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LOS BUROCRATAS Y SUS NECESIDADES
¡¿No tiene para el taxi?!
Con esta graciosa pregunta uno “culmina” el trámite legal ante una municipalidad en Lima, capital del Perú. Que necesita un taxi el señor representante municipal no es asunto del contribuyente, para eso se paga por los servicios que (dicen) brindan las oficinas municipales. Es un robo descarado cobrar cientos de soles por algunos tramites de supervisión o confirmaciones para luego “solicitar” el pasaje en taxi.
Un servicio brindado por el Estado se financia con los tributos e impuestos que todos pagamos, más los cobros (in-debidos) que nos endosan cada vez que debemos mirarle la cara a algún burócrata advenedizo. Las llamadas rentas propias.
Los políticos y los burócratas creen que nos hacen un favor al cumplir con sus obligaciones. Olvidan que comen el pan que nos quitan.
Y claro, nosotros los que trabajamos, invertimos y tributamos hemos olvidado que así como los pusimos, deberíamos poder retirarlos de la función, cuando no cumplen a cabalidad o se dedican a esquilmar a los ciudadanos como si de ovejas en rancho fuésemos.
En cuanto a ciertos contratos de carácter civil es incomprensible que las autoridades municipales posean un monopolio que a toda vista es oneroso para los que contratan y en nada aporta a la legalidad del contrato en si mismo. Pondré un ejemplo: cuando compramos o vendemos un terreno o propiedad inmueble, realizamos el contrato ante un notario, quien da fe pública del hecho y luego eleva la respectiva documentación al registro público correspondiente. Luego de esto, para informar a la municipalidad de la transferencia realizada uno debe acercarse a las oficinas municipales y “pagar” por solicitar el cambio de nombres y la emisión del respectivo recibo.
Aceptemos que los burócratas son tan lerdos o por lo menos desinformados que no pueden acceder a la información de los registros públicos por si mismo; solo entonces es coherente el tener, uno mismo, que ir a realizar tal diligencia, pero que cobren a uno por dejar de pagar tributos al perder la condición de propietario es por demás ridículo. Amen que la contraparte, el adquiriente, también ha de pagar para que se le emita el recibo pertinente a su nombre. ¿Acaso los sistemas informáticos no se implementaron para agilizar dichos trámites y evitar pagos innecesarios y demoras inútiles?
Pues bien, hasta aquí una parte de mi desazón ciudadana. Ciertamente el peruano está acostumbrado a ser “empapelado”, o se torna informal (opción tentadora en ocasiones) pues representa un menor costo en todos los sentidos.
Un asunto privadísimo de sentimientos ha de tener que ser ventilado en las oficinas del municipio. Cuando dos personas en su sano juicio deciden vivir juntas y contraer matrimonio, lo normal debería ser celebrar el contrato respectivo ante quien en la sociedad da fe de tales acuerdos, o sea un notario publico. El contrato deberá ser puesto en conocimiento de toda persona interesada vía publicación en los medios de comunicación, y existiendo un registro de identidad no será problema establecer si los contrayentes son o no casados (presunción incómoda, pero que requiere aclaración). No existiendo impedimentos por la situación civil de los contrayentes el contrato civil de matrimonio debería celebrarse sin demora y con el menor costo posible. Las pruebas médicas a presentarse han de ser desde luego emitidas por consultorios acreditados, pero no estatales, a menos que los contrayentes así lo deseen.
¿Por qué convertir un simple acto de voluntad amorosa en una serie de procedimientos burocráticos sin sentido? El matrimonio civil debería realizarse ante notario público, quien luego de realizado este, elevará la correspondiente documentación al registro nacional de identidad.
Los matrimonios son asuntos privados, no debe inmiscuirse el aparato estatal.
Husain Abdulhaq
Jesús Maria, 13 de Agosto de 2007
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