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¿QUIÉN ES EL VERDADERO REVOLUCIONARIO?

Por. Roberto Núñez Otárola

Siempre se nos ha hecho creer que los partidos de las izquierdas son aquellos que se preocupan insoslayablemente del bienestar de las clases más desposeídas que son oprimidas por el yugo del capitalista inhumano que con ojos poco menos que ensangrentados no ve en ellos más allá de unos objetos de producción cuasi robóticos sin derechos ni merecimientos.

Estos defensores de las igualdades y del “lonche gratis” usan como una de sus armas predilectas una serie de ataques hacia los liberales a quienes tilda de defensores de los pudientes y de ser acérrimos militantes de las derechas mercantilistas, lo cual, como sabemos, dista mucho siquiera de asomarse a la realidad.

En este sentido quizá quepa hacer una autocrítica por no haber podido difundir el pensamiento liberal a un espectro más amplio de la población y habernos dejado avasallar por este cúmulo de basura retrógrada que lamentablemente caló en ellos de tal manera que los hizo admitir dichos postulados como válidos.

Es bastante curioso encontrar ahora en los discursos de Alan García, Martha Hildebrandt y demás personajes de nuestra alicaída política muchas iniciativas que fueron postulados nuestros desde hace mucho tiempo atrás, los que, por diversas causas, no pudimos hacer de dominio público.

Claro está que estas iniciativas están contaminadas con la perversión del populismo y demás factores de regulación que de alguna manera u otra las condenarán a su estancamiento, pero nuestra reflexión tiene que ir un paso más allá y tratar de encontrarle una respuesta lógica al por qué de estas intromisiones si, por ejemplo, el actual presidente siempre había postulado lo contrario. Estoy plenamente convencido que el esbozo de cualquier respuesta nos demostrará contundentemente que lejos del mercado o tratando de restringirlo no se puede avanzar.

Quizá sea el momento de lanzar a la opinión pública una serie de cuestionamientos que con el ensayo de sus propias respuestas nos ayuden a demostrar quiénes son los que les han mentido de manera sistemática durante todos estos años, y que en buena cuenta son los que se encuentran en total agrado con el status quo, y quiénes son los que realmente han buscado que los privilegios y la política mercantilista sean erradicadas de nuestro inconsciente colectivo. Reflexionemos:

 

  1. ¿Quiénes son los que a lo largo de todos estos años han enarbolado la bandera de las libertades individuales y la propiedad privada como pilares fundamentales hacia el camino del desarrollo? Y, ¿Quiénes son los que mediante sindicatos y demás formas de presión mediática buscan mantener las cosas tal y como están?

  2. ¿Acaso el desmesurado número de subsidios y tributos diferenciados aplicados a lo largo de toda nuestra vida republicana (mercantilista) nos ha logrado ubicar siquiera en la senda del crecimiento? ¿Quiénes son los que han denunciado este tipo de componendas y quiénes son los que han vivido a costa de ellas?

  3. ¿Quiénes han sostenido que la única igualdad ante la ley debe estar enmarcada por nuestros mismos derechos y obligaciones más no por leyes dirigidas a ciertos grupos particulares que lo único que logran es que nos diferenciemos unos de otros no por nuestros propios méritos sino por tretas estatales?

  4. ¿Quiénes son los que siempre han tratado de explicar que no existe fundamento jurídico ni lógico ni moral en el hecho de mantener impuestos diferenciados o “especiales” privilegios? Y ¿quiénes son los que con voz altisonante exigen cada vez más “diferenciaciones” en nombre de la “justicia social”?

 

Estas cuatro pequeñas reflexiones buscan situar las ideas y propuestas en su real dimensión.

¿Acaso el discurso repetitivo del SUTEP o la CGTP o del mismo Sr. Humala no nos dejan siempre con el sabor de escuchar más de lo mismo sin llegar nunca a proponernos algo?

Entendamos entonces que las ideas de la libertad en nuestro actual contexto tienden a ser las realmente revolucionarias puesto que postulan el beneficio del esfuerzo individual por sobre el “colectivo”, así como el derecho a la propiedad privada por sobre las socialización de los medios de producción o por sobre la “propiedad colectiva”.

Citemos un ejemplo sobre el particular: ¿Qué sucedería si en un mercado de competencia perfecta (muchos compradores y muchos vendedores ofertando a precios de mercado), tal es el caso de los vendedores de mayólicas y sanitarios en el Cono Norte, el estado quisiera imponer cuotas de participación o precios controlados o restricciones al ingreso de nuevos competidores o intentase controlar las tasas de interés a las cuales acceden los comerciantes al tomar créditos bancarios?

¿Podríamos acaso imaginar el nivel de caos y descontrol que se generaría?, ¿imaginamos el nivel de corrupción que se tendría para autorizar a nuevos comerciantes o por darles el beneficio de acceder a tasas de interés, o tipo de cambio, preferenciales?

Estas consecuencias apocalípticas son las que vivimos día a día en cualquier esfera en la que el estado interviene.

¿Por qué este pequeño ejemplo tiene que ser “extraído” de la realidad?

Si este tipo de mercados funciona (basta darse una vuelta por el Cono Norte para ver su real dinamismo y funcionamiento), ¿por qué este ejemplo no podría replicarse con igual éxito al total de la actividad económica?

Su aplicación debería ser inmediata, pero lamentablemente si buscamos la verdadera “igualdad”, ésa que incluya en lugar de excluir, ésa que nos haga propietarios en lugar de errantes sin rumbo, ésa que nos haga empresarios en lugar de eternos dependientes; pues estará contraviniendo infinitos intereses creados por pequeños grupos de poder que no dejarán que se pierdan sus beneficios.

¿Entonces, la (supuesta) inaplicabilidad de los principios que postulamos es atribuible al modelo o a los grupos de poder que no quieren realmente que las cosas cambien?

¿Las izquierdas estarán dispuestas a dejar sus beneficios para entrar a competir en una esfera en la cual todos partamos desde el mismo punto y el éxito dependa del ingenio y capacidades de cada uno de nosotros y no del cómo nos apellidemos o del cuánta bulla hagamos?

¿Caridad Montes estará de acuerdo en dejar sus privilegios para ponerse realmente a trabajar?, ¿hace cuánto tiempo que no coge una tiza? ¿Hace cuánto tiempo que Mario Huamán no carga un ladrillo? ¿Acaso en la última elección la ciudadanía de La Victoria no le dio la espalda a José Luis Risco en clara alusión de su hartazgo por sus retrógradas posiciones? ¿Acaso en la última elección presidencial las propuestas de Susana Villarán y Javier Diez Canseco no sumaron entre ambas ni el 4% de la votación?

¿Qué quiere decir esto? Pues simplemente que la población está ya conociendo, aunque de manera aún incipiente, las bondades de una economía en la cual el mercado sea el correcto asignador de precios vía la información de miles de demandantes y ofertantes.

¿Porqué no dotarnos entonces de todos los medios para que podamos interactuar a libre disposición?

Señores de las izquierdas, la verdadera revolución es aquella que trae nuevas propuestas en contraposición del status quo, siendo precisamente ello lo que postulan los principios liberales, caso contrario los invito a que alguien de ustedes me desmienta.

El reto está planteado.

 


   

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