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Martín Portillo

   

HOMOLOGACION SIN EVALUACIÓN

Nuevamente los métodos de presión y chantaje han logrado su efecto. Los docentes universitarios han exigido que se les pague más y se les aceptó la exigencia luego de protestas, interrupción del tránsito y atropellos a los comerciantes y transeúntes de las vías por las que se les ocurrió manifestar su anhelo de obtener más dividendos.

Esa falta de actitud civilizada es más que un elemento a tener en cuenta ante su “capacidad” para ejercer la docencia. Un docente capaz de transmitir con eficiencia conocimientos y promover valores civilizados rápidamente es absorbido por las empresas privadas de educación superior, pero si rehúsan competir y se alojan bajo la sombra del Estado las cosas cambian. Sus ganancias (sueldos) ya no estarán determinadas por su capacidad en el cumplimiento de su labor, sino por la capacidad que poseen para alterar el orden público y generar temor entre los políticos, quienes rápidamente abrirán la bolsa ajena (dinero de los contribuyentes) para terminar con el barullo. Un docente ha de comprender que su labor no es diferente de la de cualquier otro trabajador que brinda algún servicio y es el consumidor quien debe premiarlo, contratándolo y pagándole aquello que entre ambos han de establecer como apropiado. Pero aquí solo se habla de elevar salarios vía la fuerza y la amenaza, no se ha dicho una sola letra acerca de la capacidad real que tienen estos “animadores culturales” de la violencia y el estropicio para competir.

Si son capaces, ¿por qué temen que las autoridades los evalúen?. Ante tanto universitario despistado que solo grita en lugar de dedicarse a pensar y reflexionar, ¿podemos acaso afirmar que estas hordas de catedráticos son eficientes en educar a los futuros profesionales?. Si señor, son muy eficientes en transferir procedimientos de presión: marchas, huelgas, tomas de local, etc. Es decir, las universidades aun sin Sendero Luminoso son aun nidos de adoctrinamiento subversivo.

Si los respetables catedráticos (pues aun deben existir algunos) tuviesen la decencia de exigir requisitos de evaluación constante para mantenerse en sus plazas, se podría hablar de mejoras saláriales en función de sus logros. Pero lo único que logran es promover el desorden, la anomia y la falta de criterio.

Un catedrático de universidad estatal ha de tener en cuenta que su labor es doblemente esforzada y meritoria, pero todo esfuerzo requiere de condiciones previas. Si uno generosa y solidariamente desea enseñar en una universidad estatal debe antes tener los recursos suficientes para hacerlo. La carrera magisterial estatal ha de ser un mérito a alcanzar, no un botín para famélicos. Nuestras universidades están lamentablemente en manos de personas cuyas ideologías y creencias provienen del siglo XIX, aun ni se han enterado de la revolución marginalista en economía, ni de los mecanismos de interacción social en contextos abiertos. Pero con tales dinosaurios hambrientos pretendemos mejorar la educación de los jóvenes de menores recursos. Tal y como van las cosas solo estamos entorpeciendo el desarrollo de los estudiantes sinceros de menores recursos y además lo financiamos. Abimael Guzmán trabajaba para el Estado y sus alumnos, luego cabecillas terroristas, obtuvieron sus títulos en nuestras universidades, digo nuestras pues son pagadas con nuestros impuestos. El suicidio evidente de la sociedad, y aquí no hay barreras para impedirlo. El señor presidente acaba de demostrar que el pánico es el arma triunfadora.

Hagamos una cruzada por las mejoras saláriales de los catedráticos honestos, cumplidos, eficientes y despidamos a todo advenedizo incapaz que pretende usufructuar un puesto amenazándonos con gritos y bombas molotov. El catedrático capaz merece un aplauso, el otro debe ceder su lugar en silencio y buscar en que puede ser útil a sus conciudadanos.

 

MARTÍN PORTILLO CONTRERAS
Lic. en Educación - Universidad Mayor de San Marcos

 

   

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