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Los hijos de la mala educación
Es obvio que los escolares chilenos están demandando aquello que sus mayores les han enseñado: Que la educación es un derecho humano y que por lo tanto es gratuita, que no cuesta. Es decir, han aprendido muy bien la lección de los gobernantes socialistas y demócratas-cristianos que a lo largo de estos 16 años les han repetido día a día (como para bruto) que ir a la escuela no tiene precio, como no tiene precio el aire que respiran.
Así pues, toda esa pataleta que amenaza radicalizarse nos indica que los alumnos sureños claman porque se les cumpla lo ofrecido por los líderes de la Concertación todos estos años. De idéntica forma como los carabineros se comportan sin misericordia frente a los desarmados civiles, los estudiantes del Mapocho actúan siguiendo las pautas dictadas por sus maestros. Si a unos y a otros los forman para comportarse como antisociales y reclamar impunidad por sus tropelías no hay derecho a queja. Aquí el problema no está en las radicales exigencias de los estudiantes, sino en los discursos de los irresponsables y demagogos que les metió en la cabeza que lo bueno de la vida corre a cuenta de los demás (del Estado).
Esa es la peor manera de preparar a los chicos para enfrentarse al mundo. El mundo no sólo de hoy, sino de siempre. Salvo que se anhele regresionar a la horda y al mazo cavernícola donde lo tuyo es mío porque sino te rompo la cresta. El primitivo esquema donde todo se supedita al grito y al porrazo. Ya es suficiente con tener un estado igualmente expoliador y delincuencial (todo lo que tiene se los debe a sus víctimas: nosotros) como para que desde sus arcas (salidas de los impuestos que todos pagamos) se financien a futuros sátrapas apetecedores de lo ajeno.
En el Ulises de James Joyce hay una frase que describe a la perfección el origen de estas vicisitudes: La mano que mueve la cuna es la que gobierna al mundo. Una maravilla. La nodriza clasista hoy convertida en ejemplo demo-liberal en la región tendrá que frenar a sus cuervos, unos cuervos que amenazan sacarle los ojos no precisamente a sus mentores, sino al resto de la sociedad chilena. Y ello porque tener colegios, transporte, alimentación e ingreso a la universidad sin ningún costo es una mentira que nos advierte que no hay ni la más mínima consciencia que lo que se les da proviene generalmente del esfuerzo de gente siempre más pobres y necesitadas que ellos.
Pero bueno, eso no les importa a los pedigüeños. Tampoco les importa enterarse que el haber casi cuadriplicado el presupuesto en educación (desde 1990 a la fecha) no ha servido de nada. Y como no les interesa el asunto demandan más inversión del gobierno en ese pozo sin fondo que es la fracasada escuela pública. Un sector que curiosamente suele tener la más abultada planilla de empleados y el más amplio despliegue de organismos de la cooperación internacional que se solazan con experimentos de todo tipo.
¿Y el resultado de todo esto? Y ahí lo tienen, cientos de miles niños y adolescentes tomando las calles y poniendo todo de cabeza en pleno centro de Santiago con el fin de que sus arengas socializantes se cumplan a como dé lugar. ¿No que poner dinero en la educación no es un gasto sino una inversión? Eso que lo diga una persona que se sacrifica individualmente para darle a sus hijos lo mejor según sus posibilidades, pero no un ejército de ponzoñosos burócratas y políticos que sólo saben medrar a costillas del erario público.
La educación es un ámbito demasiado valioso como para que el estado la tenga bajo su exclusivo dominio. En cada reforma o apuesta dizque progresista la única que pierde es la sociedad, y los que nunca dejan de ganar son los grupos de la izquierda más arcaica e incivil. Estos son los sacan provecho, el inmenso resto sólo paga sin disfrutar y acaso viviendo bajo el inminente riesgo de que aquellos que se han instruido con sus dineros le rompan las lunas de sus casas y negocios.
03/06/2006
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