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CHAVEZ Y LA RIQUEZA SIN CONTROL
Husain Abdulhaq
El Mercado como proceso por el cual las personas intercambiamos lo que deseamos y requerimos en específico momento es una realidad insoslayable, y por tanto muy sensible a las intervenciones del poder estatal. Resultan siempre ilusorias e irreales las pretensiones de “normar” ex-ante las condiciones del mercado, ya que las condiciones de intercambio siempre son variables y fluyen interrumpidamente a través de las miles de elecciones que a diario realizan los individuos involucrados, sin importar su capacidad cultural, nivel social o económico, raza o credo.
Un país cuya facturación de crudo (petróleo) es bastante satisfactoria podría decirse que tiene un poder de compra muy alto, mas cuando dicho país asegura que tales ganancias son para y del pueblo, por tanto hemos de asumir que si tanta propaganda es cierta el nivel de compra de la población de dicho país debe ser muy alta. Serán innecesarios entonces controles de precios y medidas político legales para “obligar” a vender a los consumidores los productos básicos. O, quizás no sea así, y las “ganancias petroleras” no estén llegando al pueblo y por tanto, los consumidores, sumidos en la pobreza y la desesperación claman por la intervEención estatal, intervención que ya los ha empobrecido, dicho sea de paso. Pero esta nueva intervención del Estado ya no será para establecer “reglas de juego trasparentes con las transnacionales” sino para exigir a los pocos y valientes comerciantes que languidecen por los precios controlados, que sigan vendiendo a pérdida, bajo amenaza de ser expropiados e incluso acusados penalmente.
Señor Presidente García, ¿recuerda algo de su juvenil ardor intervencionista? Allá por los ochentas usted acusaba al comerciante previsor de “acaparador” y de ser el causante de la desaparición de los productos básicos de los mercados. La realidad es muy diferente. Ante el control de precios, solo queda abastecerse con suficiente stock para afrontar las posibles pérdidas, además cuando desaparecen del mercado los productos y bienes se convierten en más solicitados. Sus precios, natural y normalmente, tenderán al alza, digan lo que digan los Congresos, Asambleas Constituyentes y demás concilios bizantinos. La realidad es una sola, las legislaciones no la cambian. Si hay escasez, creada por el Estado o una catástrofe natural, los productos requeridos subirán de precio, pero en lugar de abrir vías de comercio internacional que estabilicen los precios, usualmente los gobiernos deciden “controlar” los precios que suben, creando zozobra en los comerciantes y los consumidores. Se provoca así el surgimiento de un mercado paralelo e ilegal, pero legítimo y justo.
El señor Chávez, esta dispuesto a “prestar” millones de dólares a gobiernos que padecen de pobreza institucionalizada, pero es incapaz de elevar el nivel de vida de sus propios compatriotas, ¿como podría un estadista sensato creer en semejante modelo? ¿Cómo se atreven aún a denominarse intelectuales quienes se niegan a analizar los hechos y cifras desnudas de un modelo agotado? El modelo que Chávez pretende relanzar es el del insensato ricachon que despilfarra y anima al despilfarro a sus vecinos menos afortunados, mientras que su propia casa esta sin limpieza contable.
Señor García, no vaya a incurrir nuevamente usted en semejantes delirios, proteja esta vez mejor los intereses de quienes han votado por usted. Y no maltrate a los que no votaron por usted, respételos. NO IMITE A CHAVEZ.
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