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Martín Portillo

   

LA PAZ ISRAELI

Cuando un ataque injustificado se realiza, asumimos que existe la lesión de algún derecho, y es justa y legitima la defensa. Pero esta ha de ser proporcional al ataque u ofensa recibidos.

Cuando mi padre insulta a su vecino resulta ilógico que aquel pretenda castigar a los nietos o a mí, como hijo del agresor. Sin embargo algo tan evidente se trastoca cuando el poder otorga impunidad. Cuando la “democracia” asume que el quedarse en silencio es lo mejor. Entonces y solo entonces las tiranías tienen toda la justificación moral para actuar a su antojo.

En estos días presenciamos con alarmante quietud la reacción asesina de una entidad que invadió territorios sin justificación alguna. Israel ha decidido que los libaneses son seres prescindibles, debido a que en su suelo se hallan los secuestradores de dos de sus soldados. El que el Hizbullah haya decidido atacar a Israel es un acto que a todas luces ponía en riesgo (cosa usual en la zona) a los implicados, pero ¿qué culpa tienen de ello los demás libaneses? ¿Qué responsabilidad puede asumir el gobierno libanés ante una medida totalmente ajena?

Esto me recuerda la criticada y hasta desdeñada (desde Occidente) reacción que tuvieron los musulmanes respecto de la responsabilidad que debía asumir el gobierno danés por ciertas caricaturas que se publicaron en un diario privado. Allí fue claro el asunto, la responsabilidad debía recaer sobre el caricaturista y nadie más. Ese gobierno civilizadamente rechazó ser culpado y no presentó excusa alguna.

Ahora vemos que un gobierno, y no una masa enardecida, ha decidido bombardear poblaciones civiles, matar niños y dañar la infraestructura de un pueblo amante de su libertad, tan solo porque dicho Estado cree que en ese país habitan y se entrenan los culpables. Se castiga no al culpable sino a los “vecinos” del culpable.

Si nuestra civilización cristiana, laica, occidental en última expresión, se precia de algo, es que hemos dejado atrás la idea de vendetta, ya no castigamos a un pueblo entero por un crimen personal, buscamos al culpable y sobre él hacemos recaer el peso de la Ley, ¿qué ha colocado a Israel por encima de las normas que nos rigen?
Acaso, pretenden obligar a los demás a reaccionar en igual desaforada medida para luego salir a gritar a los cuatro vientos que son ¡“inocentes victimas”!

La guerra acompaña solo a los espíritus ambiciosos que sin capacidad para razonar se ven obligados a recurrir a la fuerza de la razón, en lugar de emplear la fuerza de la razón. Solo los delincuentes toman lo ajeno a la fuerza y están condenados a repetir tal comportamiento para defender su ilícita apropiación.

Me pregunto cuál habría sido la reacción de las “democracias”, del Grupo de los Ocho, de la Unión Europea y de EE.UU. de haber Siria atacado  Israel. ¿Tendrían los sirios 5 días actuando a su antojo en tierras ajenas? Imagino que el mismo primer día la moral occidental y su generosidad habrían interpuesto sus mejores (no buenos) oficios para “impedir” la masacre, pero no es Siria quien agrede.

La guerra no es la solución al secuestro de soldados. Israel no está atacando al Líbano, está colocando al mundo entero en una situación demasiado frágil para pasar por alto su política agresora. La libertad y la moralidad de las democracias están en este momento en juego, si apoyamos un defensa tan absurda seremos cómplices, si permanecemos en silencio seremos sus escuderos, solo cabe una honorable, aunque quizás, vana protesta, en nombre del Derecho a la Libertad y la Vida, tan igual para israelíes como para libaneses. Los culpables de crímenes deben ser perseguidos y sancionados, no los inocentes. Los israelíes olvidan lo que hizo Herodes cuando busco a Jesús infante, ¿los cristianos lo habrán olvidado también?

HUSAIN ABDULHAQ
Jesús Maria, 15 de julio del 2006

   

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