LA EDUCACION QUE NOS CUESTA TIEMPO Y DINERO: LA ESTATAL
Martín H. Portillo C.
Se nos ha repetido tanto que la “EDUCACIÓN ESTATAL ES GRATUITA” que preferimos ignorar cuánto nos cuesta en tiempo y dinero mal invertido. El tiempo perdido de nuestros escolares. La mayoría luego de 12 años de “educación gratuita” no puede leer ni entender lo que lee, ni realizar cálculos promedio. La mala inversión está en los impuestos pagados destinados a la educación y en los aportes de los padres de familia para solventar el año lectivo de sus hijos. Con resultados así, la inversión demuestra ser una pérdida.
El sistema escolar estatal uniformiza, no desarrolla ni innova ante la realidad cambiante y diversa que rodea el quehacer educativo. ¿Cómo podemos salir de ese atolladero?
El docente: obstáculo y trampolín
Los profesores, personas que con interés en transmitir los valores y conocimientos heredados y en construcción se han impuesto la tarea de educar, han sido víctimas de la politización.
Los prejuicios
Desde la formación técnico-profesional que reciben en las Universidades (estatales en su mayoría) se les inculca idearios totalmente desfasados para comprender y enfrentar los retos de la sociedad actual. Estudian con idearios de Marx, la teoría de la plusvalía, de la lucha y explotación de clases. Con semejante base “académica” les entregamos luego la función de “educar para la paz”. Se ha pasado por alto el alto costo que los paradigmas y preconceptos (prejuicios) inculcados y asumidos en la formación universitaria y de institutos inclusive, tiene en la actitud del docente.
Hoy, se intenta promover supervisiones y controles de calidad en la educación estatal, pero el docente estatal, considera eso un atentado contra el “derecho a la educación”. Y tiene toda la razón al verlo así, pues así lo han educado. Exige además “estabilidad laboral” sin tomar en cuenta si la calidad del profesional amerita o no dicha estabilidad. Se niega (así se lo inculcaron) a pasar por “evaluaciones” pues las considera herramientas de manipulación política. Cierta razón le asiste, muchos de ellos ingresaron por favores políticos.
En suma, la actitud de algunos docentes, es un obstáculo para modernizar la educación. Su actitud ante los cambios y retos de hoy es de total negación. Teme o se opone a la globalización. Se aferra a modelos estatistas que han fracasado. Explica la mayor parte de los fracasos educativos del sector estatal (salvo honrosas excepciones), como parte de una maquiavélica conspiración internacional para hundir en la ignorancia al “pueblo”.
Las opciones
Sin embargo, ese mismo docente trabaja en una institución particular y cobra por clase dictada, acumula evaluaciones para mejorar su propio perfil para la próxima postulación. No exige estabilidad alguna, pues correría el riesgo de ser despedido ipso facto. Es consciente de las reglas de juego y las respeta, no las desalienta. Incluso algunos docentes se han asociado y creado academias, institutos superiores y colegios de diverso nivel y modalidad. Ellos mismos han generado sus puestos de trabajo y compiten entre instituciones por captar más alumnos. Se actualizan y capacitan, invierten en su auto formación.
Han descubierto las herramientas del mercado y las están utilizando con habilidad, pero temen que se las emplee para resolver el problema de la educación estatal. Aún no asumen que la “realidad” es lo que están haciendo, no lo que les contaron cuando eran jóvenes con ilusiones de cambiar el mundo. Hoy están cambiando “su mundo”. Los arenales y cerros están llenos de escuelas y nidos privados. Apuestan por el mercado, y ganan, pues han creado empleo, captado clientes y elevado el nivel educativo de sus comunidades. Esa es la “revolución sigilosa” que realizan.
Ciertamente no toda la población escolar se halla en las escuelas, la deserción y el ausentismo son evidentes, pero los empresarios de la educación han hallado formas privadas de paliar el descuido estatal y atender dichas demandas.
La alternativa
Los docentes son un trampolín al progreso. Lo demuestran compitiendo, haciéndose un lugar entre las preferencias de sus clientes. Apostando por la educación privada.
La educación privada no necesariamente es un “fabrica” de alumnos, eso depende de la libertad de innovación que se tenga en la sociedad. Los docentes y especialistas en educación, así como los inversionistas saben que a mayores controles y barreras de acceso al sector educativo, menores serán los incentivos para crear o poner en práctica planteamientos diversos en las instituciones educativas.
Es necesario disminuir las barreras para crear y poner en funcionamiento instituciones educativas. Los padres de familia pueden establecer un sistema de supervisión de calidad, ellos son los clientes. Un control de calidad lejos de la manipulación política. La libertad educativa es la alternativa al marasmo en el sector.
Para innovar en educación se debe reconocer el pleno de derecho de propiedad sobre las instituciones educativas, la propiedad privada plena. Así se establecerían modelos educativos diversos y en competencia unos con otros para satisfacer las demandas educativas. Se ha avanzado algo, pero se puede hacer más. La competencia eleva los estándares de calidad y eso es una urgencia en el sector educación.
La educación de los niños y jóvenes es asunto tan delicado, que dejárselo a los políticos y tecnócratas dependientes de los políticos es en realidad temerario y ha demostrado ser contraproducente.
Jesús Maria, 12 de febrero de 2008
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