headatocsa

 


acrata.org Web

Paul Laurent  Editor

Husain Abdulhaq

Nelvar Carreteros

Luis Chamochumbi

César Girón

Jorge Hernández

Fabio León

Publicación digital en
pro de la libertad

Usted puede extraer
de esta revista lo que
desee.

La referencia que se
tenga a bien hacer con respecto a nuestra publicación es parte
de la moral y de
la buena educación,
no del derecho.

Creemos en la libre y
gratuita circulación
de las ideas.

¡Si a los derechos de
autor, no a los copyrights!

 
   

Juan José Garrido Koechlin jjgarrido@institutoaccion.com

   

Los costos de la desorientación

Por estar haciendo lo que no debe de hacer, el estado peruano deja de hacer lo que debe de hacer. ¿Proposición simple? Afirmativamente. Y empero no cabe duda que ese es el principal problema que enfrentan hoy los peruanos para mejorar su calidad de vida, y –de paso- es el problema que seguiremos enfrentando, ya que nues-tros actuales gobernantes están –literalmente- en otra.

El mercado no intervenido es el único espacio donde los individuos podrán transar beneficiándose ambos en la transacción realizada; la intervención del estado solo puede beneficiar a uno en perjuicio del otro. Por ello, quienes creemos en la libertad individual creemos que el estado debe cumplir tres roles fundamentales: la de-fensa de la nación del uso de la fuerza por parte de ter-ceras naciones, la defensa y el orden interno, y la admi-nistración de justicia.

Empero, incluso quienes crean que el estado debe parti-cipar en otros campos, protegiendo industrias o subsi-diando a productores, deben por lo menos aceptar que estas tres funciones son primordiales, y que por lo tanto –en todo caso- de ser necesario priorizar las diferentes atribuciones del estado, éstas deben ser las primeras. ¿Cómo el estado podría subsidiar a agricultores si no defiende la vida de algunas personas primero?

Y la realidad, siempre cruel, nos demuestra entonces lo contrario. Los ejemplos de la intervención del estado en la economía, sobran y bastan; los de las personas muer-tas en escenas donde el estado brilla por su ausencia, igualmente. O el estado está mal, o la sociedad se debe replantear qué figura de estado desea para alcanzar la paz y el orden social.

Jugar a la banca de fomento, al regulador de mercados, y a tantas otras posiciones inoportunas e innecesarias le ha permitido al hampa campear alegremente. La seguridad de los individuos y de las empresas hoy es tan ri-gurosa como los delincuentes anhelan que sea: nula. La vida se ha convertido, así, en un lujo: es escasa y onerosa.

La decisión no puede seguir en manos de los mismos que medran hace tantos años de esta realidad. Para ellos -la clase política- los objetivos son puntuales: man-tenerse mientras puedan en el poder. Y para eso requie-ren del estado, para poder comprar conciencias y necesidades.

La vida no puede ser segunda en las prioridades del es-tado; para eso, ahorrémonos a esta burocracia inmunda y subastemos a empresas privadas dichas funciones, tal cual proponen Friedman (David), Rothbard, Block, Hoppe y tantos otros librepensadores.
04/05/2007

Ver otros colaboradores

arriba

Contacto

info@acrata.org