headatocsa

 


acrata.org Web

Paul Laurent  Editor

Husain Abdulhaq

Nelvar Carreteros

Luis Chamochumbi

César Girón

Jorge Hernández

Fabio León

Publicación digital en
pro de la libertad

Usted puede extraer
de esta revista lo que
desee.

La referencia que se
tenga a bien hacer con respecto a nuestra publicación es parte
de la moral y de
la buena educación,
no del derecho.

Creemos en la libre y
gratuita circulación
de las ideas.

¡Si a los derechos de
autor, no a los copyrights!

 
   

¿Es democrática la imposición de cuotas de participación?

ROBERTO NÚÑEZ OTÁROLA



La base fundamental para que una sociedad esté cohesionada y cuente con un norte definido radica fundamentalmente en la lucidez de sus gobernantes y, en general, de su clase política, quienes, a fin de cuentas, son los llamados a interpretarnos el diario devenir de los destinos de nuestro país. En tal sentido, y por lógica deducción, podríamos inferir que mientras más ramplona y vil sea esta casta de políticos nuestro destino seguirá estando a la deriva.

Este primer comentario me parece fundamental para poder enfocar exactamente de dónde nacen los principales problemas actuales de nuestra sociedad, y la principal conclusión a la que se llega es que éstos emanan directamente del total desconocimiento de las leyes y del sistema jurídico por parte de nuestros “patricios demócratas”.

Resulta hasta cómico el hecho de las profundas contradicciones en las que suelen caer sin tener el más mínimo reparo, y en estas líneas me referiré principalmente a las llamadas “cuotas”, las cuales, según ellos, buscan ser la expresión directa del más íntimo sentido de la democracia sin detenerse a meditar que con estas acciones más bien pisotean y tiran toneladas de barro a este concepto.

¿Podrá ser una acción demócratica tener que estar obligados a contar con personas que cumplan determinadas condiciones o características dentro de nuestra organización para que recién ahí podamos ser un grupo o partido que pueda competir en una lid electoral? El solo hecho de obligarte a algo así restringe rotundamente el ejercicio de nuestras libertades, lo que, dicho de otro modo, elimina per se el concepto de democracia y libertad de elección.
¿Porqué bajo ese concepto no se exige que al menos un jugador de cada equipo de fútbol tenga que ser negro o chino o ciego o rubio o zurdo o bilingüe o católico o proveniente del planeta Marte para que el equipo pueda participar de un campeonato? Bajo esa misma premisa bien podríamos decir que ya que hasta ahora en nuestro país sólo han gobernado presidentes hombres, para un futuro cercano será requisito indispensable que en las próximas elecciones sólo se presenten candidatas mujeres. Siguiendo con el mismo ejemplo bien podríamos sostener que ya que gobernó ahora un presidente del partido A pues en este periodo le toca gobernar al partido B y posteriormente al del C, con lo cual, preguntamos, ¿qué sentido tendría entonces convocar a elecciones?; ¿qué lugar ocuparía la democracia dentro de este esquema?

Resulta irónico tratar de sostener que la fortaleza de una persona radique en sus características personales (las cuales en estos casos son explotadas mediáticamente dando a entender que por el simple hecho de tenerlas uno es –o debería ser- sujeto de privilegios) más que en sus propias habilidades, y lo que es peor, que bajo estos esquemas se sustente, por ejemplo, nuestro sistema de partidos políticos.

¿Es condición suficiente el hecho de ser mujer para exigir una cuota de participación del 30% en las listas partidarias? ¿Qué sucedería si existiese una opción política conformada únicamente por mujeres? ¿Estaría censurada también?

Bajo este principio nos preguntamos ¿por qué no se exigió una participación también del 30% para los vegetarianos, o un espacio para los artesanos o los iletrados o los provincianos o, en último caso, por qué no se exigió que los hijos de inmigrantes kurdos nacidos un mes de verano de un día impar en un distrito costero que tenga al menos dos vocales y que gusten del ceviche picante tengan como mínimo una participación del 20% dentro de todas las listas congresales? Así resulte un poco cómico este ejemplo, simplemente trata de graficar el grado de perversión y distorsión al que se puede llegar si es que se pretende, por un mecanismo artificial, limitar o distorsionar los alcances naturales que la libre elección nos puede brindar.

Una de las principales conclusiones a las que siempre terminamos por llegar cada vez que analizamos estas circunstancias nos indica que mientras más límites y controles se intenten imponer a las personas más distorsiones se crearán en sus interacciones. Entendemos que las únicas limitantes que deberían existir para una adecuada convivencia en sociedad no deberían ser otras más allá de aquellas que nos impiden irrumpir en la integridad física y moral de nuestros compatriotas (o personas en general), dejando toda interacción humana al libre desempeño entre cada uno de nosotros.
Si buscamos profundizar aún más este análisis veremos que las referida conclusiones son absolutamente valederas para cualquier tema en el que una ley, disposición o cualquier otro mecanismo pretendan violar las condiciones normales del mercado.

Uno de los ejemplos más didácticos de despropósito e intromisión que tenemos es aquel que conocemos como “salario mínimo vital”, el cual si bien es cierto puede perseguir un fin altruista, lo que en realidad logra es sumirnos en la más profunda de las miserias e injusticias. ¿En qué sustentamos esta afirmación? Pues en los resultados palpables. Lo que logra en la práctica es simplemente mayor desempleo y salarios reales por debajo de este artilugio legal (determinado mediante mecanismos artificiales). Y la explicación es muy sencilla, si consideramos que por ley un sueldo tiene que ser una cifra mínima, ¿cómo entonces podríamos asegurar que una pequeña empresa con cuatro trabajadores pueda garantizar dichos salarios si en la mayoría de los casos éstas apenas subsisten? ¿Acaso ésta no se vería, dentro de un escenario negativo, inclusive obligada a tener que prescindir de uno de ellos para asegurar a los otros tres dicho nivel salarial exigido (y de paso cumplir con la exigencia de la ley)? ¿Acaso éste no es un ejemplo directo de desempleo? ¿Imaginamos el efecto multiplicador que causará esta distorsión en el nivel de salarios en el total de nuestra economía?. Lección número uno en economía: “La economía no se maneja por ley”.

Aquí la labor del estado debería estar limitada únicamente a administrar justicia evitando que un exceso de alguien recaiga y vulnere los derechos de los demás. Más allá de eso, el estado no debería tener atribuciones adicionales, porque, como lo acabamos de demostrar, sólo crea distorsiones, las que, sin lugar a dudas, terminarán pasándonos la factura a nosotros, los ciudadanos comunes y corrientes. Lección número dos en economía: “El pleno respeto a las actividades privadas debe estar absolutamente garantizado”.

¿Cuál es entonces la solución? Pues simplemente un estado neutral y alejado de toda intervención en la economía, el cual nos dé la libertad de poder interactuar entre todos nosotros con real libertad, sólo así podremos dar un real paso hacia la revolución liberal que estamos buscando, la cual, indudablemente, será el verdadero motor de impulso hacia el camino de la prosperidad y el desarrollo que tanto buscamos. Lección número tres en economía: ”Vive y deja vivir” (lo que equivale a decir que no intervengas donde no te llaman porque simplemente creas conflicto).

   

Ver otros colaboradores

 

Contacto

info@acrata.org

arriba