acrata.org Web

Paul Laurent  Editor

Husain Abdulhaq

Nelvar Carreteros

Luis Chamochumbi

César Girón

Jorge Hernández

Fabio León

Publicación digital en
pro de la libertad

Usted puede extraer
de esta revista lo que
desee.

La referencia que se
tenga a bien hacer con respecto a nuestra publicación es parte
de la moral y de
la buena educación,
no del derecho.

Creemos en la libre y
gratuita circulación
de las ideas.

¡Si a los derechos de
autor, no a los copyrights!

 
   
 

César Girón Atoche

 

DE COMO LOS ECONOMISTAS DESPRESTIGIAN A LA ECONOMÍA, A PROPÓSITO DE UN LIBRO MUY POCO RECOMENDABLE
Hernán Garrido-Lecca, Manual urgente de economía para los peruanos. La dimensión ética de la economía política, PEISA, Lima, 2000, 98p.

Es a veces ingrato apreciar la manera en que los economistas profesionales hacen todo lo humanamente posible para desprestigiarse. Arguyen en sus teorías, presentan cifras, y maldicen todo lo que nos les parece atinado a su propia escala de valores. Confunden el problema con la solución; tantean hipótesis, esbozan tendencias y proponen nuevas panaceas. Han llegado al extremo del descrédito que dejan tan mal parada a la ciencia del quehacer diario, que sólo creen en ellos quienes los contratan o los favorecen.

La última publicación de Hernán Garrido-Lecca, Manual urgente de economía para los peruanos. La dimensión ética de la política económica, recoge todos los yerros mencionados y aún les agrega otros de su propia cosecha. Reinventar conceptos, condimentados con cañonazos estadísticos, prosa fosforescente y supuestos insostenibles es su gran mérito. Es sólo el fiel reflejo de la decadencia del economista profesional, un mal que se difunde por todo el orbe. Si de entrada, el nombre es repulsivo, y la pretensión de establecer una norma de conducta de su invención como principio ético y para todos los peruanos es monstruosa, que podemos deducir del resto del texto.

No pretendo describir cada uno de los embustes que detalla el libro. Necesitaría más de un libro por cada capítulo y más de una vida para hacerlo, pero aún confío en el orden espontáneo.

Recordemos que el secreto para aburrir a la gente es decirlo todo. Lo que sí intento es reivindicar el buen nombre de algo que Garrido-Lecca aún desconoce: la economía.

En adición, esbozar una respuesta a una pregunta mal formulada: ¿Es posible conciliar la realidad de la economía del Perú con la realidad de la economía de los peruanos?. Las cifras -siempre las cifras- han terminado por confundir la economía del Perú con la economía de los peruanos. Ambos fenómenos son incompatibles y por eso no dependientes.

Las cifras nunca son una evidencia seria para hacer una generalización útil. Los agregados macroeconómicos resultan de la adición de los productos individuales de cada ser. ¿Cuan válida es una generalización así? ¿Cuál es el patrón objetivo para ajustar las cuentas y que cuadren? Es acaso la unidad monetaria, el tiempo utilizado en desarrollar su producto, o más cercano a las tesis del citado, la cantidad de trabajo incorporado en ellas. Cómo es que los economistas profesionales tuvieron el atrevimiento de aglutinar los deseos, las motivaciones o intereses de las personas y las expresan en cifras, tablas, progresiones y regresiones.

Las cifras reflejan el valor pero no lo miden. El valor como fin último sólo es potestad de los individuos y debido a ello escapan al ámbito de lo mensurable, aquí la prelación significativa es ordinal no cardinal. Es que todo necio confunde el valor, su valor, con el precio. Ahora bien, si usted quiere aprender economía no necesitará leer este libro. Tampoco asistir a un curso de esos que se dictan a borbotones en nuestras universidades, menos aún leer periódicos especializados. Necesita simplemente pensar en su bolsillo. ¿Qué significa pensar en su bolsillo? Significa que su bolsillo tiene un dueño, usted mismo. Que es inviolable, es de su propiedad y nada ni nadie tiene algún derecho sobre el, el mismo que es intercambiable; si usted desea lo regala, lo presta o lo vende. Haciendo con ello algo común, pensar en sí mismo, tal como prudentemente hacen los demás. ¿O acaso ello es malo?

Otra idea, que aparentemente se escabulle debido al desconocimiento generalizado sobre el tema, se refiere al mercado como concepto. El citado esgrime "que la única manera de construir una economía de mercado es con intervención estatal".

Hasta donde mis conocimientos alcanzan, y los conocedores no me dejaran mentir, los mercados no se construyen, y menos con intervención estatal. Se construyen las ciudades, los automóviles, las sillas y otras cosas. Pero el mercado, ese proceso movido por la interacción de las iniciativas individuales de miles de personas, buscando sólo su propio interés, no se construye. Sólo podemos conocer cuando se origina, cuales serán sus posibles tendencias, y los más perspicaces reconocerán sus ventajas y las aprovecharán; pero construirlos es una tarea imposible. Imposible debido a que no podemos recoger toda la información necesaria para coordinarlos racionalmente. Esta información se encuentra diseminada en la mente de todos y cada uno de los individuos que la conforman, que es de carácter subjetivo y cambia constantemente. No se puede expresar en cifras o patrones, no se recogen en ecuaciones o fórmulas; se revelan en preferir y optar, en elegir o rechazar, en disfrutar o repugnar, y esa información no es mensurable.

Es parte de la arrogancia de creerse constructor, la misma que tiene sus lamentables consecuencias. Miseria generalizada, corrupción, burocracia, intolerancia y desánimo. Si tan sólo el autor reflexionara y descubriera lo errado de sus tesis comprendería que se encuentra ante una aberración más, de las tantas. No asume que sólo los dictadores asumen las políticas controlistas por excelencia Él, ingenuamente, quiere eso; y así todavía tiene el descaro de llamar a otros autoritarios, cuando lo único que busca el autor es reemplazar el autoritarismo de los vigentes por los propios arrebatos absolutistas. Imagínense semejante audacia e insensatez. Los estudios iniciales relacionados con el quehacer de la economía daban fe de ilustres pensadores abocados a su evolución y desarrollo. En aquellos años maravillosos el dedicado a reflexionar sobre lo económico se conformaba con difundir, a través de los medios que más a la mano tenía, los constantes hallazgos que efectuaba. Pretendía contribuir con su opinión a despejar dudas, crear expectativas e influenciar a sus conciudadanos sobre lo más conveniente en materia económica. Jamás concibió la economía como una profesión. En general todas las profesiones son envidiables, lo único pesado es ejercerlas. Así, la incorporación de la economía como una profesión, no puede ser sino una secuela del intervencionismo. Quién sino el más instruido para aplicar todas las técnicas del cálculo, el monitoreo y la leal matemática para escudriñar los mercados. Absolutos especialistas en medir lo incalculable, amontonar lo indivisible, inventar lo inimaginable. Se dice que el economista profesional se pasa la mayor parte del tiempo explicando lo que va a suceder y la otra mitad del tiempo explicando por que no sucedió. La profesionalidad es adecuada para las prácticas propias de las ciencias exactas, en donde los resultados son meridianamente previsibles o probables, pero para el estudio de fenómenos extremadamente complejos, y que involucran tópicos subjetivos, es sólo una aberración.

S No infectemos más de intromisiones ofensivas este mundo plagado de violaciones y tropelías. Por la salud de las libertades no argumentemos en favor de un mercado intervenido porque simplemente se le daña, y al hacerlo ofendemos los mismos principios de la civilización. Así pues, por el bien del mundo, libros como el comentado deberían ser, en el acto, reciclados para cualquier cosa, menos para hablar de eso que él denomina economía, pero que, en puridad, resulta, más que demagogia, cartón y papel desvalorados.

 

Ver otros colaboradores

 
 

Ver artículos de César Girón Atoche en:

               

Contacto

info@acrata.org

arriba