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Martín Portillo

   

El  mundial y las cuotas de participación

¡Empezó el Mundial de Fútbol!
Todos dispuestos a disfrutar del espectáculo de la sana competencia, competencia reglamentada y nada  salvaje. Y claro, todos esperando que uno de los dos equipos gane.

Me preguntaba qué de inmoral tiene competir, respetando ciertas reglas que permiten justamente el desarrollo del juego mismo. Y me asaltó un pensamiento, no hay cuotas de participación para mujeres, jóvenes, minusválidos, minorías étnicas, sexuales, etc. Y lo peor ¡nadie en su sano juicio lo ha reclamado! Como si el fútbol no fuese actividad humana de gran impacto social, mayor quizás que cierto Congreso. Vemos que ad portas del Mundial las ventas de televisores y demás artículos relacionados se incrementaron, en cambio hasta hoy ninguna norma del Parlamento ha logrado semejante beneficio. Volviendo a mi duda. ¿Los derechos humanos de los cojitos no son vulnerados al impedirles participar en el equipo nacional de su país? ¿Y las mujeres futbolistas? ¿Y las comunidades amazónicas, nativas, negras, blancas, esquimales? Ninguno de ellos está en ningún equipo del mundial.

¿Acaso los países más civilizados que pretenden vendernos la idea de cuotas de participación en política, empresa, y demás, han obviado el deporte por ser menos importante o baladí? O tal vez, ¿proponer semejante tontería haría demasiado obvia la estupidez inherente?

Todos asisten con fervor casi religioso a presenciar el Mundial, caen en extática contemplación al notar como el balón ingresa en el arco. Es todo un orgasmo público. Desafiar tan sagrado sentimiento podría causar más de un destrozo y atropello.

Sin embargo, como la sensibilidad no esta tan ligada a otros quehaceres de la vida pública, e incluso privada, se pretende propagar la idea de las cuotas de participación, en aras de “equilibrar” las desigualdades existentes en el mundo.

Por ello, se pretendió y logró establecer cuotas de participación femenina en los partidos políticos peruanos, ¿y los transexuales que? Seguramente no son humanos, ni tienen derechos.

En una sociedad que ha de regirse por la Ley, ésta solo debe evitar el uso de la fuerza para el logro de objetivos particulares o grupales. El ser mestizo, invidente, hombre, analfabeto, etc., no es una situación de inferioridad per se. Es simplemente la situación particular que un individuo tiene.

El juego del mercado le permitirá ubicar sus capacidades en el nicho más apropiado para poder participar en conjunto y obtener los beneficios correspondientes a su esfuerzo. Volviendo al ejemplo de los equipos de fútbol, todos no son delanteros, ni guardametas. Y ello no es impedimento para un trabajo coordinado en el campo de juego. La competencia establece la necesidad de sacar lo mejor de cada uno y trabajar coordinadamente para obtener el triunfo final. Además, quien ha descubierto que juega mejor de volante no pretenderá ser arquero. Así pues, ningún sindicato de jugadores que se respete pediría que las cuotas de participación sean parte importante en la conformación de los equipos de fútbol. Al parecer los peloteros tienen más sentido común que aquellos “intelectuales” que desde sus asientos gimen enfervorizados al ver como el juego de la competencia determina sus emociones. Y además aplauden al ganador, nadie habla de resarcir al “perdedor”. El que gana y el que pierde en sana competencia reconoce el mérito ajeno y propio y dignamente acepta la supremacía del más hábil. Similar a un partido de fútbol es el libre juego del mercado, libre de imposiciones, pero regulado en sí mismo por las reglas de la competencia.

Para: www.acrata.org
Husain Abdulhaq
Jesús Maria, 9 Jun. 06

   

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