, pero de poca fiabilidad terrenal. Cautivar al posible elector, ofreciendo lo que siempre esperó de su gobierno al margen de las consecuencias tangibles. Es la estafa pintada de veracidad. Es la sublimación de la demagogia mediante la cual es posible transgredir las "leyes de la gravedad" pregonando que las necesidades de algunos son un reclamo justificado para otros. Como si existiera una deuda impagable de unos para con otros. Si el crédito para el campesino es una meta loable no importa de donde se obtenga el dinero. ¿Se habrán preguntado, acaso, si el mercado agrícola es rentable bajo esas condiciones? ¿Quién desea perder dinero por estos tiempos?. El único ente capaz de hacerlo es el Estado, por supuesto de la mano de políticos irresponsables.
Si el mercado agrícola no atrae los capitales es debido a su baja tasa de retorno, su escaso efecto multiplicador y el uso de mano de obra no calificada. Sin reparos en su dependencia adictiva al capital fácil de costo cero, subsidiaridad por doquier, reclamos para obtener mejores precios para sus productos y al abandono generacional de las familias dedicadas a su desarrollo. Y es que el capital, como lubricante del mercado fluye hacia los destinos donde se le permite multiplicarse. Reconoce una oportunidad cuando se le presenta, y se pierde diluyéndose hacia otras manos. Y es que el dinero se crea, distribuye y transforma.
Pero en las manos de nuestros trillados gobernantes, el capital apuntala una "función social": asistir al que no lo posee con el fin de que lo multiplique para sí y su familia. No importa si no lo devuelve, total es dinero del Estado y apacigua a muchos a expensas de muchos otros también. Lo trascendente es que se facilite el capital y si deseas más también habrá. Es que lo bastante resulta demasiado poco cuando llega. Y a eso apuntan personajes como García: la dependencia de los agricultores al capital fácil y la prosa estadística. Los agricultores serán los primeros, el resto de peruanos en segundo lugar y en la ruina.
Es la instauración de la solidaridad compulsiva, el altruismo hecho chantaje. Y es que la necedad es infinitamente más fascinante que la inteligencia. La inteligencia tiene límites, la necedad no.
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