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Pastas, pepas y otros postres
ROBERTO NÚÑEZ OTÁROLA
Emblemática canción del grupo Frágil, acaso la mejor banda de rock peruana de los últimos treinta años, la cual dentro de lo enmarañado de su letra nos regala frases tan célebres y reflexivas como aquella que dice: “¿dónde quedan las cadenas que me atan al mundo y quién las tiene?”; o esta otra magistral estrofa que a la sazón reza: “mienten y roban buscando moneda para ver si hacen otro pase.......”, la cual, traída a los acontecimientos reales de estos últimos días, lamentablemente se ha convertido en la génesis de hechos que dejan el concepto del azar y se entre-mezclan buscando ser la expresión de un grito social de reivindicación.
Nos referimos, indudablemente, a los sucesos que se han venido presentando en estas últimas semanas en Cajamarca, los cuales, para variar, tienen como principales responsables del levantamiento del pueblo a una ONG de bases izquierdosas que hacen suyo los reclamos sin siquiera ser ellos mismos los voceros encargados por los pobladores para negociar sus requerimientos.
Resulta cuasi increíble que un sacerdote utilice su iglesia y, peor aún, sus sermones en las misas, para hacer apología, no del derecho ciudadano ni del respeto que tanto empresas como personas se merecen, sino más bien para enfrentarlos unos a otros y lograr su subalterna misión encomendada, la cual busca, por encargo de sub grupos políticos venezolanos, erradicar del país las inversiones de la empresa Newmont, a la cual le han declarado una guerra frontal y sin cuartel, sin saberse, al menos hasta el momento, las razones de tanta ira.
Para poder efectuar un análisis exhaustivo de estos últimos sucesos me parece oportuno poder repasar ciertos principios básicos que todos deberíamos manejar a la perfección, los cuales están relacionados a la economía, el derecho y las responsabilidades de cada uno de los actores dentro de una sociedad.
En primer lugar debemos partir diciendo que la actividad minera, al igual que muchas otras actividades del país, se encuentra regulada dentro de un marco tributario, pagando impuestos tal cual lo hace cualquier otra compañía.
Si bien es cierto posee contratos de estabilidad tributaria, debemos recordar que éstos han sido dados en épocas difíciles por las que atravesó nuestro país y se necesitaban cierta clase de prerrogativas para invertir en ciertas actividades.
Entendemos que la actividad minera es una actividad intensiva tanto en mano de obra como en el uso de recursos hídricos, por tanto deberíamos considerar como parte de sus responsabilidades el hecho de un tratamiento adecuado de las aguas garantizando su no contaminación, pero ir más allá de ello nos parece un despropósito inmenso y un desconocimiento de las leyes en todos sus sentidos.
Aquí quisiera ocuparme un poco de este famoso concepto que está de moda y es utilizado por tirios y troyanos sin saber realmente de qué se está hablando. Me refiero a la tan mentada “responsabilidad social”, la cual busca, en resumidas cuentas, trasladarle las responsabilidades del Estado a la empresa privada.
Señores, ¿qué tiene que ver una empresa con el nivel de desarrollo o no de una comunidad?, ¿por qué trasladarle a la empresa privada temas que son de entera responsabilidad de los gobiernos locales y regionales? La respuesta es de fácil ensayo. La ausencia del Estado en muchas regiones hace ver como ente paternalista a las empresas que operan por dichas zonas, por tanto los pobladores buscan trasladarles las responsabilidades propias que generalmente se les demanda a los gobernantes.
Las responsabilidades empresariales directas están relacionadas estrictamente con garantizarles a sus accionistas un retorno por su capital, a terceras empresas por garantizarles la devolución por los préstamos obtenidos, al Estado por garantizarles el pago de sus tributos y a las comunidades por garantizar el no desequilibrio de su hábitat, pero más allá de eso ¿qué? ¿Por qué debería existir otro tipo de responsabilidad? ¿Por qué las empresas privadas tienen que ser responsables del desarrollo o no de las zonas donde operan? ¿Por qué tendrían que tributar más de lo legalmente establecido? Si esto se da, pregunto, ¿cuál pasaría entonces a ser el rol de los gobernantes de turno?
Si con tanto desparpajo se reclama mayor participación sobre las ganancias “extras” de las empresas mineras, entonces también deberían hacerse responsables de posibles pérdidas o sobre costos que pudieran presentarse en el devenir de los años, entendiendo, por cierto, el criterio de “equidad” tan reclamado por nuestros caviares.
Muchas veces escuchamos el reclamo de los pobladores argumentando la falta de apoyo por parte de estas empresas al no contratar como parte de su personal a gente del lugar, reclamo totalmente carente de sentido dado que no existe (o no debería existir) obligación alguna que restrinja la libre contratación de recurso humano por parte de empresas privadas. En el caso puntual de Yanacocha, el 60% de su personal proviene de Cajamarca, sin contar la innumerable cantidad de empresas satélites y contratistas que dependen directamente de dicha empresa. ¿Qué será de la vida del restaurancito, de la cabina de internet, del propietario del hotelito, del pequeño bar y un sin fin de pequeños negocios que deben sus ingresos casi en su totalidad a la actividad minera que se desarrolla en la zona? ¿El cura Arana tendrá algo qué decir al respecto?
Otro tema que llama la atención sobremanera es la confusión por parte de nuestros gobernantes acerca de conceptos fundamentales y de los cuales depende el mantenimiento del estado de derecho. ¿Qué podemos entender por “sobre-ganancias”? ¿A partir de qué monto y/o porcentaje las ganancias pasan a ser denominadas “sobre-ganancias”? ¿Quién y bajo qué criterio determina que una ganancia pasa a ser excesiva y por tanto merece un nuevo marco tributario? Dicha norma, de aprobarse, sería una señal desastrosa para el estado de derecho en nuestro país, puesto que legalizaría la intromisión del Estado en actividades privadas.
Es innegable (o debería serlo), que el principio de una convivencia armónica se sigue circunscribiendo al respeto irrestricto a los valores del mercado y el respeto de la propiedad privada, principios que cada vez que abandonamos nos traen este tipo de consecuencias y agitaciones. Como bien decía Frágil, “cuando encumbrado pareces otros rebuznan y crecen”.
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