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¿Liberalismo empírico?
ROBERTO NÚÑEZ OTÁROLA
Es completamente paradójico ver cómo la política en nuestro país, principalmente reflejada en la última campaña electoral, da pasos agigantados en relación a la recuperación de las ideas liberales como verdaderos estandartes y pilares de la organicidad de nuestro sistema social y económico. Obvio es pensar que jamás lo dirán de manera directa, y más bien, por el contrario, proscribirán abiertamente toda “iniciativa” que conduzca al verdadero uso de nuestras libertades, desestimando ciertos conceptos e ideas tildándolas de “neo liberales” o “excluyentes” sin quizá detenerse a pensar que la historia va reorientando sus destinos hacia esos postulados.
Palmariamente, en el Perú de nuestros días la palabra “empresario” o “empresarialidad” es poco menos que una invocación directa al mismo demonio, el cual sólo traerá más miseria y ahondará las diferencias entre los ricos y pobres, siendo que para luchar contra ello precisamente están los políticos, los que, se entiende, con su amplia sapiencia y siempre bien entendidos dotes de super héroes estarán allí para protegernos.
Es ahí donde se produce la primera paradoja. Nadie (salvo el trasnochado señor Humala) enarbola la bandera de la estatización o nacionalización; es más, el APRA revolucionaria y contestataria desde tiempos inmemorables ahora desarrolla planes de concesión de proyectos de agua y acerca sus ideas hacia la competencia abierta y directa.
Nos preguntamos, ¿qué mayor castigo puede haber sufrido la reciclada izquierda representada en los Diez Canseco, Villarán, Moreno y demás ejemplares de nuestra fauna electoral? Basta sólo recordar que ninguno de ellos llegó a superar la valla electoral, debiendo señalar que incluso en muchas de sus intervenciones públicas ya diseñaban ciertos discursos bastante cercanos a la economía de mercado.
Por ejemplo, nos gustaría saber si alguno de estos personajes se atrevería a ir al Cono Norte de nuestra capital y comenzar a desarrollar algunos de sus postulados básicos que, traídos a nuestros tiempos, implicarían ideas como la socialización del Mega Plaza, la nacionalización de los institutos de inglés, la transferencia a la administración municipal de los colegios privados, el cambio de propietarios de las clínicas privadas o la socialización de las escuelas de cocina que se han abierto por ahí.
La respuesta nos parece clara y contundente, simplemente el rechazo popular sería inagotable y las quejas serían por cierto muy sonoras. Entendiendo como sustento principal para esta afirmación el hecho de poder evidenciar que la gente, al ir conociendo los beneficios producidos por la competencia y la capitalización personal en contraposición a las ideas de planificación central, ha ido adentrando este nuevo modelo como su modo de vida y como su única fuente de salida de la pobreza. Hechos que de por cierto saltan a la vista.
Ponemos este ejemplo porque el Cono Norte de Lima se ha logrado desarrollar mediante los principios básicos de la competencia y la empresarialidad, dado que su desarrollo está directamente relacionado a la iniciativa
privada y porque, pese a las trabas burocráticas que se les impone (licencias municipales, papeleos, tributos engorrosos, etc.), han sabido salir adelante y han competido de manera frontal y directa.
Es en este contexto que cabría preguntarnos: ¿acaso alguno de nosotros ha oído que un vendedor de cerámicos se haya quejado por la alta competencia que tiene al costado? Basta recorrer la Panamericana Norte a la altura de la Avenida Habich para ver la cantidad de oferta que hay sólo en este rubro. ¿Alguno de nosotros ha escuchado el reclamo de un vendedor exigiendo la presencia del estado para que regule precios? ¿Podríamos imaginar la distorsión que causaría el hecho que el estado entre a competir poniendo un puesto con precios subsidiados?
Este ejemplo busca graficar de manera sencilla y en escala pequeña lo que es la economía en zonas donde funciona acertadamente la competencia directa. Imaginemos pues lo que sería nuestro país llevando a lo macro este ejemplo y teniendo como sustento un sistema tributario simple, pequeño y directo.
Es claro pensar que el gobierno actualmente elegido tiene sólo un camino para poder iniciar el verdadero desarrollo del país y éste es elegir la libertad y la libre competencia como únicos mecanismos de una correcta asignación de recursos y fuerzas productivas. Creemos que es el momento justo para poder comenzar a desarrollar reformas directamente liberales y no intervencionistas que tengan como único objetivo el lograr el real concurso de ofertantes y demandantes que tendrá como lógico resultado una actividad comercial más amplia y por tanto no excluyente.
Creemos pues, que aunque sin proponérselo, la gente común y corriente ha iniciado los primeros pasos hacia una verdadera economía de mercado, que lejos de excluir incluye, que lejos de crear dependencia crea libertad, que lejos de traer miseria crea prosperidad.
Asistimos a un momento en el cual es tarea fundamental de todo aquel que se hace llamar liberal el hecho de hacer llegar las bases teóricas a las mayorías para que puedan sostener ideológicamente algo que en la práctica ya les ha dado y les sigue dando grandes resultados.
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