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César Girón Atoche

 

EL PERÚ NO NECESITA UN PRESIDENTE

Las propuestas presidenciales, a raíz de las elecciones presidenciales peruanas, se muestran generosas ante la posibilidad de una mayor participación del Estado en el quehacer de las personas y en particular de la economía. Es la receta del rol promotor, regulador y fiscalizador del Estado que irresponsables venden cual negocio fácil y de corto plazo.

Los candidatos -ahora los dos en pugna, como antes lo era todos sin excepción- describen un nuevo futuro para el Perú a expensas de mayores incrementos en el gasto fiscal, mayores impuestos, nuevos reglamentos, más aranceles, más educación gratuita, más controles. En puridad: más mercados libres en deterioro, menos dinero en los bolsillos de los peruanos, empresas al borde del cierre, menos oportunidades. La doctrina de la tercera vía, combinada con carajos y medias verdades ofrecidas a modo de receta mágica que lo cura todo.

Entre los vigentes competidores, aquellos que sobrevivieron a la primera vuelta, Alejandro Toledo de Perú Posible (PP y Alan García (APRA) no existen diferencias en cuanto a rol activo del Estado en asuntos económicos; ninguno afirmará, nunca, que el Estado es ajeno a la economía. Ello es ajeno a su discurso. El populismo y la demagogia son sus banderas. Enarbolan las tesis del desamparado pueblo y el padre indulgente en su deber moral con los menos poseídos y menesterosos. Se habrán preguntado, ¿porqué las necesidades de algunos son un reclamo para otros?


COMO MANIPULAN LOS SUEÑOS
En Perú Posible, el más distinguido zoquete y de menores modales entre los candidatos, a pesar de los economistas, "plantea un crecimiento del 7% anual y la duplicación del valor total actual (para el 2005) de las exportaciones totales (llegando a 14 mil millones) que se lograría por medio de una inversión anual nueva de 4500 millones de dólares generada a partir de la promoción de las exportaciones no tradicionales y el impulso de los sectores de mayor valor agregado e intensivos en empleo"

¿Dónde estaban los Premios Nobel de Economía cuando en PP descubrieron el secreto para la expansión económica, la prosperidad y el crecimiento sostenido? Acaso ensimismados en sus correlaciones, rediseñando sus ecuaciones o pendientes ante la proximidad de un nuevo proceso inflacionario en el Congo. Ignoraban que en el Perú, país exportador de cerebros, un "ilustre señor" echaba por tierra todos sus estudios sobre el progreso económico y el bienestar de los pueblos. Enviemos al candidato de PP en donde más lo necesitan, en Haití, Cuba o África. Desechemos los Premios Nobel por vanos y endilguemos al candidato de PP todos los premios habidos y por haber. Es más, proclamémoslo presidente sin más mero trámite. El Perú se lo merece, tan igual que nos merecemos ser leales y honrados. Pongamos el Perú a trabajar No hay duda que la ambición por el poder lo impregna todo. El discurso, las ideas y los hombres se alquilan, se hurtan o se combinan. Si no sirven para llegar al poder, simplemente se desechan.

En el APRA, a diferencia de lo toledistas, no hay técnicos. El único que lo dice todo es el propio García. Como en sus viejos tiempos, aunque no lo diga, detrás de esa pose de Mesías y de esa calculada mesura, está el discurso de siempre, "sólo él salvará al Perú." ¿Y quién no salvará del él? Es la oquedad del discurso el peligro. De donde se creará el dinero para la "promoción de las exportaciones no tradicionales y el impulso de los sectores de mayor valor agregado e intensivos en empleo". Intentará como su competidor del APRA que en otrora tiempos vociferaba que el Estado todavía no lograba alcanzar su tasa de saturación de la economía, seguirle sus pasos. Vislumbra el candidato de PP la somera probabilidad del progreso económico a cuenta del crecimiento económico mirando hacia adentro. Su nacionalismo obcecado ensombrece su juicio.

Insistir de nuevo con políticas expansionistas del consumo interno, estableciendo barreras a la inversión extranjera, propiciando el crecimiento hacia dentro, despreocupados por los derroteros que potencias a las naciones libre y guían el orden mundial, simplemente revela ignorancia por las cuestiones económicas. Porfiar en el progreso de un país basado en políticas sectoriales y de corto plazo dice muy poco de la formación profesional del "economista" Toledo, y de García, sólo dice que la economía le importa un bledo. Son la traza del político sediento de poder. Dictadores en potencia, de esos mortales que sólo saben cometer errores y echarles la culpa a cualquiera, menos asumirlas ellos mismos. Son como aquellos hombres que nunca se equivocan, porque no se proponen nada razonable.

En economía no cabe la posibilidad de equivocarse a expensas de un costo mínimo. Los costos se ordenan en función de la desesperanza, el desempleo y la pobreza de los individuos por políticos irresponsables. Los costos se enumeran en colas, tramites sin razón, papeleo, perdida de tiempo, coimas y leyes incomprensibles.

En otro apartado, PP postula la creación de 2 millones de empleos en 5 años. ¡Y el divino Alan es más radical al respecto¡ Ofreció, 300 mil puesto de trabajo inmediatamente al asumir la presidencia, y medio millón de puestos de trabajo cada año. ¡Brutal!

Si los egresados de las escuelas públicas, esa gran masa post secundaria, bordea las 300 mil personas, que se acumulan a los de periodo anterior que no han logrado ocuparse adecuadamente, más los actualmente desempleados o subempleados que multiplicados por 5 años superan con creces los ofrecimientos de los candidato García y Toledo, en donde quedan los cifras amañadas. Se habrá preguntado en ese estribillo "vamos a poner el Perú a trabajar" que los peruanos lo que necesitamos es trabajar menos. No por casualidad la evolución tecnológica, los usos de la informática y los profetas digitales vislumbran un futuro donde el trabajo sea cada vez menos agobiante y más placentero. "Donde las maquinas reflexionarán sobre del destino del universo" y el trabajo será rutinario. Necesitaremos trabajar en casa y por horas para resolver nuestras carencias. No cabe duda, que es un simple juego de palabras, aderezado con gruesas falacias que el candidato del "partido del pueblo" sabe, como nadie, explotar a diestra y siniestra.

A modo de conclusión, este permanente afán por adquirir poder lo convierte en un dictador más. Desde que las decisiones se tomen desde la cima de los estamentos del poder, siempre estaremos a merced de políticos (irresponsables) y sus constantes ensayos en busca de un "mundo perfecto" para los demás. Cabe preguntarse, si se habrán preguntado que la mayoría de las personas, o cualquier persona en particular, no tiene la más mínima idea de lo que eso significa. Además, quien es un candidato a la presidencia, es un todopoderoso que puede solucionar los problemas de la gente, como acaso puede leer nuestras mentes.

Ciertamente, el futuro es oscuro. Mientras estemos a merced de dictadores disfrazados de presidentes, hambrientos de poder, recordaremos con Lord Acton que "el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente"

 

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